Universia Knowledge Wharton. “Destituido”. El pasado 4 de abril la Corte Suprema de Bangladesh ponía fin a la agria batalla que durante semanas había atraído toda la atención mundial. El perdedor ha sido el Premio Nobel de la Paz, Muhammad Yunus, fundador en Bangladesh del banco de microcréditos Grameen Bank, que ahora ya no podrá seguir dirigiendo. Alegando que Yunus, de 70 años, seguía ilegalmente siendo el director ejecutivo del banco tras haber superado los 60 años de edad, la Corte se puso del lado del gobierno de Sheikh Hasina Wazed y del banco central. Pero al igual que ocurre con algunas subidas y bajadas en el ámbito de las microfinanzas -donde se ofrecen pequeños préstamos y otros servicios financieros a los más desfavorecidos-, detrás de esta destitución hay muchos intereses ocultos.

Según Mary Ellen Iskenderian, presidente y consejera delegada en Nueva York del banco sin ánimo de lucro Women’s World Bank (WWB), la saga Grameen han sido “destellos positivos”, esto es, eventos que a lo largo de estos años han disparado la confianza colectiva en el creciente sector de las microfinanzas globales (con activos por valor de US$60.000 millones). Una vez aclamadas por su promesa de acabar con la pobreza ofreciendo capital a millones de personas pobres y sin crédito, ahora se acusa a las instituciones microfinancieras de todo el mundo, desde Marruecos a México, de explotación, de obtención de beneficios gracias a agresivas tácticas de ventas y de cobrar tipos de interés de dos e incluso tres dígitos.

Entre los efectos más dramáticos se encuentran los suicidios que tuvieron lugar en la India el pasado otoño. En Andhra Pradesh, un Estado del sureste de la India, se suicidaban cerca de 50 personas con dificultades para devolver sus microcréditos. Precisamente en esta zona han surgido muchos microfinanciadores privados atraídos por la rentabilidad y crecimiento del sector. La tragedia ha revelado las agresivas tácticas de ventas y de recaudación de las instituciones microfinancieras y su molesta relación con los gobiernos. Según Iskenderian, los suicidios proporcionaron al gobierno de Andhra Pradesh, "que había estado buscando durante algún tiempo cómo inmiscuirse en el modo en que allí se desarrollaban las microfinanzas", el motivo perfecto para imponer una estricta regulación.

Mientras, en Bangladesh las tensiones entre Yunus y el gobierno bangladeshí seguían creciendo. La por sí misma endeble relación empeoró aún más el pasado noviembre, cuando se retransmitió un documental que cuestionaba los logros de las microfinanzas y citaba, entre otras cosas, el mal uso de las ayudas que el gobierno noruego había concedido a Grameen Bank en los 90.  Aunque en Noruega los burócratas responsables rápidamente emitieron un informe explicando que el caso había sido resuelto de forma amistosa hace mucho tiempo, el beneficio de la duda aún seguía planeando. Es entonces cuando Sheikh Hasina, que desde hace mucho tiempo mantiene una enemistad personal con Yunus, entró en escena. En febrero y a través de una conferencia de prensa acusaba a las entidades microfinancieras de ser “chupasangres de los pobres”. Desde entonces su gobierno ha puesto en marcha diversas investigaciones acerca de las actividades de Grameen Bank.

“Accidente histórico”. ¿Tiene motivos el sector de las microfinanzas para estar preocupado? En muchos sentidos el Grameen Bank no es como el resto entidades microfinancieras; tampoco Yunus se parece a sus ejecutivos. El sector posee un considerable número de carismáticos pioneros, como es el caso de Shafiqual Haque Choudhury de ASA en Bangladesh. Ela Bhatt, fundadora del sindicato SEWA (Self-Employed Wome’s Association) en la India, es una respetada líder en un sector afín. Pero son muy pocos los que pueden estar a la altura del Premio Nobel, entre cuyos amigos se puede citar a Barack Obama, Nelson Mandela y otros personajes que rápidamente han mostrado públicamente su apoyo.

En cuanto a Grameen, según Stuart Rutherford, fundador de SafeSave, una organización con ánimo de lucro que ofrece servicios financieros a los pobres de Bangladesh, su especial papel como institución financiera bajo un estatuto gubernamental es lo que denomina “un accidente histórico”. Creado tras la batalla por la independencia de Pakistán hace 40 años, Grameen Bank ha estado en la vanguardia del desarrollo del microcrédito en este país densamente poblado (147 millones de habitantes). Grameen pasó a estar supervisado por el banco central en los 80 y se le concedió un estatuto poco usual que se ha convertido en una bendición y al mismo tiempo una tortura.

