Las mujeres colombianas aún no tienen una verdadera representación en el poder. Años de lucha por conseguir la igualdad no han sido suficientes y los hombres siguen siendo mayoría a la hora de tomar las decisiones que afectan a todo un país.

El sistema de cuotas (Ley 45 de 2011), que exige al menos 30% de representación femenina en las candidaturas a cargos populares, mas no en mujeres electas, no terminó por dar auténticas garantías a las mujeres que aspiraban a ser gobernadoras, alcaldesas y concejales durante las pasadas elecciones. Así lo concluye una investigación realizada por la Corporación Sisma y el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo).

Durante las elecciones a alcaldías y gobernaciones para el período 2012-2015, por ejemplo, se presentaron un total de 4.437 candidatos y candidatas. De éstas, sólo 13% correspondió a mujeres y apenas una décima parte fueron elegidas.

Llama la atención que en Amazonas, Arauca, Guainía, Guaviare, Putumayo, San Andrés, Vaupés y Vichada no resultó elegida ninguna alcaldesa, mientras en La Guajira y Magdalena el porcentaje superó el 20%.

De acuerdo con el informe, este dato evidencia que al no ser obligatorio incluir un porcentaje mínimo de mujeres elegidas, lleva a que los partidos y movimientos políticos no apoyen a sus candidatas.

En otros ámbitos, como las asambleas departamentales y los concejos para el mismo período, la investigación revela unas condiciones igualmente difíciles. Si bien las candidaturas femeninas fueron superiores a 35%, las que resultaron elegidas apenas superaron el 16% de ese porcentaje.

“Pese a que es posible constatar algunos ligeros aumentos en el número de mujeres electas, estos progresos son mínimos y se han dado lentamente. En este sentido, salvo algunas excepciones, los resultados llevan a pensar que hay una subrepresentación femenina”, dice Alexandra Quintero, investigadora del informe.

Aunque las elecciones a Congreso se dieron en 2010 y, por lo tanto, no coincidieron con la implementación del sistema de cuotas (2011), la tendencia no se escapa de una evidente desigualdad: durante los últimos tres períodos legislativos en el Senado de la República la presencia de las mujeres osciló entre el 10 y 15% del total de la corporación, un número exiguo para el poder decisorio que tiene.

Varias son las causas por las cuales las mujeres no tienen garantizada su participación en el poder.

Por ejemplo, el tiempo que tuvieron los candidatos para cumplir las cuotas no fue suficiente. La entrada en vigencia de la Ley 45 de 2011 fue el 14 de julio de ese año y los plazos para inscribirse a las elecciones se vencían dos meses después.

Según varias entrevistas que hicieron los investigadores del informe a actuales senadoras, alcaldesas y demás funcionarias, la premura de los partidos para no quedarse por fuera de los comicios hizo que algunos movimientos políticos entregaran sus listas antes de la entrada en vigencia de la ley, así no se les exigiría su cumplimiento.

Otra secuela del afán fue lanzar a candidatas sin experiencia en política para cumplir con la cuota del 30%. “¿Qué hicimos? Pues buscar mujeres en todos lados, la sobrina, las amigas, las que fueran.. la idea era llenar la lista porque de eso dependía también que los hombres no dejaran de ser concejales”, dijo una de las entrevistadas para la investigación de Sisma y el PNUD, en la que se reservan las identidades de las colaboradoras. “A mí me tocó improvisar: eran las 7 de la noche del día en que se cumplía el plazo y tuve que escoger a cinco mujeres que necesitaba. La niña que era conserje aquí prestó la cédula, otra que era mi asistente, una médica , una niña que trabaja en una pizzería y otra joven que nos mandaron de relleno”, reveló otra de las entrevistadas.

Según el informe, respecto a la vigencia y la aplicación de la ley hubo diversas interpretaciones. Algunos dirigentes afirmaron que la norma había sido implementada de manera sorpresiva y que la falta de claridad respecto a su aplicación imposibilitaba su inmediato cumplimiento: “a última hora nos tocó ponernos a correr, pues pensábamos que la lista al Concejo era con tres mujeres y resulta que eran cuatro”, declaró una concejal. Otros señalaron que no hubo sorpresas, ya que con anterioridad conocían el proceso y tenían la información: “Realmente nosotros no podemos decir que nos cogieron ‘con los calzones abajo’. Teníamos la información. Lo que no teníamos claro era el porcentaje de cupos que había que dar. Con nosotros no hubo que sacar varones para meter mujeres, porque el partido tiene establecido por estatutos cómo se conforman las listas”, añadió otra.

A lo largo de la investigación se pudo establecer que las obligaciones domésticas y el cuidado de la familia complejizaron el acceso de las mujeres a la política, ya que “las dinámicas del ejercicio público no les son amigables, generando que tengan que doblar o triplicar sus jornadas, así como transformar sus rutinas para cumplir en ambos frentes”, reza el informe.

En este sentido, algunas mujeres entrevistadas indicaron que uno de los factores que explican su reducido éxito electoral está relacionado con las dificultades que enfrentaron al tratar de conciliar su vida privada de madres y compañeras, con la faceta política. Adicionalmente, las directivas partidistas reconocieron que las mujeres se enfrentaban a mayores desafíos por cuenta de sus vidas privadas que impactaban de manera directa en su desempeño electoral.

Así lo resumió una senadora: “para la familia es difícil, si se tiene hijos, sobre todo hijos pequeños. Eso dificulta la participación, porque una campaña significa que no te van a ver por todo el tiempo que dura la campaña, tienes que estar por fuera de la casa, sabes a qué hora sales, pero no a qué hora regresas. Se termina sacrificando la vida personal y familiar como mujer”.