Arropados por las selvas y montañas a las que huyeron para escapar de la represión militar, alimentándose de raíces y yerbas, y a veces durmiendo bajo las piedras, cientos de indígenas ixiles guatemaltecos se salvaron del genocidio por el que es juzgado el general José Efraín Ríos Montt.

"La montaña nos cubrió, nos protegió la madre naturaleza", relató ante el Tribunal A de Mayor Riesgo que preside la jueza Jazmín Barrios, Juan Raymundo, uno de los testigos de los bombardeos, matanzas y del desplazamiento que sufrió la etnia maya ixil en el departamento noroccidental de Quiché entre 1982-1983.

Ríos Montt, quien gobernó de facto Guatemala durante ese período, tras encabezar un golpe de Estado militar, enfrenta un juicio penal desde el pasado martes por genocidio y crímenes de guerra supuestamente cometidos por el Ejército bajo su mando en contra de indígenas de la etnia ixil.

Raymundo, que en ese entonces tenía 16 años, recordó que el Ejército les borró de sus memorias la cultura, tradiciones y costumbres al haber asesinado a sus familiares adultos y quemado sus casas en la aldea Santa Marta.

Con voz fuerte y en castellano, este sobreviviente aseguró que a su cuñado, Francisco López, lo mató el Ejército a tiros por haber presenciado cuando amarraron de pies y manos, torturaron y asesinaron a uno por uno, a 16 personas dentro de un inmueble.

Pedro Raymundo, su tío, murió después de que los soldados le destrozaron la cabeza a golpes con las armas que portaban.

A raíz de esa matanza, dijo el testigo, 125 familias del pueblo, entre ellos niños y ancianos, huyeron hacia las montañas cercanas sin nada porque el Ejército les mató los caballos, los perros y las gallinas, y cortaron sus cultivos agrícolas con los que se alimentaban.

"En la montaña murieron recién nacidos de hambre y de frío porque no había con qué protegernos del clima y la lluvia. Sólo nos tapábamos con hojas cuando las encontrábamos", relató.

Aseguró que su única alimentación fueron raíces y yerbas, porque los militares bombardeaban las selvas y montañas. En uno de esos ataques, el 25 de mayo de 1983, precisó, murió su padre Víctor Raymundo, cuyo cuerpo no ha podido rescatar.

"Fue un sufrimiento bastante grande. Hasta que me muera quizás termine mi dolor", manifestó Juan y se quebró en llanto.

Enseguida agregó que el Ejército les quitó su cultura y sus costumbres con el "plan de tierra arrasada", pero ahora "nuestros abuelos nos la hacen recordar", dijo.

Antes, mientras Ríos Montt hacía apuntes y su antiguo jefe de Inteligencia Militar, el general retirado José Rodríguez, quien también es juzgado intentaba una tímida sonrisa, Magdalena Bernal, de 55 años, recordaba el asesinato de sus familiares en la aldea Vatzuchil en Nebaj (Quiché).

"Los soldados sacaron a mi hermano Pablo de la casa, lo desnudaron y lo tiraron a un río. A dos mujeres las mataron pero sólo se encontró una mano y un collar", expresó la sobreviviente a través de un interprete ixil.

Bernal relató que debido a que los militares quemaron sus casas y cortaron sus cultivos de maíz, ella tuvo que huir a la montaña, embarazada y con dos hijos, a los que alimentó de yerbas y protegió bajo enormes piedras.

En una ocasión el Ejército "nos cercó, le prendieron fuego a la montaña y dispararon, murieron como ocho", indicó la testigo que, interrogada por César Calderón, abogado de Rodríguez, no supo explicar cuánto tiempo ni como terminó la guerra.

También Francisco Raymundo, de 43 años, dijo al Tribunal que el 19 de enero de 1983, en la aldea Batzchocolá, en Nebaj (Quiché), los soldados mataron a su abuelo y a su padre de 75 y 51 años, respectivamente.

"Estábamos en la casa cuando llegaron los soldados, les dispararon, sólo tres pudimos escapar", señaló el testigo.

Su madre Magdalena, de 45 años, fue golpeada en la cabeza por los militares y se murió, mientras que a su hermano Nicolás lo amarraron, lo arrastraron y lo mataron con machete, detalló.

A la edad de 11 años, dijo "me quedé solo, con ropa vieja, me dormía a la par de las piedras y sólo comía hierbas".

"Estoy acá por el dolor que tengo en el corazón cuando los mataron. Pido al Tribunal que se haga justicia y que se castigue a los que mataron a mi familia".

Los relatos como estos se escuchan desde el 19 de marzo cuando comenzó el histórico juicio por los delitos de genocidio y de lesa humanidad contra Ríos Montt y Rodríguez, que sostienen ser inocentes.

El conflicto armado interno de 36 años que padeció Guatemala entre 1960-1996, dejó unas 250.000 víctimas, entre muertos y desaparecidos.