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Aunque el gobierno bangladeshí tiene un porcentaje pequeño del capital de Grameen, posee tres de los doce asientos de su consejo y poder de veto en la elección de ejecutivos, su participación ha sido relativamente pasiva, reflejando su postura laissez-faire hacia las entidades microfinancieras en general. En opinión de Rutherford, que también es miembro honorario de Brooks World Poverty Institute de la Universidad de Manchester en el Reino Unido, mientras la corta y violenta historia de Bangladesh se debatía entre la democracia y la ley marcial, a los suministradores de microcréditos se les dejó solos, sin mucha interferencia por parte del gobierno o del sector empresarial, incluyendo la banca formal.

“Bangladesh adoptó rápidamente las microfinanzas por varios motivos, algunos de los cuales están relacionados con su particular situación”, señala Rutherford. “Allí el gobierno siempre ha sido débil en comparación con, por ejemplo, la India. El gobierno indio hace que las leyes -como los límites a los tipos de interés-, se cumplan de una manera mucho más efectiva que en Bangladesh. Así, los que conceden microcréditos -como Yunus-, tienen muchísima más capacidad para experimentar”.

Asif Dowla, profesor de Economía en St Mary’s College, Maryland, cree que ese ha sido un gran beneficio para las entidades de microcréditos de Bangladesh y el principal activo de Grameen. “La falta de regulación es uno de los motivos por el que las entidades de microcréditos han prosperado en Bangladesh”, explica. “El gobierno no se ha puesto en su camino”. De hecho, fue en 2006 cuando el gobierno sintió la necesidad de supervisar formalmente el sector y crear la Autoridad Reguladora de Microcrédito (MRA). Pero la carga de trabajo que esta agencia ha tenido que soportar es enorme; tan sólo ha concedido 550 licencias entre las 1.000 entidades de microcrédito bajo su esfera, señalan los expertos. Mientras, Grameen Bank está bajo el control de la MRA debido a su estatuto especial.

Con más de ocho millones de clientes, Grameen no ha hecho más que crecer. El banco ha concedido créditos por US$10.300 millones desde que en 1976 empezaba sus operaciones y tiene una tasa de recuperación de las inversiones de cerca del 97%. Ha duplicado el número de oficinas en los últimos 10 años; en la actualidad cuenta con más de 2.900 y emplea a más de 23.000 personas -incluyendo más de 13.000 agentes- que prácticamente en su totalidad con mujeres. El préstamo promedio es US$123, y el coste anual por deudor está comprendido entre los US$8 y US$13. En 2009, Grameen tenía US$1.500 millones en activos y un rendimiento del capital del 5,64%.

Tiempos resbaladizos. ¿Están pagando Yunus -y también Grameen- un elevado precio por su exitoso crecimiento? Sí, en opinión de Tayyeb Shabbir, profesor de Finanzas en la Universidad Estatal de California en Dominguez Hills y profesor afiliado de Wharton. Al igual que mucha otra gente, Shabbir cree que en su estelar carrera Yunus cometió un grave error de cálculo: meterse en 2007, aunque brevemente, en política. Aunque el partido político que creó lo disolvió rápidamente, políticos como la primera ministra Sheikh Hasina ahora consideran a Yunus como un competidor poco grato. Según Shabbir, “está claro que Yunus ha dedicado su vida a ayudar a los pobres, pero si no hubiese decidido meterse en política nada de esto le habría ocurrido. Si no le queda remedio, la primera ministra podría poner a Yunus las cosas muy difíciles. No en vano la política se considera un juego sucio”.

Ahora Grameen ha sido transferido a un camino del que va a ser muy difícil salir, señala el profesor de Derecho de Wharton, Nien-hê Hsieh. “Si la gente considera que Grameen Bank depende de la política y está sujeto a influencias políticas, podría ser un problema serio para los acreedores”, explica. “Incluso si la destitución de Yunus no respondiese a motivos políticos, simplemente la percepción de que podría ser” resulta perjudicial.

El profesor de Gestión de Wharton, Keith Weigelt, está de acuerdo en que la destitución de Yunus parece tener motivaciones políticas. También es un reflejo del “proceso de crecimiento” del sector y del tipo de retos a que se enfrentan las entidades de microcréditos. No son nuevos, pero estos retos están cambiando en intensidad, señala Weigelt señalando los recientes resultados de una investigación publicada por el Centro de Estudio de lnnovación Financiera (CSFI), un think tank sin ánimo de lucro con sede en Nueva York.

Basado en una encuesta global en la que participaron más de 500 entidades de microfinanzas, inversores y otros profesionales, el informe de CSFI titulado “Microfinance Banana Skins 2011” sostiene que “el riesgo crediticio” es la principal amenaza del sector, el mismo que se señalaba en el informe previo de 2009. Pero la “interferencia política” ha pasado del décimo al quinto puesto. Según los expertos, efectivamente la política ha jugado un papel en la reciente crisis en la India y otras partes del mundo, en especial en tiempo de elecciones. Esto incluye informes de políticos utilizando las redes de microfinanzas para ganar acceso a votantes y prometer suspensiones en la devolución de los microcréditos y otros beneficios financieros en caso de salir elegidos.

