Después de casi medio siglo de restricciones y prohibiciones para salir de la isla, el presidente Raúl Castro ha puesto en marcha una de sus reformas de mayor calado social al eliminar la mayor parte de los obstáculos para viajar de forma legal en un país donde muchos sueñan con poder subir a un avión.

La reforma migratoria que entró en vigor el 14 de enero suprime el denostado "permiso de salida", una autorización del gobierno para poder salir del país, además de otros engorrosos y caros trámites como la "carta de invitación".

Muchos cubanos no acaban de creerse las nuevas facilidades de una flexibilización migratoria que, entre otras novedades, también normaliza el retorno temporal de emigrados cubanos, incluso de algunos cuya salida del país fue considerada por el gobierno como ilegal y como "deserción".

ADIÓS AL RESTRICTIVO PERMISO DE SALIDA

"Esto es demasiado sencillo, aquí tiene que haber algo. Yo todavía no creo que sea así": así de incrédulo se mostraba un habanero de 38 años el día de la entrada en vigor de las nuevas leyes, cuando funcionarios de migración le confirmaron que su pasaporte estaba en regla, que su visado para viajar a Italia era correcto y que no necesitaba más que comprar un pasaje de avión para salir del país.

Hasta esta reforma, los cubanos solo podían salir de la isla si, entre otros requisitos, el gobierno les concedía "permiso de salida" o "tarjeta blanca", una autorización con la que se restringían los movimientos de la población y que ha sido uno de los mayores obstáculos para poder viajar.

Ahora ese trámite se suprime al igual que la "carta de invitación", que también era obligatoria en Cuba y que debían enviar a la isla familiares o amigos residentes en los países a donde se quería ir.

Otra destacada novedad es que se amplía de 11 a 24 meses el tiempo que un cubano puede permanecer en el exterior por motivos particulares, sin necesidad de las costosas prórrogas mensuales que regían hasta ahora.

La reforma migratoria cubana mantiene algunas limitaciones cuyo alcance se comprobará a medida que se aplique. Una de ellas se refiere a la concesión de pasaportes: el gobierno puede denegarlos por motivos de "interés público" o "seguridad y defensa nacional" entre otros.

Y para defenderse del "robo de cerebros" y talentos formados durante la revolución, determinados profesionales considerados "vitales" para el país requieren de autorización específica para viajar: se trata de cuadros directivos de empresas públicas, especialistas sanitarios o de la educación y atletas de alto rendimiento.

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PASAPORTES Y VISADOS

Suprimidas las principales trabas, los cubanos se enfrentan a otras dificultades si quieren viajar. La principal de ellas es la aguda crisis económica de la isla comunista, que no ha superado el trauma de la caída del bloque soviético en los años 90, a pesar de las reformas emprendidas por el presidente Raúl Castro para dinamizar el país.

Aunque la reforma migratoria abarata el conjunto de costes que antes eran necesarios para viajar, se multiplica por dos el precio para conseguir un pasaporte, que pasa de 55 a 100 CUC (moneda fuerte equivalente al dólar). Y eso en un país donde el salario medio mensual no llega a 20 dólares.

Otro de los "peros" depende de los países de destino, porque los residentes en la isla necesitan visado para viajar a casi cualquier parte del mundo con la excepción de poco más de una decena de estados.

Sin necesidad de visado los cubanos pueden ir a Antigua y Barbuda, Barbados, Bielorrusia, Granada, Liechtenstein, Malasia, Rusia, San Cristóbal y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas y Ucrania. Pero desde la isla no hay vuelos directos a la mayoría de estos países.

HACIENDO MALETAS

Sin perspectivas de que la reforma migratoria provoque un éxodo masivo, muchos cubanos se plantean sacar las maletas para emprender algún viaje, sobre todo para ver a sus familiares emigrados o para intentar trabajar fuera del país aunque sea temporalmente. Y la mayoría lo que quiere es salir y poder regresar a su país.

"Quiero salir de Cuba para conocer otro país donde radican mi familiares, algunos que no conozco, y regresar, porque aquí en La Habana tengo mi casa que no quiero perder y también a mi única hija", dice a Efe José Manuel González, un médico de 45 años que espera que no le afecten las limitaciones de movimiento para profesionales de la salud.

María Elena Hernández, especialista en nutrición, está optando por un contrato de trabajo en México: "todavía no tengo segura la plaza, si la consigo espero que las nuevas disposiciones migratorias me permitan viajar y trabajar para ganar algún dinero para el futuro de mis hijos que están estudiando aquí".

"Ahora lo que falta es que no me nieguen el pasaporte y entiendan que el dinero que envíe a mi familia para gastarlo aquí, también voy a contribuir a la economía del país", apunta.

Con diferente propósito, Idania Pagés, una joven peluquera autónoma de 32 años, casada y madre de dos niños de 2 y 5 años de edad, explica que su esposo es descendiente de judíos y, tras un primer viaje exploratorio a Israel, tienen en proyecto regresar a ese país para instalarse porque les parece que allí pueden conseguir un buen futuro económico.

