Universia Knowledge Wharton. Veintiún años después de la promulgación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta), el debate sobre el libre comercio escaló nuevamente hasta los primeros puestos de la agenda política de EE.UU., esta vez bajo la forma del inminente Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación (TPP), un bloque comercial compuesto por diez países que reunirá a EE.UU. y otras once naciones de la Orilla del Pacífico en un pacto amplio que fijará las reglas del comercio internacional, de las inversiones y de las inversiones extranjeras durante la próxima década y las siguientes. El volumen total del comercio entre EE.UU. y los países del TPP superó los US$1,7 billones en bienes y US$260.000 millones en servicios en 2012, lo que convierte al TPP en el mayor acuerdo de libre comercio de la historia mundial.

Al igual que el Nafta, que reunió a tres países vecinos -EE.UU., Canadá y México- el TPP se convirtió en un problema político espinoso, no sólo entre el público en general, sino también entre los partidos Demócrata y Republicano. Hay dudas sobre el tipo de repercusión que el TPP tendría sobre la economía americana y sobre la competitividad de las multinacionales americanas en los próximos años, además de las preocupaciones acerca de la evolución del empleo y las relaciones políticas y el comercio entre EE.UU. y China. El Public Citizen, por ejemplo, un grupo de presión de tendencia izquierdista, incitó de forma reciente a oponerse al TPP con el siguiente mensaje: "De un sólo golpe, este acuerdo sigiloso" podría "eliminar empleos de EE.UU. y aumentar la desigualdad de la renta, elevar de forma acentuada el coste de los medicamentos, exponer a EE.UU. a alimentos y productos inseguros y dar poder a las empresas para invertir contra nuestras salvaguardias medioambientales y de salud".

Por otro lado, los defensores del TPP dicen que la asociación va mucho más allá de los recortes adicionales de tarifas y de impuestos e introducen la aplicación de normas más rigurosas de protección de los derechos laborales, la propiedad intelectual, las inversiones extranjeras y otras barreras que entorpecen aún más el comercio en el sector de servicios más caros en los cuáles EE.UU. tienen ventaja competitiva. Sus disposiciones probablemente costarían a la economía americana algunos empleos más en ciertas áreas, dicen los partidarios del TPP, pero generarían un número mayor de nuevos empleos al aumentar las exportaciones de bienes americanos más caros, además de atraer otras inversiones de fabricantes extranjeros y proveedores de servicios en EE.UU.

En la base de ese desacuerdo fundamental está la naturaleza especial del TPP. Mauro Guillen, profesor de Gestión de Wharton, que es también director del Instituto Lauder (The Lauder Institute), observa que el TPP es un "tipo de pacto muy diferente al Nafta". Las tarifas no juegan un papel destacado en el TPP porque EE.UU. ya había alcanzado acuerdos bilaterales con varios países de América Latina y del Pacífico. "Las cuestiones más urgentes son ahora de servicios y de otras instituciones o cuestiones soft en el sentido de que son intangibles", tales como la propiedad intelectual, dice Guillén.

[[wysiwyg_imageupload:5837:height=772,width=518]]

Prueba de Rorschach. Los defensores del TPP dicen que al abrir oportunidades para que otras empresas participen en el comercio internacional, el acuerdo potenciará la renta de un gran número de trabajadores de renta media. Según la Coalición de Negocios de EE.UU., las empresas involucradas en el comercio internacional pagan salarios del 15% al 20% de media mayores que las empresas no participantes. El grupo comercial dice que "el comercio global ya ofrece millones de empleos para las familias de clase media" y que la "aprobación de otros acuerdos de libre comercio, como el TPP, ofrece la oportunidad de proporcionar más de diez millones de empleos vinculados al comercio en la próxima década".

