El amanecer del eurozombi. La caravana de coches fúnebres partió desde el cementerio y finalmente se estacionó frente a la sede regional del gobierno griego en Tesalónica. Para alivio de los funcionarios que observaban desde las ventanas, no eran zombies sino conductores que protestaban por el alza de los impuestos. Ahora un coche fúnebre está en Grecia al mismo nivel que un Ferrari o un Aston Martin, al ser cambiados a la categoría de “autos privados”, lo cual supone aumentos de hasta un 600% de algunos de sus costos.

La anécdota, ocurrida dos días antes de Nochebuena, muestra que las autoridades de Atenas han decidido exprimir hasta la más mínima fuente de ingresos en su esfuerzo tan desesperado, como probablemente inútil, para mantenerse dentro de la zona del euro.

La ironía del asunto es que, al menos para Grecia, dejar la dracma y operar en euros fue una forma de “vudú”: no por usar euros una economía se desarrolla. Dicho de una manera elegante, creer que una unión monetaria es repartir papeles con un mismo color y héroe a varios países es como creer que “banco central” es otro nombre para “hada”.

En la crisis actual del viejo continente otro de los problemas es que el “hada europea”, llamada también BCE, ha resultado amarreta y se niega a emitir eurobonos para respaldar las deudas nacionales, lo cual sería una forma de solidaridad al repartir los costos de endeudamiento.

Al no hacerlo, en 2012 el euro podría convertirse en un peligro para el planeta bajo dos caras: al derrumbarse súbitamente, en una oleada de pánico post default de una o dos naciones. O al sobrevivir por medio de ajustes fiscales que coloquen a las economías de la eurozona en recesión prolongada. Un informe del Banco Nomura reveló el mecanismo esperado de la primera opción: el sector privado y público francés tienen en sus manos deuda soberana de Italia por alrededor de US$ 540.000 millones. Si Italia defaulteara, Francia perdería el equivalente al 16,3% a su PIB de 2010. A su vez, la deuda francesa ya se acerca al 90% de su PIB. Y su exposición sumada a deuda de los países en problemas es de US$ 887.000 millones. Un desastre así la llevaría a rondar el 120%.

Respecto a la segunda de las opciones, Jérôme Creel, economista del ESCP-Europe, dice: “La crisis se encuentra en una fase donde ha pasado a manifestarse a través de restricciones presupuestarias, justo en momentos en que el crecimiento es escuálido”. Lo paradojal es que “las medidas adoptadas pueden empeorar la situación. Si los presupuestos se restringen, el bajo crecimiento se puede transformar en recesión y la deuda pública podría incluso aumentar. Un remedio peor que la enfermedad”.

Para algunos, un golpe de efecto podría ser una unión monetario-fiscal real entre Francia y Alemania. “¿Una unión monetaria franco-alemana? No creo que resuelva gran cosa. El origen de la crisis son las divergencias entre las realidades macroeconómicas y fiscales de los distintos países de la unión. Esto sería más bien dos países ricos poniendo barreras a su alrededor”, piensa Creel. Lo trágico es que, pese a los chistes tontos que se hacen sobre la irrelevancia creciente de Europa, para muchos países latinoamericanos es el destino del 20% a 40% de sus exportaciones, uno de los dos inversores externos principales y, lejos, el bloque que más donaciones y ayuda filantrópica entrega. Además, un socio comercial zombi contagia.

Casa Blanca extremista. Con su confianza en su “Destino Manifiesto”, EE.UU. siempre se piensa a sí mismo menos como parte del problema, que como parte –obligada– de la solución. El punto es que las elecciones presidenciales del presente año podrían inclinar la balanza de manera grave hacia la primera de las opciones, si los estadounidenses eligen como nuevo ocupante de la Casa Blanca a un hombre que considera que Martin Luther King era un pedófilo “que seducía a niñas y niños menores de edad” y se refiere a las personas de piel oscura como “animales”, o a otro que está obsesionado con el libro de ciencia ficción apocalíptica Un segundo después, el cual trata cómo un ataque de pulso electromagnético lleva “a que perdamos nuestra civilización en materia de segundos”. Se trata, respectivamente, de Ron Paul y Newt Gingrich, hombres del Partido Republicano. Lejos de ser excéntricos irrelevantes, se trata de dos legisladores de larga trayectoria que han sobrevivido a un par de “muertes políticas” cada uno.