"Estoy intentando aprender lo más posible de mi oficio, porque allá (en Israel) se paga muy bien, según lo que pude conocer cuando estuve el año pasado. Pero en principio, pienso mantener la propiedad de mi vivienda y acogerme a la nueva norma de la ley que permite permanecer fuera del país hasta 24 meses", añadió.

Maritza Gell, una jubilada de 69 años, ya tiene la visa para viajar a Estados Unidos, donde viven su único hijo y dos nietas, pero no aspira a quedarse sino "ir a pasar temporadas y regresar".

"Creo que sería una carga para mi hijo, además aquí tengo mis hermanos y no estoy segura de que pudiera acostumbrarme a vivir en Kentucky, una ciudad donde viven muy pocos cubanos y encontraría la barrera del idioma".

Sin embargo, María Esther Sánchez, viuda y ama de casa con un hijo que vive en Miami, dice que ya fue una vez de visita a EE.UU. y su plan en la próxima es quedarse.

"Quiero vivir los años que me quedan con mis hijos, ya he sufrido bastante con esta separación. Además aquí solo tengo la pensión que me dejó mi esposo y si no fuera por la remesa que recibo cada mes no se cómo podría mantenerme".

Yaser Caballero, de 28 años y empleado de un restaurante particular, tiene "muchas expectativas" con la reforma migratoria pero se hace dos preguntas: "¿lograré la visa? y ¿podré ahorrar lo suficiente para pagar el viaje?".

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RETORNO TEMPORAL DE EMIGRADOS ILEGALES

Con la "actualización" migratoria, Cuba además normalizará la "entrada temporal" de emigrados que considera "ilegales", incluidos médicos y deportistas que desertaron o abandonaron el país en los años noventa.

En concreto, el gobierno permitirá las visitas de quienes emigraron ilegalmente pero después de los acuerdos de La Habana y Estados Unidos de 1994 -cuando Washington se comprometió a conceder al menos 20.000 visas anuales a cubanos- y si hace más de ocho años de su abandono del país.

Esa medida, con idéntico plazo de ocho años desde el abandono del país, también regirá para profesionales de la salud y deportistas de alto rendimiento que "desertaron" en los años 90.

Por razones de defensa y seguridad nacional, no se podrán acoger a esa medida quienes salieron de la isla a través de la Base Naval de Guantánamo.

El gobierno de Raúl Castro ampliará también las causas de repatriación de emigrados ilegales en casos como los que tenían menos de 16 años cuando dejaron la isla o los que decidan regresar para hacerse cargo de familiares desvalidos.

Las autoridades cubanas sostienen que uno de los objetivos de la reforma es "favorecer las relaciones con la emigración cubana, que con el paso del tiempo ha cambiado" al pasar de ser "eminentemente política en los primeros años de la Revolución" a otra motivada por "razones económicas".

UN RETO PARA ESTADOS UNIDOS

Las nuevas leyes sobre los movimientos de los cubanos proyectan también retos hacia Estados Unidos. Y es que el tema migratorio ocupa un lugar destacado en el largo contencioso que mantienen Washington y La Habana desde el triunfo de la revolución castrista en 1959. Singularmente por la llamada Ley de Ajuste Cubano, que permite a los cubanos que logran entrar a EE.UU. obtener allí residencia permanente un año y un día después.

Medios oficiales de la isla han resaltado en las últimas semanas que esa ley de ajuste "obstaculiza cualquier avance en el proceso de conversaciones para regular la migración de forma ordenada, regular y segura" y tachan esa disposición estadounidense de "paradoja legal y anacronismo".

Aproximadamente, 1,4 millones de cubanos viven en el exterior, la mayoría de ellos (el 85,7 por ciento) en Estados Unidos y la mayor parte radicados en La Florida.

Tras la entrada en vigor de la reforma cubana, varias agrupaciones de exiliados cubanos en Miami han expresado su temor de que esa flexibilización de viajes al exterior haga peligrar la Ley de Ajuste Cubano y piden a los congresistas estadounidenses de origen cubano que ejerzan presión en Washington para protegerla.

"La ley de ajuste cubano corre peligro de ser derogada, porque se aprobó en los sesenta para proteger a los que escapaban (de Cuba). Ahora van a salir millones de personas más, pero buscando mejoras económicas y no por motivos políticos", considera el Partido Liberal Cubano.

Se calcula que cada año solicitan beneficios migratorios en EE.UU. bajo la Ley de Ajuste Cubano unos 20.000 cubanos: unos 18.000 por vínculos familiares y el resto arguyendo persecución política.

Según datos oficiales cubanos, en 2011 viajaron a Cuba más de 400.000 cubanos residentes en el exterior, de los que 300.000 residían en EE.UU.

Además, entre los años 2000 y 2012 se concedió el permiso de salida al 99,4 % de los que lo solicitaron y viajaron al exterior 941.953 personas, de las que 120.275 no regresaron.