Por otro lado, los críticos del TPP dicen que el acuerdo, en realidad, robará a la economía de EE.UU. millones de empleos de la clase media en las próximas décadas en virtud de las nuevas oportunidades que abrirá para empresas no americanas permitiendo que entren en el país. Hay críticas también para el Gobierno Obama, que estaría siendo ilógico al exigir al Congreso que conceda al presidente lo que se conoce formalmente como "autoridad de promoción comercial" (TPA, por sus siglas en inglés) —o fast track [tramitación rápida], en lenguaje común. Gracias al TPA, durante los gobiernos de Bill Clinton y de George W. Bush, el Congreso americano no pudo hacer ninguna enmienda más en ninguno de los acuerdos de libre comercio negociados por el Ejecutivo. El Congreso tenía autoridad sólo para votar un simple sí o no para cada acuerdo, un proceso que aceleró la aprobación de esos proyectos de ley. Esa práctica sería simplemente resucitada por el TPP, dicen sus partidarios.

Muchos críticos del TPP están cegados por su oposición ideológica a todos los acuerdos de libre comercio, no sólo al TPP, dice Rob Mulligan, vicepresidente senior de asuntos de políticas y de gobierno del Consejo de EE.UU. para Negocios Internacionales (USCIB), filial americana de la Cámara Internacional de Comercio (ICC). Respecto a los críticos de tendencia izquierdista, según los cuales el TPP no es suficiente para proteger la mano de obra y el medioambiente, Mulligan dice que "el gobierno Obama se esforzó para lidiar con varios de esos temas surgidos en el pasado. Pero eso no parece ser suficiente. Existen quejas de que todo se hizo en secreto, lo que es un falso argumento. Los sindicatos laborales participaron en todos los comités consultivos en que participó la comunidad empresarial. Además, los miembros del Congreso tienen acceso a las informaciones. Ellos reciben briefings de forma regular”.

Según Marshall Meyer, profesor de Gestión de Wharton, la agitación actual en torno al TPP está más asociada a la autoridad del fast track que a la sustancia del acuerdo. "No está claro si ya se llegó a una conclusión en cuanto a la sustancia, o si todo el mundo sabe cómo se resolvieron las cuestiones pendientes". Por lo tanto, añade Meyer, el TPP se convirtió en "una especie de prueba de Rorschach -un portavoz, o un ‘escudo contra el fuego enemigo’, para usar una expresión de Tom Wolfe- en el cual las personas proyectan sus ansiedades".

Meyer dice que vive diciendo a sus amigos del lado liberal del Partido Demócrata que "el TPP es bueno para los trabajadores". Pero "ellos no consiguen entenderlo”. Ellos saben que la Cámara de Comercio de EE.UU. es muy clara en relación a su apoyo al TPP, añade, y cree, de hecho, que "si las empresas quieren, entonces nosotros no queremos".

[[wysiwyg_imageupload:5838:]]

Normas de participación. Jacques DeLisle, profesor de Derecho, que es también director delCenter for East Asian Studies, concuerda que las reacciones al TPP son, en realidad, una prueba de Rorschach sobre actitudes referentes al comercio. DeLisle añade que el argumento a favor del TPP se basa, en parte, en la teoría clásica del libre comercio según la cual la caída de las barreras al libre comercio es algo bueno. Pero, añade, "hay también una dosis de Realpolitik" en el TPP, "un argumento geopolítico que estimula bastante el enfrentamiento". Según esa idea, el éxito o el fracaso del TPP "será de gran ayuda para determinar quien fijará las normas básicas de la economía global en las próximas décadas, EE.UU. o China".

Otro fuerte argumento a favor del TPP es que sería el primer pacto de libre comercio entre EE.UU. y Japón, la tercera mayor economía del mundo según el PIB nominal, a pesar del ascenso de China en las últimas décadas. "Aunque el argumento económico detrás del TPP sea fundamental, hay también un componente de fortalecimiento de los lazos entre EE.UU. y Japón, que jamás participó en un acuerdo de libre comercio con EE.UU.", observa DeLisle. "Es una tontería por parte de EE.UU. financiar los costes de seguridad" de la región de Asia-Pacífico "ya que buena parte de las ganancias económicas allí generadas van a China". Es lo que puede suceder si el TPP falla y China tiene que fijar las leyes del comercio en el futuro.