Frente a ellos, Mitt Romney, ex gobernador de Massachusetts, aparece casi como un hombre de centro y mundo: organizó exitosamente la Olimpiadas de 2002 en Salt Lake City, fue creador de un private equity en 1983, habla francés ¡y hasta simpatiza con ellos! Por si fuera poco, aumentó los impuestos en su momento de gobernador para eliminar el déficit y lo logró. El problema es su religión. Mormón, las bases fundamentalistas cristianas del Great Old Party (GOP) lo rechazan.

¿Uno de ellos será quien derrote a Obama o a otro demócrata? “Aunque falta mucho todavía para empezar a tener cierta confianza para emitir un juicio. Me parece que el GOP aún no ha encontrado un candidato que pueda competir con Obama por más desafiante que parezca”, dice Khatchik Der Ghougassian, profesor de relaciones internacionales de la Universidad de San Andrés, en Buenos Aires. “La actitud desafiante del GOP tiene que ver con el deterioro de la popularidad de Obama más que cualquier atractivo de la alternativa republicana al actual presidente”, agrega. ¿Podemos esperar un candidato sorpresa, una wild card que defenestre a Obama? “Si surge, la wild card será más bien del campo de los liberal progresistas, alguien que haga campaña intentando capitalizar el descontento y la protesta social. Del campo conservador, ¿qué hay más a la derecha del Tea Party? Probablemente fascismo y racismo que en la democracia estadounidense no juntan votos”, anticipa el experto.

La expectativa es que el maniqueísmo no llegue a la Casa Blanca porque, si bien el conservadurismo estadounidense “se caracteriza desde Reagan con una creciente derechización, endurecimiento de las posturas, intransigencia y hasta agresividad hacia el oponente, es decir, una corrida del centro hacia la derecha”. Por fortuna “el votante estadounidense todavía se aferra al centro, y, por lo tanto, mayores chances siempre tendrá quien se muestre menos extremista”, estima Der Ghougassian.

El mundo podría resultar mucho más caótico con Gingrich en el poder, quien ya ha anticipado que atacaría a Corea del Norte e Irán, para destruir sus capacidades misilísticas. O con Paul, partidario de abandonar la OTAN, las Naciones Unidas, el NAFTA y la OMC. También de emitir patentes de corso (él las llama Letters of Marque) para que empresas o individuos privados persigan a los terroristas. Y no es todo. Como seguidor de Hayek y Mises, propone la eliminación, en fases, de la Reserva Federal y del sistema de salud pública. Además, cree que el calentamiento global es un fraude creado por los científicos. Una vuelta al siglo XVIII que nos podría empujar a un regreso global al siglo X.

Locos por la guerra. Israel tiene bombas atómicas, pero no reconoce que las tiene. Irán tiene uranio para hacer bombas atómicas, pero no dice que no las fabricará. EE.UU. dice que quiere lo mejor para Irán, pero envía aviones espías y lo amenaza con un ataque. Irán asegura que es un país democrático, pero permite a un grupo de personas especializadas en comunicarse con Dios decidir a qué opositores se mete presos y cuáles no. Israel se horroriza cuando escucha que Irán dice que debería ser borrado del mapa, pero considera natural impedir que Palestina tenga un lugar en el mapa. Los congresistas de EE.UU. apoyan cerradamente las acciones de Israel, pero algunos lo hacen por convicciones religiosas singulares: Israel tiene que existir para que se desate el Armaggedon y Cristo vuelva entonces a la Tierra.

Tres años antes de morir, en mayo pasado, la psicoanalista británica Hanna Segal concedió su última entrevista. En ella recordó que todas las sociedades delegan “lo que podríamos llamar las funciones ‘locas’ –lucha militar, religión– a subgrupos: el Ejército, la Iglesia”, pero, como la Historia nos enseña, “estos subgrupos deben estar bajo el control de la parte de la sociedad que trabaja efectivamente: mi punto es que cosas locas comienzan a ocurrir cuando los subgrupos quedan fuera de control y, en especial, cuando se combinan: Dios, dinero y militares son una receta particularmente mortal”.

