Es un martes templado a las 7 de la noche en la recepción del Hotel Alba Caracas, llamado Hotel Hilton antes de que Hugo Chávez fuera presidente de Venezuela. Cuando la conozco, Eva Golinger me permite que la salude con un abrazo y de beso en su mejilla, me ofrece el tiempo que yo necesite para la entrevista, deja que yo escoja el lugar del hotel para nuestra charla, no me advierte sobre qué no está dispuesta a responder, no pregunta quién soy, no sospecha del periódico para el que trabajo, a pesar de que me dice que “hace poco un periodista, de un periódico francés muy conocido, cambió casi todas las respuestas que le di en una entrevista”.

En Venezuela casi todos saben quién es Eva Golinger, una de las mujeres que mejor explica el chavismo y que más defiende de Estados Unidos al actual gobierno de Venezuela, en los medios de comunicación del mundo y en sus seis libros, traducidos a varios idiomas.

Mientras Eva Golinger y yo buscamos un espacio del hotel para hacer la entrevista, a unos cinco metros, la saludan un hombre moreno de camisa roja de unos 50 años y, segundos después, un joven trabajador del hotel. Los dos le dicen “¡epa camarada !”. Eva Golinger les sonríe y los saluda levantando su brazo izquierdo. Le cuento a ella que dos jóvenes fotógrafas llegarán en media hora. Ella domina el español, pero me mira fija y tranquilamente y se le sale un “okay”.

Eva Golinger nació en 1973 en Nueva York, donde se graduó como abogada. Luego vivió en el país de su abuelo paterno, Venezuela, antes de que Chávez fuera jefe de Estado. Posteriormente, regresó a Nueva York a estudiar un doctorado en derechos humanos internacionales. En el actual e invernal 2011, y desde hace varios años, vive en Caracas, después de que Chávez llegara al poder en 1999.

Vamos a iniciar la conversación sentados en una de las confortables salas del lobby, pero el hombre de camisa roja se acerca a saludar a mi entrevistada. Ella se levanta y conversa con él unos segundos. El chavista pura sangre se retira... Por fin puedo hacer la primera pregunta:

-¿Cómo llegó al chavismo una judía de Nueva York como usted?

-Tengo ascendencia judía. Pero no practico el judaísmo. Nací en Nueva York, pero también soy venezolana. Y llego al chavismo por las investigaciones para mis libros sobre el proceso, El Código Chávez: descifrando la intervención de Estados Unidos en Venezuela, publicado hace seis años, y Bush versus Chávez: la guerra de Washington contra Venezuela, publicado hace cinco.

-¿Usted por qué continuó en el chavismo?

-Porque es de lo más interesante que está ocurriendo en el mundo. Porque para mí es un honor trabajar al lado de un líder de izquierda y de un estadista tan grande como Hugo Chávez.

-¿Usted era de izquierda en Estados Unidos?

-Soy de izquierda desde siempre. Desde que nací.

-Hace un poco más de un año la vi a usted en el teatro Teresa Carreño de Caracas en el estreno de la película documental Al sur de la frontera y en este hotel, sobre el presidente Chávez, del director Oliver Stone, que es su paisano porque él también nació en Nueva York y también tiene ascendencia judía. ¿Cómo le pareció la película?

-No me gustó que al documental le faltara el pueblo y que se basara en entrevistas a varios presidentes de Estados de América Latina. Eso es muy elitista. Además Oliver Stone es muy protagonista de su documental.

-En esa ocasión, el cineasta Oliver Stone dijo en rueda de prensa que el presidente Chávez no debería hablar tanto por televisión. ¿Usted qué piensa sobre esta crítica al presidente?

-No estoy de acuerdo. El presidente Chávez le dice a su pueblo lo que tiene que decirle, sinceramente.

-Pero, ¿usted qué le critica al presidente Chávez en relación con que sea una de las personas que más figura en los medios de comunicación de Venezuela y el mundo, en lo que va del siglo XXI?

-Que, a veces, dice cosas que uno no quisiera que dijera.

Le digo a Eva Golinger que en Caracas varios taxistas, de más de 50 años de edad, me confesaron con pasión y orgullo que ellos, después de dejarme en mi lugar de destino, se irían con afán para su casa a escuchar y ver en cadena nacional al presidente Chávez, a quien sienten como su maestro, que los manda a leer los libros que presenta en cada una de sus apariciones por televisión. Sorpresivas, abundantes, extensas e impredecibles apariciones que, muchas veces, pueden interrumpir una de las cosas que más les ha gustado hacer a los venezolanos: ver telenovelas. A Eva Golinger se le sale una sonrisa y un “chévere”.