“Muchos políticos ganan con la perpetuación del circulo de la pobreza en que sus electores están atrapados”, explica Ian MacMillan, profesor de Gestión en Wharton. “Si los medios se centran exclusivamente en los escasos caso de abuso e ignoran los múltiples beneficios de las microfinanzas, estos políticos aplaudirán. Les encantaría asistir al fracaso de las microfinanzas”.

En opinión de Iskenderian, de WWB, que trabaja con una red de 39 entidades microfinancieras de todo el mundo, la interferencia política es una gran preocupación para aquellos que se dedican a las microfinanzas por diversos motivos. Entre los miembros de la red de WWB en Bangladesh existe “la sensación real de no querer destacar mucho porque el grado de penetración de las microfinanzas en Bangladesh, posiblemente más que en cualquier parte del mundo, ha sido enorme. Es posible observar la diferencia que las microfinanzas han supuesto para millones de vidas humanas en ese país, y si el gobierno estuviese preocupado porque pudiesen representar una amenaza política, o un movimiento popular que de algún modo pudiese llegar a ser un rival político, entonces los demás del sector estarían realmente preocupados”.

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Riesgo y Reputación. Pero la política no es la única amenaza creciente para las microfinanzas. Subiendo de la posición decimoséptima al segundo puesto en el informe de CFSI está el riesgo de la reputación. Según los analistas del think tank, esto “refleja directamente que las entidades de microcrédito han introducido riesgo crediticio en ellas mismas a través de sus préstamos agresivos y su deseo de crecimiento”, y ha dejado “el buen nombre de las microfinanzas bajo la sombra de la duda”.

Las entidades de microfinanzas que quieren aliviar la pobreza deben encontrar “un delicado equilibrio entre ofrecer servicios financieros a los pobres y llegar al máximo de clientes posible si los costes son bajos y las operaciones son rentables”, explica Katharine McKee, asesora senior en Consultative Group to Assit the Poor (CGAP), un centro de investigación y política independiente perteneciente al Banco Mundial. Sus entrevistas con más de 50 consejeros, consejeros delegados y directivos de entidades de microcréditos explican cómo las estructuras de gobierno están resolviendo este complejo equilibrio. “Puede ser una oportunidad y también presión para crecer rápido. En algunos casos algunas personas buscaban un crecimiento elevado en un marco temporal relativamente corto”, señala. “Aunque atractivo en el corto plazo, esto puede crear en el largo plazo retos a la hora de conceder créditos de forma responsable y servicios a los clientes”.

En opinión de Weigelt de Wharton, “las microfinanzas han demostrado ser un mercado lucrativo; los bancos comerciales con ánimo de lucro están empezando a introducirse en el negocio. Para mí no está nada claro que estemos manteniendo nuestro compromiso triple de desarrollo social, desarrollo medioambiental y rentabilidad. Sin este compromiso lo que tenemos es básicamente créditos subprime”, añade.

Grameen Bank no es ajeno a los retos que estos expertos señalan para el sector de las microfinanzas. Pongamos por ejemplo sus productos de ahorro. Desde la reforma de 2001 los clientes han abierto muchas cuentas de ahorro en la organización que, según Rutherford de SafeSave, sigue ofreciendo tipos de interés más atractivos que en cualquier otra parte; ahora los ahorros son el equivalente al 150% de la cartera de créditos de Grameen. “Desde las oficinas centrales de Grameen se presiona a los managers de las sucursales para aumentar la cantidad de préstamos concedidos, en parte para ganar suficiente… para pagar los intereses de los ahorros”, explica. “Los managers de las sucursales han reconocido delante de mí en privado que esto les hace presionar a los clientes para que pidan prestado dinero, una situación peligrosa que podría acabar con un exceso de préstamos, situación que ha provocado un gran daño a las microfinanzas indias recientemente”.

Una solución sería reducir el tipo de interés de los ahorros. Pero Grameen "comprensiblemente podría estar en contra de hacerlo, ya que la mayor parte está a largo plazo -diez años-, y estaría en cierto modo rompiendo la promesa con sus clientes”, señala Rutherford. “Pero de un modo u otro este tema debe ser resuelto antes de que acabe en un exceso de préstamos o en créditos basura, que al final se traduciría en bajas tasas de devolución”.