Pues bien, es exactamente ese “plato” el que se está cocinando entre Israel e Irán. Hace pocas semanas Robert J. Einhorn, diplomático estadounidense, visitó Corea del Sur. ¿Su misión? Convencer al gobierno amigo de Seúl para que deje de comprar petroquímicos iraníes. Irán es hoy el tercer mayor exportador de petróleo y refinados del mundo. Corea del Sur es uno de sus cinco mayores compradores. La idea de EE.UU. es que, sin el dinero coreano, la economía de Teherán, ya maltrecha por múltiples restricciones, podría entrar en crisis y el régimen derrumbarse. No funcionó con Cuba ni con Sudáfrica y no lo hará con Irán, porque desesperar gobiernos autocráticos no es lo mismo que ahogar gobiernos democráticos.

Pero Einhorn, consejero especial para la no proliferación y el control de armas, cree que el bloqueo es una acción diplomática útil para no llegar a las armas.

Con esta escenografía, 2012 podría ser un año muy malo si alguno de los integrantes de este juego pierde la calma y el control. La chispa podría ser el probable bombardeo de Israel a la plantas de la industria nuclear iraní. ¿Cómo respondería Irán? ¿Con sus misiles convencionales? Sería una guerra absurda, sin ataques terrestres: aviones, pocos, contra misiles, muchos, pero casi con certeza inexactos. Otra opción es que Teherán cierre el estrecho de Ormuz, que posee apenas 54 kilómetros de ancho. Irán controla una de sus riberas. Omán y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), la otra. Por allí pasan 15,5 millones de barriles de crudo al día, un sexto del consumo mundial. Entre el 24 de diciembre pasado y este 3 de enero, la marina iraní realizó maniobras cubriendo 2.000 km entre el océano Índico y el estrecho, para demostrar que puede hacerlo. Su cierre llevaría al enfrentamiento con la Quinta Flota de EE.UU., una de cuyas subunidades, la Combined Task Force 150, tiene su base en Bahrein y una de sus misiones es, precisamente, proteger el estrecho. Se trata de una flota multinacional, con naves de 16 naciones.

Si Irán hundiese una nave estadounidense ello llevaría a una guerra con Washington de efectos difíciles de calcular, ya que Irán no es Irak. Tiene 78 millones de habitantes y dos fuerzas armadas paralelas (las tradicionales, 550.000 hombres, y las dependientes de los Guardianes de la Revolución Islámica, 120.000) y una fuerza paramilitar (Basij) de 90.000 activos y 300.000 reservistas. A menos que el régimen se derrumbase, una invasión parece estar más allá de la capacidad estadounidense, no así una larga temporada de bombardeos.

Como efecto el petróleo subiría de precio de manera grave, llegando a niveles desesperantes si Arabia Saudita se viese envuelta en las hostilidades y sus refinerías dañadas. La economía mundial terminaría entonces de detenerse, se abortaría la recuperación estadounidense, cuya economía reiniciaría el suicidio presupuestario que comenzó con la segunda guerra de Irak. Pocas recetas más inadecuadas y mortales. n

LA AGENDA NAÍM

Moisés Naím, uno de los más renombrados observadores de América Latina, tiene una visión clara sobre los temas principales que agitarán la agenda latinoamericana en 2012. En entrevista telefónica los comparte con AméricaEconomía.

Año electoral: Será un año eleccionario en varios países de América Latina, pero hay dos comicios de alta relevancia e impacto: el de México y el de Venezuela.

China: Hay que ver cómo navega América Latina ante una desaceleración de Asia. Específicamente de China, si es que eso sucede.

Argentina: Podría terminar la luna de miel de Cristina Fernández en Argentina. La complicada situación global puede traer una caída en los precios de los commodities y un impacto económico en los países que los exportan. Argentina tiene industrias nuevas y relevantes como la del shale gas, pero estas requiere inversiones, tecnología y paciencia. Y Argentina no ha creado un ambiente atractivo para los inversionistas. Se requiere paciencia para obtener retornos en el largo plazo, y sabemos que la paciencia no es una virtud que Argentina haya cultivado últimamente.

EE.UU. y Europa: El mundo desarrollado sigue siendo de alta relevancia para América Latina. Hay que ver cómo el lento crecimiento y los riesgos soberanos afectan a la región.

