Este lunes se cumple un año desde que fuerzas de la Marina de EE.UU. entraron a un complejo residencial en Abbottabad, Pakistán, para matar al criminal más buscado de la última década: Osama bin Laden.

El jefe de antiterrorismo de la Casa Blanca, John Brennan, asegura que su país está alerta ante cualquier posible atentado de Al Qaeda para vengar la muerte de su fundador.

La red terrorista, ahora bajo el mando de Al Zawahiri, aún es una amenaza para la seguridad mundial.

“Durante la última década hemos degradado a Al Qaeda y mantenemos nuestra determinación de destruirla en Pakistán, en Afganistán, en Yemen”, dijo Brennan. Añadió que, aunque no se tiene información de que Al Qaeda prepare un atentado, “no bajaremos la guardia”.

Después de que George W. Bush declarara la “guerra contra el terrorismo” en respuesta a los atentados del 11 de septiembre de 2001, la ocupación del Ejército de EE.UU. en Irak y Afganistán hizo que Al Qaeda perdiera, entre otras, los campos para entrenar a más de cinco mil musulmanes extremistas que tenía en Afganistán. Ahora su infraestructura central es reducida y está confinada en zonas tribales del noroeste de Pakistán.

Aunque no se ha repetido un atentado de magnitud semejante al del World Trade Center —y esto se entiende como un logro del gobierno de EE.UU.—, la sombra de Bin Laden se expande y no dejan de escucharse las promesas de venganza de sus militantes.

Pero ante la presión estadounidense Al Qaeda se ha mantenido mediante sus vínculos con otras organizaciones. Richar Downie, director del programa para África del Centro de Estudios Internacionales de Washington, en conversación con El Espectador, dice que el ejemplo más reciente es Ansar Din, “una colectividad islamista con nexos con Al Qaeda que busca imponer la ley islámica en Malí y se pelea el control del norte del país con los rebeldes tuaregs”. Añade que Al Qaeda en el Magreb Islámico tiene presencia en Níger y Mauritania. También se alió con Boko Haram, los yihadistas nigerianos que ayer asesinaron a 18 universitarios cristianos y que han matado al menos a 200 personas desde enero.

Además, la organización ha participado en la Primavera Árabe. Juan Carlos Estarellas, experto en Salafía Yihadía del Instituto de Estudios Estratégicos de España, ha dicho a este diario que Al Qaeda ha conseguido, directa o indirectamente, uno de sus objetivos prioritarios: “la caída de los líderes apóstatas en Egipto, Libia y Túnez”. Está por verse si logrará otro de sus objetivos: “Instaurar un emirato islámico en el Magreb, además de la unión ideológico-religiosa” de los tres países mencionados.

Aunque no se ha repetido un atentado de magnitud semejante al del World Trade Center —y esto se entiende como un logro del gobierno de EE.UU.—, la sombra de Bin Laden se expande y no dejan de escucharse las promesas de venganza de sus militantes.