Desde 1996 los brasileños implementaron el sistema de las urnas electrónicas que se han convertido en la estrella de los procesos electorales.

El método ha sido sometido a rigurosas pruebas de seguridad al punto que el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva desafió públicamente en noviembre de 2009 a los hackers a encontrarles fallas y aunque se ofrecieron US$ 2.900 de recompensa, nadie logró vulnerarlo.

Los beneficios del sistema electrónico han sido facilitar el sufragio de los electores analfabetos y redujo considerablemente el número de votos nulos.

Tras 14 años de funcionamiento no ha habido denuncias graves de fraude y además las urnas electrónicas brindan la ventaja de la rapidez, de hecho, en la primera vuelta electoral se contabilizaron más de 100 millones de votos en menos de tres horas, dijo Infobae.

También se han hecho pruebas exitosas del voto electrónico en Argentina y México.

En las elecciones de 2010 se estrenaron las urnas biométricas, en las que Brasil invirtió US$300 millones. Este sistema confirma la identidad del elector a través de su huella digital, almacena los resultados en tres discos distintos e imprime automáticamente el acta de mesa cuando cierra el puesto de votación.

El Tribunal Superior Electoral de Brasil espera que hacia 2018 todos los brasileños emitan sus votos a través de esta nueva urna.