Bruselas. Los separatistas flamencos del partido N-VA van camino de convertirse en el mayor grupo parlamentario en la Cámara baja belga tras las elecciones parlamentarias de este domingo.

A continuación, una mirada a lo que puede ocurrir a partir de ahora:

Los gobiernos belgas suelen incluir un grupo de partidos que representan a una mayoría de habla holandesa de Flandes y a otro grupo distinto de partidos de la parte del país de habla francófona. El último gobierno de coalición lo componían cinco partidos.

Formar un gobierno puede llevar un tiempo, el actual primer ministro Yves Leterme tardó nueve meses en ensamblar una administración después de las elecciones de 2007.

Alrededor de 60% de los 10,6 millones de belgas hablan holandés y el resto habla francés. Una pequeña minoría también habla alemán.

El primer ministro en funciones, Yves Leterme, tardó un récord de nueve meses para formar Gobierno en 2007.

A los pocos días de las elecciones, el rey Alberto suele nombrar un "informante". La persona, normalmente un político veterano que no formará parte del futuro Gobierno, celebra conversaciones con las partes y asesora al rey sobre qué coalición tiene más posibilidades de estabilidad y quién debería dirigirla.

Entonces el monarca nombre un "formador" para componer y potencialmente dirigir el nuevo Gobierno.

N-VA en el gobierno. La N-VA (Nueva Alianza Flamenca) ha prometido dar más poderes a la zona de habla holandesa y crearía idealmente una confederación, en la que Bélgica mantendría el control sobre muy pocos asuntos, como la política exterior y el Ejército.

Todos los líderes de los partidos de habla francesa expresaron voluntad de reformar el Estado, pero alegaron que el sistema "confederal" de Bart De Wever, líder del N-Va, va demasiado lejos y supone simplemente un paso hacia la disolución de Bélgica.

Una cuestión importante es saber si De Wever mantendrá la línea dura de su campaña o mostrará una voluntad de asumir compromisos después de su victoria electoral.

De Wever ha dicho que no tiene grandes deseos de convertirse en primer ministro ya que los líderes flamencos que se han convertido en dirigentes han rebajado generalmente el tono de su retórica pro-flamenca.

Ha sugerido en cambio permitir a un hablante francófono convertirse en primer ministro, por primera vez desde 1974, a cambio de un acuerdo de descentralización.

El candidato más probable es el líder francófono socialista Elio Di Rupo porque los socialistas son los que tienen más escaños.

Otros partidos flamencos también buscan más competencias para sus regiones, pero la mayoría no llega a defender el fin de Bélgica. Algunos analistas dicen que podría haber dos rondas para la formación de una coalición: una dentro de las regiones lingüísticas y otra para una coalición federal.

¿Meses de discusiones? El primer ministro en funciones, Yves Leterme, tardó un récord de nueve meses para formar Gobierno en 2007. El retraso incrementa el riesgo que los inversores principales exigen para satisfacer la deuda belga.

Los economistas dicen que Bélgica no se puede permitir otra ronda de tortuosas negociaciones, con su ratio de deuda con respecto al PIB cerca del superar 100% este año o el próximo.

Los analistas creen que las presiones económicas y el hecho de que Bélgica asuma el 1 de julio la presidencia de turno de seis meses de la UE podría ayudar a acelerar el proceso de formación de Gobierno.

De Wever ha dicho que no hay motivo para que las conversaciones se prolonguen durante seis o siete meses.

En el caso de que la N-VA abandonase los esfuerzos para formar un Gobierno, otros partidos podrían intentar crear una coalición.

Esto puede evitar que los especuladores financieros, en busca de una próxima víctima de la crisis de la deuda soberana de la zona euro, se centren en Bélgica.

Sin embargo, los partidos flamencos se dan cuenta que los electores han pedido una reforma del Estado y pueden considerar un suicidio político desoír las demandas de cambio de los votantes.

Nueva elecciones. Si ni los líderes de habla holandesa ni los francófonos pueden alcanzar un acuerdo durante meses, la convocatoria de nuevas elecciones podría ser inevitable, aunque no está claro que el electorado acepte votar de nuevo.