En ese caso, observa DeLisle, podría haber "un tira y afloja para quien esté en el centro de gravedad", el TPP frente a la Asociación Económica Amplia Regional (RCEP), que es la propuesta de un acuerdo de libre comercio entre los miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), además de los seis países con acuerdos de libre comercio con ASEAN: China, India, Japón, Australia, Corea del Sur y Nueva Zelanda. Las negociaciones para la formación de la RCEP se lanzaron formalmente en 2012.

Además de fortalecer los lazos de EE.UU. con Japón, el TPP también promete estrechar los lazos entre EE.UU. y sus otros amigos en la región, como Australia, Nueva Zelanda y Singapur. DeLisle observa que esos países son más propensos a creer que EE.UU. no desaparecerá de la región -sobre todo en lo que concierne a su papel fundamental de promover la seguridad local-, desde el momento que se muestren totalmente comprometidos con el fortalecimiento de sus lazos económicos en la región a través del TPP. Según DeLisle, hay un cierto escepticismo en la región de Asia-Pacífico en relación a las declaraciones realizadas por el gobierno americano de "concentrarse" nuevamente en Asia, además de la percepción de que EE.UU. estaría "con recursos limitados", debido a los gastos excesivos en las guerras de Irak y de Afganistán.

Guillén añade que "es interesante para EE.UU. llevar adelante el plan" de comercio en el segmento de propiedad intelectual y de servicios tan importantes para el TPP, “ya que EE.UU. continúa siendo la mayor potencia tecnológica del mundo". Él añade que, a largo plazo, eso redundará en beneficios para todos -inclusive para Japón y China- "ya que China está convirtiéndose rápidamente en una potencia tecnológica".

[[wysiwyg_imageupload:5839:]]

Repercusión sobre los empleos. ¿Qué repercusión tendría el TPP sobre el empleo? Analistas de Wharton y de otras instituciones concuerdan en que los empleos menos especializados, y que desaparecieron en gran medida en EEUU después de la introducción del Nafta, jamás volverán al país, con el TPP o sin él. ¿Pero qué impacto podrá tener el TPP sobre el crecimiento del empleo en las categorías de trabajo más especializadas?

"Es innegable que siempre que hay un cambio en un régimen de comercio -siempre que se cambian las reglas del comercio, ya sea para ampliarlo o para restringirlo- hay ganadores y perdedores a corto plazo”, dice Guillén. "El Nafta no es una excepción, por lo tanto, el problema del TPP es: ¿qué sucederá a largo plazo? A largo plazo, sabemos que el libre comercio es bueno, y la cuestión política importante consiste en cómo garantizar que el perdedor tenga los recursos para superar aquella situación específica?".

Guillén añade que si se aprueba el TPP, "todos se beneficiarán" a largo plazo, inclusive el consumidor, que tendrá acceso a productos extranjeros a precios menores, mejorando su poder de compra. Pero, en un plazo aún más corto, lo fundamental es saber si "podemos cuidar de esas personas que sufren a consecuencia del libre comercio", en lugar de "permitir que los vencedores secuestren todo el proceso".

Según Guillén, no debemos olvidar que los acuerdos de libre comercio como el Nafta y el TPP no se limitan sólo al libre comercio, sino también al proteccionismo. "Esos acuerdos son siempre una mezcla de libre comercio dentro del bloque y más proteccionismo en relación a otros países". En el caso del Nafta, lo que EE.UU. tenía era, básicamente, empleos no especializados que se trasladaban a México. Fue una pérdida para los trabajadores americanos, pero una ganancia para el consumidor de EE.UU., porque él tuvo acceso a productos a precios bajos. "Pero fue también una pérdida para los fabricantes japoneses y europeos que, tras la creación del Nafta, tuvieron que llevar sus fábricas a EE.UU. para superar las dificultades que surgieron después del acuerdo", destaca Guillén.