Brasil: Es muy importante ver si la economía de Brasil apunta a un aterrizaje suave o a uno más forzoso. Eso va a ser determinante. Hay que seguir también la gestión de la presidenta Rousseff. Veo con mucha admiración y aplaudo lo que ha hecho. Lula fue muy tolerante y pasivo con respecto a la lucha contra la corrupción. También fue indolente o rezagado con respecto a algunas de las reformas más importantes que Brasil urgentemente necesitaba, y no las llevó a cabo. Específicamente el tema de pensiones. Brasil es un país muy europeo en términos de la generosidad de su sistema de pensiones. Además está el tema de la infraestructura. Son tareas pendientes que Lula dejó como papas calientes a la gestión de Dilma. Además, Dilma ha sido muy distinta a Lula en términos de política regional. La veo muy enfocada en atender de manera prioritaria sus retos internos. Dilma no ha declarado a Hugo Chávez como su gran amigo y no ha dicho que los presos políticos en Cuba son criminales comunes, como sí dijo Lula. Debido a su pasado, Dilma tiene una disposición hacia los dictadores militares muy distinta a la amistad y afecto que demostró el presidente Lula.

Centroamérica: Veo un avance muy preocupante a la transformación de esos países en narcoestados, con el crimen, la droga y la violencia como factores al alza.  Muy preocupante.

CRIMEN ORGANIZADO, CLASE ASCENDENTE

* Juan Gabriel Tokatlián

En todo tiempo y lugar los sectores ascendentes procuran poderío económico, reconocimiento social e influencia política. Si, por un momento, se dejan de lado las perspectivas estrechas y moralizadoras sobre las drogas ilícitas y la criminalidad organizada, y se asume una mirada sociológica, es evidente que en América Latina se viene produciendo una gradual y profunda mutación: si en los sesenta y setenta despuntaba, en particular, en el arco andino, lo que en su momento se llamó “clase emergente”, a comienzos del siglo XXI se observa una clase en proceso de consolidación a lo largo y ancho de la región. 

Siguiendo a Edwin Stier y Peter Richards en su aproximación estratégica frente al tema, el crimen organizado se desarrolla en tres estadios. La fase “predatoria” inicial se distingue por la afirmación territorial de grupos criminales, los que garantizan su poderío por medio de la violencia. Con ello logran defender su empresa ilícita, eliminar rivales, ganar influencia local y asegurar el monopolio privado de la fuerza. El crimen organizado tiene a continuación una fase “parasitaria”, que implica una sustancial influencia política y económica, combinada con una evidente aptitud corruptora. Por último, alcanza un nivel “simbiótico” cuando, para lograr su afianzamiento, el sistema político y económico se vuelve tan dependiente del “parásito” —esto es, del crimen organizado—como éste de la estructura establecida.

En ese sentido, América Latina está siendo testigo del peligroso encumbramiento de una pax mafiosa; es decir, al crecimiento y afianzamiento de una nueva clase social criminal con capacidad hegemónica ante la desorientación de las elites dirigentes, la parálisis de la sociedad civil, el debilitamiento del Estado y de las inconsistencias de la comunidad internacional. Esta pax mafiosa, que se expresa más a nivel local que en el plano nacional, confirma la existencia de una sofisticada criminalidad organizada.

Hay dos modos de aproximarse a tal fenómeno: insistir que las drogas ilícitas son un problema de seguridad y que requieren una mayor dosis de “guerra”, o se asiste a un problema de gobernabilidad en el que la criminalidad organizada socava la democracia, debilita el Estado de derecho, facilita la corrupción, aumenta la injusticia social, produce costos directos e indirectos sobre la economía y exacerba una subcultura que premia la ilegalidad. En este caso, se necesitan políticas públicas más integrales, consensuales y focalizadas, en las que la punición no sea el eje predominante.

Durante 2012 una u otra vía ganará más adhesión en la región. Si se impone la alternativa más coercitiva, un efecto no deseado ni previsto será empoderar aún más a una acaudalada y ubicua clase criminal. Si se opta por la segunda quizás se logre desacelerar (y eventualmente desarticular) el firme ascenso de esa nueva clase que, en esencia, se nutre de un crony capitalism, se beneficia de un Estado frágil y cooptado por intereses particulares y tiene un ethos autoritario.

*Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Di Tella (Buenos Aires, Argentina).