Buenos Aires. La guerra de encuestas aviva la campaña electoral para los comicios presidenciales de 2015 en Argentina que, en un escenario político muy fragmentado, promete ser la más disputada de la última década, con sondeos muy ajustados entre los principales aspirantes y un baile de posibles alianzas.

Las últimas encuestas publicadas reparten el liderazgo entre los dos candidatos más fuertes, el oficialista Daniel Scioli, gobernador de la provincia de Buenos Aires, y el peronista disidente Sergio Massa, ex jefe de Gabinete de Cristina Fernández, que se disputan intermitentemente la primera posición por un estrecho margen.

Tanto Scioli como Massa, que hicieron públicas sus aspiraciones a suceder a Cristina Fernández en 2015 hace ya tiempo, han pisado el acelerador en los últimos meses y han llevado sus campañas dentro y fuera de Argentina, hasta Estados Unidos, España y Brasil.

Sobre el gobernador de Buenos Aires se apoya el sector más moderado del oficialismo, envuelto en una guerra interna entre los que abogan por el "continuismo" de las políticas kirchneristas y los que creen que sin el liderazgo de Fernández será imposible.

Esa es la opinión del gobernador de la provincia de Entre Ríos, Sergio Urribarri, que engrosa la lista de candidatos presidenciales del gubernamental Frente para la Victoria (FpV) junto al actual ministro del Interior, Florencio Randazzo, y al jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, entre otros.

En medio del debate interno, el oficialismo celebró el pasado fin de semana un plenario con el objetivo de "retener el poder" en las elecciones de 2015.

En la reunión, el secretario general de la Presidencia, Carlos Zanini, férreo defensor de las políticas kirchneristas, reclamó a los integrantes del FpV "acompañar a la presidenta en futuras luchas", remarcando la idea de que la figura de Fernández no se diluya una vez que concluya su segundo y último mandato.

En esa coyuntura, desde el kirchnerismo se ha planteado la posibilidad de que la mandataria se postule para formar parte del Parlamento de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) tras los comicios presidenciales.

"Cristina debe continuar con su liderazgo político desde el lugar que quiera, porque se lo tiene ganado", señaló recientemente Urribarri a ese respecto.

Mientras el oficialismo define sus líneas de trabajo, los pequeños partidos traban alianzas con las que intentar afectar el escenario político actual.

Es el caso de la coalición del Frente Amplio Unen (FAU), gestada hace unos días entre partidos opositores de centro-izquierda como alternativa para combatir los liderazgos de Massa y de Scioli.

Al frente de ella están el exvicepresidente argentino Julio Cobos, el exgobernador de la provincia de Santa Fe Hermes Binner y la legisladora Elisa Carrió, a quienes los sondeos sitúan por detrás del alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri, de la conservadora Propuesta Republicana (Pro).

Tanteado en un primer momento por la ahora coalición FAU, Macri ha optado por una estrategia individual, basada en presentarse ante el electorado como una alternativa "nueva y diferente", que le ha servido en los últimos meses para consolidar el tercer lugar que ocupa en las encuestas.

Para los analistas, el jefe del gobierno porteño, más allá de si su gestión es buena o mala, "tiene mucha visibilidad" y se ve beneficiado por "un tono muy mesurado" que responde a la una "demanda social por un liderazgo sereno, dialoguista, previsible y estable".

Si el oficialismo busca retener el poder reafirmando lo conseguido en la denominada "década ganada", y el alcalde de Buenos Aires inspira la idea de renovación, Massa, antiguo jefe de Gabinete de Fernández, ahonda en los asuntos fundamentales para sus potenciales electores: la inseguridad y la inflación.

El líder del Frente Renovador cuenta además a su favor con los excelentes resultados que obtuvo en los comicios legislativos del pasado octubre, cuando se impuso al kirchnerismo en el mayor distrito electoral del país, la provincia de Buenos Aires.