La Habana. Si la Iglesia Católica tiene razón y sus conversaciones con el presidente cubano Raúl Castro son la llave para liberar a los presos políticos, Cuba estaría despejando un importante obstáculo en sus relaciones con Estados Unidos. Pero no el único.

Aunque la excarcelación es una de las demandas de Washington para normalizar las relaciones tras medio siglo de hostilidades, analistas dudan de que el presidente Barack Obama vaya a dar pasos significativos hasta que Cuba libere también a Allan Gross, un contratista estadounidense arrestado en diciembre pasado bajo sospechas de espionaje.

Estados Unidos aplaudió la excarcelación en junio de un preso político en silla de ruedas y discretas mejoras en la situación de otros 12 como resultado del diálogo sobre derechos humanos emprendido en mayo.

"Incluso pasos modestos han tenido ya impacto. Si todos los presos fueran liberados ayudaría al presidente Obama a avanzar en otros frentes", dijo la analista Marifeli Perez Stable, de la Florida International University (FIU).

"Pero nada sustancial ocurrirá hasta que Gross regrese a casa con su familia", comentó.

Siete meses después de su arresto, Gross sigue bajo investigación por distribuir teléfonos satelitales prohibidos en Cuba como parte de un programa financiado por el Gobierno de Estados Unidos. Washington asegura que sólo ayudaba a grupos judíos a conectarse a Internet.

Su detención, sumada a la muerte en febrero del preso político Orlando Zapata tras una prolongada huelga de hambre, abortó el tímido acercamiento emprendido por Obama al autorizar en 2009 los viajes de los exiliados a la isla y retomar conversaciones migratorias.

Funcionarios estadounidenses han dicho que no habrá nuevas iniciativas hasta que Gross sea liberado.

Pero las conversaciones entre Raúl Castro y la Iglesia podrían llevar a Obama a replantearse su estrategia sobre Cuba, dijo Sarah Stephens, del Center for Democracy in the Americas, un grupo de Washington que apoya la normalización de las relaciones con la isla.

"El diálogo Iglesia-Estado podría afectar positivamente la posición de Estados Unidos sobre Cuba por dos razones: mostraría que involucrarse con el Gobierno cubano da resultados (...) y porque avances en la isla aumentarían la presión internacional para que Estados Unidos cambie su posición", dijo.

La Unión Europea, por ejemplo, optó por restablecer el diálogo político con Cuba. La liberación de los presos daría un empujón al proceso, superando el escepticismo de algunos países que consideran los resultados demasiado lentos.

Solucionar el problema. Según diplomáticos europeos, en conversaciones a puertas cerradas con líderes de la Iglesia Católica el presidente Castro dijo querer "solucionar el problema" de los presos políticos.

"Están dispuestos a soltar a todos los presos, pero en sus propios plazos y términos", dijo una fuente.

Cuba ha negado hasta ahora la existencia de presos políticos. Los alrededor de 150 opositores tras las rejas son considerados "mercenarios" a sueldo de Estados Unidos.

Otro diplomático occidental en La Habana dijo que el Gobierno parece estar recalculando su estrategia a la luz del impacto que tuvo la muerte en febrero de Zapata, que irritó a intelectuales de izquierda dentro y fuera de la isla.

Es previsible que las críticas se disparen si muriera también el opositor Guillermo Fariñas, debilitado tras más de cuatro meses en huelga de hambre para reclamar la liberación de presos políticos enfermos. El Gobierno advirtió el fin de semana que corre peligro de muerte.

La sensación de que las excarcelaciones podrían estar a la vuelta de la esquina fue reforzada esta semana por la visita a Cuba del canciller español, Miguel Ángel Moratinos, en busca de "resultados positivos" sobre derechos humanos.

La Comisión Cubana de Derechos Humanos reportó que unos 40 presos políticos estarían siendo preparados para salir a la calle.

Cambio positivo. Castro optó por abordar el asunto de los derechos humanos con la Iglesia, que durante medio siglo fue vista con desconfianza por las autoridades comunistas de la isla.

"El Gobierno necesitaba un interlocutor en casa para tratar de salir del hoyo que se cavó tras la muerte de Zapata. La Iglesia era el socio menos inaceptable, comparado con los disidentes", dijo Perez-Stable, de la FIU.

Para el analista Phil Peters, del Lexington Institute en Washington, las conversaciones con la Iglesia Católica son un "cambio positivo" en el paisaje político de Cuba.

"El gobierno cubano está hablando con una institución cubana independiente sobre políticas domésticas, incluyendo derechos humanos. Y más importante todavía, ha informado de ellos a los cubanos a través de los medios oficiales", consideró el experto.