Brasilia. Brasil realizará este domingo 03 de octubre elecciones para elegir al sucesor del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien ha supervisado una época de impulso económico y elevó el perfil internacional del país durante sus ocho años en el poder.

La ex jefa de gabinete de Lula, Dilma Rousseff, del oficialista Partido de los Trabajadores (PT), es la clara favorita con una ventaja cercana a los 20 puntos en los sondeos de intención de voto por sobre el ex gobernador del estado de Sao Paulo José Serra, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

Rousseff puede ganar las elecciones si obtiene más de 50% de los votos este domingo. Si no logra esa cifra, habrá un balotaje el 31 de octubre. Se espera que su coalición obtenga una gran mayoría de los escaños del Congreso.

Los dos candidatos con mayor preferencia en los sondeos son de partidos importantes y apoyan ampliamente los pilares de la política económica actual, que convirtió al país en una de las economías emergentes más exitosas.

Aún así, existen importantes diferencias entre Serra y Rousseff. A continuación, algunas de sus posturas sobre temas clave:

Estabilidad económica. Serra, al igual que Rousseff, mantendría las políticas de mercado que han asegurado estabilidad económica en la última década: un tipo de cambio flotante, control de la inflación y disciplina fiscal.

Rol estatal en la economía. Rousseff favorece un estado fuerte en áreas estratégicas, como petróleo, banca y energía, aunque insiste en que las empresas privadas en esos sectores no serán perjudicadas. También promete promover la eficiencia del gobierno y la "meritocracia", además de reducir la burocracia. Pero mantendrá los actuales beneficios a los funcionarios públicos.

Serra favorece un gobierno fuerte y activo y aplaudió las medidas de estímulo fiscal de Lula durante la crisis global de 2008/2009. Sin embargo Serra, que autorizó la venta del banco estatal de Sao Paulo cuando fue gobernador de ese estado, es visto como más abierto a la privatización selectiva y afirma que no usará fondos estatales para promover fusiones y adquisiciones en el sector privado.

El candidato opositor propone fuertes políticas para desarrollar la industria nacional y aumentaría las salvaguardas comerciales contra importaciones de bajo costo, especialmente chinas.

Banco Central. Rousseff ha dicho que mantendría la autonomía operacional del Banco Central y el estatus de su presidente como ministro del gabinete.

Serra ha afirmado que el Banco Central debe estar en línea con la política económica del Gobierno y que el presidente de la entidad y el ministro de Hacienda deben pensar de manera similar.

Politica monetaria. Rousseff ha dicho que mientras la carga de deuda de Brasil no disminuya considerablemente, el Banco Central tendrá que concentrarse exclusivamente en la inflación en vez de centrarse en la economía más amplia, incluyendo el aumento del empleo.

Serra ha sido más crítico de la política monetaria, afirmando que "la tasa de interés tiene que bajar, es sorprendente".

Industria petrolera. Rousseff apoya completamente el esfuerzo de Lula por aumentar el control gubernamental sobre reservas de petróleo recientemente encontradas, y ayudó a esbozar la propuesta.

Serra critica la reforma y dice que el modelo actual era adecuado para desarrollar nuevas reservas.

El candidato señala que no hay necesidad de crear más burocracia con una nueva petrolera estatal. Su partido advierte que el enfoque de Lula podría dejar a un costado a los privados, reducir la inversión, competencia y eficiencia.

Tipo de cambio. Rousseff ha descartado buscar un tipo de cambio específico para la moneda de Brasil, que se cotiza cerca de un alza histórica en 10 meses.

Serra ha dicho que el real está "mega sobrevaluado" y que afecta a los exportadores, pero descartó medidas abruptas o la intervención directa en los mercados para influenciar la divisa.

También indicó que permitir una depreciación del real necesita una disciplina fiscal más estricta y menores tasas de interés.