¿Quién es el siguiente? Ese es sólo uno de los problemas que el sucesor de Yunus debe resolver. En los días siguientes a la decisión de la Corte Suprema, aún no estaba nada claro quién sería el nuevo director ejecutivo de Grameen. Según un informe de CGAP, bajo las ordenanzas de Grameen Bank el director ejecutivo es seleccionado por un comité formado por tres a cinco miembros del consejo. El banco central también debe dar el visto bueno al candidato. El gobierno tiene una importante influencia sobre el consejo ya que nombra a su presidente y a otros dos consejeros. Los otros nueve miembros del consejo se seleccionan entre los más de tres millones de acreedores-accionistas del banco.  No obstante, estas normas de selección también pueden ser modificadas con el tiempo.

“¿Puede el gobierno nombrar a alguien de la misma talla que Yunus? No”, afirma Shabbir de Cal State. “¿Puede proponer otro director ejecutivo? Eso no debería ser difícil. Ya ha nombrado un presidente pro-gobierno”, explica refiriéndose a Muzammel Huq, ex ejecutivo de Grameen que hace poco había dejado el banco.

Con el vacío de liderazgo en Grameen surgen una serie de cuestiones. Más allá de la perspectiva de una mayor supervisión política, el debate sobre el liderazgo de Grameen también subraya el tema de la gobernabilidad, una debilidad notoria para muchas entidades de microfinanzas. “Es verdad que muchas entidades microfinancieras carecen de estructuras de Gobierno”, señala Weigelt. “Son como empresas de reciente creación. Hay un fundador, el fundador tiene cierta visión y temas de gobierno como los planes de sucesión se posponen”. En el informe de CFSI de este año la planificación de las sucesiones escalaba desde el séptimo al cuarto puesto en el ranking de amenazas en el sector de las microfinanzas.

Grameen no es la excepción. De hecho, frecuentemente Yunus ha sido criticado por la falta de candidatos a la sucesión. Efectivamente, según los expertos este es un problema con el que también tienen que lidiar muchas grandes estrellas del sector privado, incluyendo Apple y su consejero delegado Steve Jobs.

“Pero la cuestión es…. ¿Qué es Grameen sin Yunus?” pregunta Dowla de St. Mary’s. “Siempre ha dicho que quería una transición suave. Si no se resuelve de manera adecuada mucha gente se irá; estarán mejor en otra ONG”. Dowla cree que también los acreedores podrían irse.

“Ahora lo más importante es mantener la confianza de los ahorradores de Grameen ya que la cartera de ahorros financia todos los préstamos”, añade Rutherford. “Dado que los hogares pobres suelen identificar a Grameen con Yunus, esto implica encontrar el modo de mantener a Yunus como referente”. A largo plazo, dice Rutherford, “espero que Grameen mantenga su papel de liderazgo, con mejoras en sus productos similares a los excelentes cambios de Grameen Fase II realizados en 2001”. Pero tal y como el propio Yunus reconoce, los cambios nunca han sido muy suaves en el banco. “Así que espero más intentos casi fallidos”, señala.

Yunus aún debe anunciar públicamente cuáles son ahora sus planes. En gran parte podría depender de lo que el gobierno le permita hacer. El Financial Times informaba que había cancelado una conferencia de prensa prevista tras la decisión de la Corte Suprema, y no se ha hecho declaración alguna desde el banco u organizaciones relacionadas creadas por Yunus, incluyendo el Yunus Centre creado hace unos años para desarrollar empresas sociales. A principios de mayo se verán dos apelaciones presentadas por algunos de sus defensores contra esta decisión, pero los observadores no creen que vayan a llegar muy lejos.

“Lo mejor que podría ocurrir es una resolución lavado de cara para todas las partes interesadas que les permitiese afirmar que al menos nominalmente han ganado”, dice Shabbir. “Un papel honorífico para Yunus -posiblemente con cierta apariencia de poderes intrínsecos- podría cumplir este objetivo. No obstante, parece cada vez menos probable cualquier resolución que conlleve la restitución de Yunus como director ejecutivo del banco”.

Algunos observadores predicen que Yunus dedicará todas sus energías a llevar a buen puerto los proyectos de empresas sociales. En los últimos años se había apartado de las operaciones cotidianas del banco para desarrollar empresas sociales con varias multinacionales, incluidos proyectos relacionados con la salud.

Nadie sabe si el destino de Yunus será el mismo que el de las microfinanzas. “El hecho de que haya mucho mensaje sobre microfinanzas y pobreza, y el hecho de las microfinanzas ya no sean tan rentables muestra que parte de la misión ha perdido su atractivo”, sostiene Hsieh de Wharton. “Pero -y esto es lo que Yunus hacía al principio-, si el objetivo es cambiar la mentalidad de la gente, que deje de pensar que los más pobres entre los pobres no son capaces de nada más que recibir donativos y limosnas, y empiece a considerarlos capaces de tener cierto control sobre sus propias vidas, esa parte de la misión ha tenido éxito y continuará”.