También le digo a ella que este trabajo lo titularé “La gringa del chavismo”. Pero a Eva Golinger no le gusta. Me protesta: “Está muy feo. La palabra ‘gringa’ es negativa”. Ella le pregunta a un señor que escucha sentado en la sala de al lado: “¿ Cierto que está muy feo ese título?”. El señor me mira y me corrige con calidez: “Está raro, chico. Es mejor ‘La estadounidense del chavismo’, chamo”. Como dije lo que no querían que dijera, pues cambio de tema y sigo con las preguntas a mi entrevistada.

-¿Usted qué hace ahora en el chavismo?

-Hace un poco más de un año dirijo la versión en inglés del periódico Correo del Orinoco, que los viernes es publicado como un suplemento de la versión en español. Es un diario refundado desde hace un poco más de dos años.

-¿Qué es el ‘Correo del Orinoco’?

-Ahora es el periódico de la Revolución Bolivariana. Antes fue el primer periódico fundado por Simón Bolívar, el 27 de junio de 1818.

-Uno de los últimos trabajos periodísticos que escribió Gabriel García Márquez fue una entrevista que le hizo al presidente Chávez hace casi diez años, en un viaje de La Habana a Caracas en el avión presidencial de Venezuela. En ese escrito García Márquez se pregunta: “¿Existen dos Chávez?”. ¿ Usted qué piensa?

-No existen dos Chávez. El presidente es el mismo en los medios de comunicación y en persona. Es un hombre muy sentimental.

-A propósito de colombianos, hablemos de dos. ¿Para usted cuál es la diferencia entre Piedad Córdoba y Gustavo Petro, candidato actual a la Alcaldía de Bogotá, con respecto a la relación de ellos con el presidente Chávez?

-Alguna izquierda latinoamericana es ambigua frente al presidente Chávez. Petro se ha distanciado porque no quiere terminar como Piedad, que perdió su curul en el Senado de Colombia.

Por fin llegan las dos fotógrafas, que nos saludan apenadas y nerviosas y toman las primeras fotos, de perfil. Aunque Eva Golinger está muy tranquila y no mira su reloj, siento que debo hacerle las últimas preguntas y que estas preguntas deben girar sólo alrededor del presidente Chávez. Las fotógrafas empiezan a observar otros espacios del hotel para luego tomar más fotos.

-Por favor, ¿me hace usted un perfil breve del presidente Chávez?

-Hugo Chávez fue criado por su abuela. Nació en la pobreza, como casi todos los militares venezolanos. En su infancia soñó con ser un gran jugador de béisbol. Desde muy joven se propuso, con demasiada pasión, la eliminación de la pobreza en su nación. Hay gente que no sale o que repite. Él cambió. Recogió una Venezuela destrozada, con 14 millones de personas en la pobreza extrema, que eran más de la mitad de la población total. Recogió una Venezuela en la que los pocos ricos sacaban el dinero del país y se lo robaban. En estos 12 años y medio de gobierno ha logrado retomar la soberanía del país porque ha recuperado la industria petrolera para la mayoría de los venezolanos. Es un ser sencillo. Busca el avance de su nación. Lleva una vida sin lujos. Le gusta mucho su comida llanera, su café. Su sinceridad, que es tergiversada por varios medios de comunicación, es de lo que más me gusta de él. Su fuerte es ser un hombre impredecible.

-¿Para usted cuál es la parte más débil del presidente Chávez?

-Su generosidad.

-¿Para usted el presidente Chávez es muy militar?

-A él le gusta liderar.

-¿Para usted el presidente Chávez es nervioso?

-Él no es nervioso. Es muy activo. Imagínate manejar un país con tanta riqueza. Por ejemplo, sólo en Estados Unidos hay más de 10.000 estaciones de gasolina del Estado venezolano.

-¿Para usted cuánto tiempo más estará en el poder el presidente Chávez?

-No soy adivina. Un periodo más de seis años está bien. Así él completaría 20 años. En la próxima década ya habrá gente preparada para liderar y continuar con la Revolución Bolivariana.

Las fotógrafas quieren retratar a Eva Golinger en una silla muy grande y amarilla. Pero ella les colabora y las dirige. Las lleva donde hay fotografías de Chávez.

La noche siempre fresca de Caracas avanza e imagino que Eva Golinger debe irse a trabajar en el periódico Correo del Orinoco. Las fotógrafas y yo nos despedimos de ella con un abrazo.

Las fotógrafas y yo vamos a cotorrear sentados al borde de la piscina del Hotel Alba Caracas. Decimos que la estadounidense no posa de intelectual porque no usa palabras académicas y que es muy segura porque siempre lo mira a uno a los ojos, de frente.

Una de las fotógrafas, trigueña y antichavista, se pregunta: “¿Eva Golinger qué tan cerca estará del chavismo? La otra responde: “Hay que leer sus libros sobre el tire y afloje entre el actual gobierno de Venezuela y el gobierno de Estados Unidos, incluyendo sus multinacionales, pues”.