¿Tendrá el TPP un impacto proteccionista semejante sobre los fabricantes fuera del bloque de doce naciones de los Estados miembro? "No creo que el impacto sea tan significativo como el del Nafta porque ese acuerdo no será tan amplio", dice Guillén. "Además de eso, la migración de empleos de un país a otro va a suceder de cualquier manera. Es sólo un tema del momento". Con o sin el TPP, "los empleos no especializados en China o Irán se moverán hacia el interior del país, donde los salarios son más bajos, o a Vietnam, Bangladesh o a algún otro lugar. Eso va a suceder aunque el TPP siga adelante o no".

De manera muy parecida al caso del Nafta, muchos de los proponentes del TPP y sus detractores están haciendo declaraciones exageradas sobre sus virtudes maravillosas, o sobre sus terribles defectos. Pero DeLisle dice que “el análisis económico que se hace es que el impacto del TPP sobre el crecimiento no será muy grande”. Mientras el Nafta profundizó la integración económica de tres países vecinos que ya tenían lazos estrechos en múltiples niveles, el TPP reunirá a países mucho más distantes unos de los otros. Además, según destacó DeLisle, “varios países del TPP ya tienen acuerdos de libre comercio con EE.UU.”, entre ellos Australia, Canadá, Chile, México, Perú, Singapur y Corea del Sur. Por todo eso, la participación de Japón -que nunca antes había suscrito un tratado de libre comercio con EE.UU.- es tan fundamental en la ampliación del impacto del TPP sobre la economía global, añadió.

[[wysiwyg_imageupload:5840:]]

La cuestión del sigilo. Mulligan dice que es un “poco falso” decir que las negociaciones del TPP fueron demasiado sigilosas. “Es difícil negociar haciendo públicas todas sus posiciones y las del lado contrario también […] No sé a ciencia cierta si algunos de los congresistas que están quejándose hacen todas sus negociaciones en público. Pero el acceso también les está permitido. No he visto el lenguaje del texto. Participé en briefings realizados por el Gobierno para ONGS y sindicatos, los sindicatos aprobaron a los consultores que tuvieron acceso a los textos. Hay congresistas que tienen acceso al texto aún inacabado. Después de que esté terminado, se permitirá el acceso a los documentos finales antes de pasar al Congreso”. Mulligan añade: “Hay un plazo de 90 días; después, de 60 días antes de la votación. Transcurrirán muchos meses antes de la aprobación”.

Prácticamente todos los especialistas en comercio concuerdan que la autoridad del fast track será necesaria para que el TPP se negocie sabiamente. Aunque Meyer no sea un especialista en comercio, él dice que su intuición es que esa visión es la correcta. El texto del TPP, dice, “es muy complejo; fue elaborado de forma exhaustiva durante muchos años y si empezamos ahora a cambiar partes de él, será preciso volver nuevamente a conversar con las partes interesadas”. Guillén cree que sería “realmente difícil” conseguir la aprobación del Congreso sin la autoridad de fast track. Por otro lado, dice, "no creo que un Congreso republicano quiera darle al presidente la autoridad de fast track sobre ninguna cosa".

Para conseguir mayor apoyo de los demócratas contrarios al acuerdo, ¿Obama optará por algún tipo de concesión en uno o más detalles del texto del TPP? Guillén recuerda que “cuando las negociaciones del Nafta estaban en proceso, los demócratas también estaban divididos. Fue el presidente Bill Clinton quien hizo las concesiones finales para el ala más favorable a los trabajadores del Partido Demócrata”. Se añadieron entonces cláusulas relativas a la protección de los derechos laborales y medio ambientales al texto del acuerdo.

En vista de las complejidades del TPP, que es un acuerdo mucho más multilateral, ¿Obama estaría dispuesto a hacer tal concesión para ganar el apoyo de los demócratas obstinadamente contrarios al acuerdo? Puesto que el TPP ya incorpora muchas protecciones cuyo objetivo era conquistar a los sindicalistas y ecologistas, ¿qué concesión sería esa? Guillén dice que “tal vez haya realmente necesidad de una concesión, pero nadie sabe cuál será”.