Santiago. La recordada visita de Fidel Castro a Chile en noviembre de 1971 fue un episodio natural para los primeros capítulos de la revolución de Salvador Allende y el triunfo de la Unidad Popular un año antes. Luego de que Allende restaurara las relaciones con Cuba en 1970 (suspendidas en 1964 durante el gobierno de Jorge Alessandri), fue el Comité Central de la Isla el que comunicó la visita del dictador al primer país que se estrenaba en el socialismo por la vía legítima.

Lo primero que quedó en la memoria de detractores y adeptos fue que dicha visita, que originalmente iba a ser de 10 días, finalmente se extendió por 25. Durante esas tres semanas y fracción, el comandante se dio el tiempo de conocer las faenas mineras, vitivinicolas y de reunirse en decenas de mitines políticos y de estudiantes donde pronunció energéticos discursos.

Parte del itinerario incluyó, además de una apoteósica bienvenida en el aeropuerto, una reunión con el presidente Allende en el Palacio de La Moneda y un tour que partió en Antofagasta el 12 de noviembre y que incluyó la visita a oficinas salitreras como Pedro de Valdivia y María Elena. También conoció de cerca las obras mineras de Chuquicamata e Iquique, donde hasta jugó un partido de básquetbol.

Desde el día 17, se concentró en compartir con mitines estudiantiles de la Universidad de Concepción y trabajadores siderúrgicos de Huachipato y del carbón de Tomé, Lota y pescadores de Puerto Montt. "A pesar de haber recorrido 10 mil kilómetros para llegar hasta acá, nos encontramos un pueblo que habla el mismo idioma que hablamos en nuestra patria, que se expresa de la misma forma, que demuestra la misma sensibilidad humana", dijo al ser nombrado Hijo Ilustre de Punta Arenas.

Recorrió el extremo sur para conocer la industria petrolera y pesquera antes de partir a Santiago para forjar un lazo más férreo con una ciudadanía socialista y comunista de las comunas emblemáticas que lo recibió como una celebridad y llenó estadios de Valparaíso con sus discursos más incendiarios que serán el antecedente de lo que fue su discurso de despedida el 2 de diciembre en un Estadio Nacional repleto. Ahí fustigó la influencia de EEUU en el resto de la región: "¡Con la verdad! ¡Con la razón! ¡Con la moral! ¡Váyanse al Diablo!", arengó por entonces.

La visita dejó entre otros momentos, el histórico regalo de Castro a Allende de un fusil AK-47, del que aún se especula fue utilizado por el presidente de la UP para quitarse la vida. Fidel Castro se quedó en Chile hasta el 4 de diciembre, aclarando antes de partir que su visita no tenía un objetivo aleccionador: "La discrepancia es que si bien estamos absolutamente de acuerdo en que no vinimos a enseñar (...) decimos con toda franqueza que hemos venido a aprender".