La guerra civil en El Salvador (1980-1992), que enfrentó al Ejército salvadoreño contra los insurgentes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FLMN), dejó un saldo de unos 75.000 muertos y unos 8.000 desaparecidos, además de un millón de exiliados. Entre los desaparecidos hubo una gran cantidad de niños y niñas, que eran a menudo separados de sus padres y dados en adopción, el destino de muchos de ellos sigue siendo una incógnita para sus familiares.

“Sobre el paradero de mis cuatro hermanos no tengo hasta la fecha ningún dato, sin embargo, tengo la esperanza de conocer la verdad sobre lo que ocurrió con ellos y con mi madre”, afirma Margarita Zamora, que trabaja en la organización Pro Búsqueda de Niñas y Niños Desaparecidos, que se ocupa de investigar las desapariciones ocurridas durante los doce años que duró el conflicto. Unos 150 niños han sido hallados en El Salvador, pero muchos han sido encontrados en Centroamérica, Estados Unidos y Europa.

Margarita Zamora asegura que las cicatrices no han cerrado. “Durante años la derecha ha manejado el discurso de no tocar el pasado, para qué recordarlo y abrir las heridas. Pero es que siguen abiertas, no hemos tenido cura, especialmente los que seguimos buscando”. El operativo conocido como “Guinda de mayo”, una masacre perpetrada por el Ejército contra varios poblados en el departamento de Chalatenango, dejó un saldo de miles de muertos y más de una cincuentena de niños desaparecidos, entre ellos los hermanos y la madre de Margarita.

Protección e impunidad. Organizaciones eclesiásticas alemanas señalan que el actual ministro de Defensa, el general David Munguía Payés, protege a ex militares que son buscados con orden de aprehensión por la justicia española en relación con el asesinato de seis sacerdotes jesuitas cometido en noviembre de 1989. “Tanto el Ejército como asociaciones de veteranos siguen creyendo que salvaron a la patria combatiendo el comunismo”, afirman en un comunicado, y añaden que el pacto de impunidad entre ambos bandos es casi total. Los archivos militares en donde se encuentran documentados numerosas violaciones a los derechos humanos permanecen cerrados.

5037

“Hay mucha información en esos archivos y muchos incriminados. Los militares saben que en esos archivos hay información que los vincula en asesinatos y crímenes de lesa humanidad y por eso se niegan a abrirlos, aunque para nosotros es sumamente importante porque sabemos que muchos de los casos que estamos buscando podrían esclarecerse a través de la información que ahí se encuentra. Siempre argumentan que fueron destruidos, pero sabemos que eso no es cierto”, afirma Margarita Zamora.

Chiyo, (Lucio Vázquez), entonces un niño de ocho años, sufrió en carne propia el exterminio de su familia y la persecución. “Me tocó abandonar mi casa sin saber leer ni escribir, a veces comiendo y a veces no, caminando sin zapatos, de noche, caminando junto a mujeres embarazadas, junto a ancianos, viví la represión, la guerra, la huída, pero la viví junto a tanta gente. Se habla del exilio al extranjero, pero no del exilio interno que generó el conflicto, que rompió el tejido social”, dice. Chiyo escribió su historia en un libro titulado “Siete Gorriones”, dedicado a los siete hermanos que perdió.

Cultura de Paz. “Yo tengo la enorme satisfacción de haber sobrevivido a la represión y a la guerra, porque estuve en medio de un pueblo que fue heroico, que se enfrentó a un ejército entrenado por Estados Unidos, que recibía una ayuda de un millón y medio de dólares diarios para la hacer la guerra en El Salvador”, afirma.

5038

Chiyo es hoy en día uno de los promotores de una cultura de paz. Trabaja en el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) en El Salvador, que capacita a jóvenes generaciones en la defensa de los Derechos Humanos. Para Margarita y Chiyo, el nuevo gobierno bajo Salvador Sánchez Cerén, abre esperanzas porque se sepa la verdad. "El actual presidente ha mostrado mucha apertura, la presión debería estar dirigida a la Asamblea Legislativa para que emitan un decreto para que se abran los archivos", destaca Margarita.

Para Chiyo es importante la apertura de Mauricio Funes y Sánchez Cerén frente a este tema. "Eso nos ha permitido inculcar a los niños una cultura de paz y de convivencia, defendiéndola de sectores que participan en la venta de armas y el narcotráfico. Centroamérica es un corredor de armas y de drogas y eso hace una paz muy frágil. Las mafias intentan reclutar a gente muy joven, que no tengan empleo, que estén pensando en emigrar. Son niños que no saben discernir, que ven una película violenta y les parece normal. Uno sabe que están enrolados en la violencia“.