Lima. La toma de rehenes más importante del Perú en una década fue una estrategia para provocar "desesperadamente" a las fuerzas armadas en una zona remota y matar en emboscadas al menos a cuatro policías y militares, dijo un rebelde izquierdista que se adjudicó el reciente secuestro de 36 trabajadores.

En reportes de la prensa local e imágenes difundidas por la televisión este miércoles, Martín Quispe, alias camarada "Gabriel", mostró por primera vez su cara y desafió al gobierno del presidente Ollanta Humala, un militar retirado que ha prometido acabar con los remanentes del grupo rebelde Sendero Luminoso.

Los rebeldes, que ahora actúan en alianza con el narcotráfico, tomaron a sus rehenes el lunes y solicitaron dinero por la entrega de los trabajadores que pertenecen a empresas gasíferas que operan en la zona.

Luego de cinco días y tras acciones militares, los mismos insurgentes los liberaron sin recibir dinero a cambio, según el rebelde y el gobierno.

"Sí hemos entregado (la petición de rescate por US$10 millones), pero sabiendo nosotros mismos que no iban a cumplir", dijo Quispe en declaraciones obtenidas por un canal de televisión, en tono enérgico.

Vestido con una camiseta celeste y pantalón azul y rodeado de miembros de su grupo fuertemente armados, agregó que querían provocar al gobierno, "para que se alteren estos reaccionarios y desesperadamente manden a sus fuerzas para que nosotros los aniquilemos. Eso ha sido nuestro objetivo".

La declaración del cabecilla del grupo puso en duda lo dicho por el gobierno, que ha calificado como "impecable" y "victorioso" el operativo de liberación de los rehenes que incluyó el cerco de las fuerzas de seguridad contra los rebeldes.

Los trabajadores afectados laboran para la firma sueca Skanska y la peruana Ramsa, empresas que dan servicios al consorcio Camisea que explota la mayor reserva de gas natural ubicada en la región del Cusco, en el sureste del país.

"Ellos militarizan su tubería (gasoducto), para nosotros (es) mayor ventaja porque tendremos mayor ventaja de aniquilar a las fuerzas armadas ¿no es cierto?", declaró el camarada "Gabriel, quien dijo integrar el Partido Comunista del Perú, base del maoísta Sendero Luminoso cuya acción armada inició en 1980.

La retención de tres docenas de trabajadores por parte de remanentes de Sendero Luminoso ha generado presión contra Humala para acabar definitivamente con este grupo rebelde.

Humala -que asumió el año pasado- acudió a la zona dos veces la última semana para supervisar las operaciones y se vistió con ropa militar por primera vez en lo que va de su gobierno.

Gobierno defiende operación. El primer ministro peruano, Oscar Valdés, defendió la operación de las fuerzas de seguridad y negó que el gobierno haya sido "triunfalista" por la liberación de los rehenes.

"No vamos a permitir que un territorio del Perú sea una zona liberada donde los terroristas hagan lo que quieran", afirmó.

"La operación ha sido impecable, es que siempre va a haber muertos, lo que no dice el señor Gabriel es cuántos subversivos hay muertos. En un terreno como es allí, los subversivos recogen sus muertos y los entierran", agregó el primer ministro.

Una victoria rápida es difícil porque los insurgentes dominan la geografía donde operan y una muestra de ello es el saldo de víctimas, que podría crecer si se confirma que dos policías desaparecidos habrían sido "aniquilados", como dijo el líder rebelde.

Quispe dijo además que su columna rebelde atacó y derribó cerca a la zona del secuestro a un helicóptero que pertenecía al Departamento de Estado de Estados Unidos, utilizado por la policía como apoyo a la lucha antidrogas.

Ese atentado dejó la primera de las cuatro víctimas de las fuerzas de seguridad. Imágenes del helicóptero destruido entre la espesa vegetación del lugar fueron mostradas por medios locales.

El último zarpazo de los rebeldes en Perú abre un nuevo frente de conflicto para Humala que podría distraer otros temas urgentes como las protestas sociales, vinculadas principalmente al sector minero clave para la economía del país.

Si bien los rebeldes no representan un riesgo potencial para la estabilidad del Estado peruano, sus esporádicos ataques y emboscadas han dejado en los últimos tres años alrededor de 60 policías y militares muertos tras una ofensiva militar.

Sendero Luminoso tuvo su apogeo en las décadas de 1980 y 1990, periodo cuando el país sudamericano sufrió una guerra interna con un saldo de unos 69.000 muertos y desaparecidos.

Tras la captura de su líder y fundador, Abimael Guzmán, el grupo guerrillero quedó prácticamente derrotado y se replegó a zonas remotas de los Andes y Selva del país, principalmente en el denominado Valle del Río Apurimac y Ene (VRAE).

El reciente fue el mayor secuestro en la zona del VRAE luego de que rebeldes retuvieron en el 2003 a 70 trabajadores de la empresa argentina Techint, que fueron liberados sanos y salvos tras un día de cautiverio.