Lima. El esperado súbito avance de una izquierda moderada en las elecciones municipales y regionales de este domingo en Perú demostraría que el elector es volátil, pero no se inclinaría por una opción radical en las presidenciales de abril de 2011 que arriesgue el rumbo económico del país.

Según la última encuesta de intención de voto, la candidata centroizquierdista Susana Villarán y su rival conservadora Lourdes Flores prácticamente están empatadas en la elección para la alcaldía de Lima, la mayor plaza electoral del país porque congrega un tercio de la población votante de Perú.

Villarán tiene 37,1% y Flores 36,4%, según la última encuesta de Ipsos Apoyo. Hasta casi una semana Villarán tenía una ventaja de 10 puntos.

Podría ser entonces el primer triunfo político en casi tres décadas de una izquierda "moderna" en Perú y que planea presentar candidato para las presidenciales del próximo año.

Villarán, líder del novel partido Fuerza Social, emergió en las últimas semanas desde el fondo de las encuestas luego de que Flores, del tradicional Partido Popular Cristiano y la alianza Unidad Nacional, fuera la favorita por varios meses.

La posible victoria de la izquierda en Lima y de la mayoría de líderes independientes en las 25 regiones de Perú sería una dura derrota a los partidos tradicionales y un jalón de orejas al Gobierno del presidente Alan García, a quien le restan ocho meses para culminar su mandato de cinco años.

En el caso de algunas regionales, según las encuestas, se celebraría una segunda vuelta porque sus candidatos no lograrían 30% o más de los votos emitidos.

Perú registra tasas de crecimiento económico entre las mayores del mundo, pero con un gran déficit de infraestructura básica; mientras que la pobreza ronda 35% de un población de 29 millones de habitantes.

A continuación, algunos de los escenarios que pueden vislumbrarse:

Surge “nueva izquierda” en Lima. Un triunfo de Villarán en Lima reflejaría que en Perú la conducta del electorado es impredecible y podría cambiar en poco tiempo hacia una nueva opción, frente a la fragilidad y desprestigio de los tradicionales partidos políticos.

Inversionistas han advertido que el avance de una candidata ligada a la izquierda complicaría el panorama si las encuestas nacionales reflejan un apoyo mayor al esperado hacia el militar retirado Ollanta Humala, temido por los mercados y voceado candidato para la presidencial de abril del próximo año.

Humala, quien postuló sin éxito a la presidencia de Perú en 2006, figura cuarto en los sondeos de intención de voto.

El líder nacionalista, que ya ha recibido el apoyo del presidente venezolano y líder izquierdista Hugo Chávez, es el opositor más visible al modelo económico de García, un gran promotor de la inversión privada y libre mercado.

A casi seis meses de las elecciones presidenciales, la legisladora conservadora e hija del ex presidente Alberto Fujimori, Keiko Fujimori, lidera las preferencias con 24% en las intenciones de voto, según el último sondeo.

Le siguen el pragmático alcalde capitalino, Luis Castañeda, con 19%; el ex presidente Alejandro Toledo, con 16% y Humala, con 14%.

"Villarán ya ha tratado de distanciarse del candidato que preocupa más al mercado (Humala) y ha dicho que está más cerca del modelo socialista chileno que del modelo del (venezolano) Chávez", dijo el analista Pedro Tuesta de 4Cast.

En un reciente sondeo de Ipsos Apoyo, la encuestadora más respetada de Perú, figuró la opción de candidato presidencial del partido oficialista, el APRA, con 4%.

El presidente García está impedido de postular porque las leyes electorales no permiten una reelección inmediata.

Independientes en el interior del país. En el interior del país, según las encuestas, ganaría la mayoría de líderes independientes de zonas que frecuentemente protestan contra el Gobierno central, en demanda de mayor inversión y beneficios del actual boom económico.

Algunos, que tienen el apoyo de movimientos regionalistas y otros del partido de Humala, son radicales y se oponen a proyectos mineros y petroleros, que han sido en los últimos años los pilares en el desarrollo de Perú.

Arequipa -la segunda ciudad más grande del país- y Cusco -reciente foco de protestas contra un proyecto hídrico-, son claves porque reciben entre los mayores montos en dinero por regalías a la explotación de sus recursos naturales.

Analistas e inversionistas han expresado preocupación por un posible recrudecimiento de los conflictos sociales en el interior del país, donde el Estado tiene poca presencia y la influencia de los líderes regionales es casi avasalladora.

En los comicios del domingo, la participación de candidatos de partidos tradicionales sería un fracaso.

Por ejemplo, el partido oficialista y el más antiguo del país, APRA, ha presentado candidatos a 21 de las 25 regiones, pero según sondeos tiene la posibilidad de ganar sólo en la región La Libertad, la cuna del partido aprista.

"Sería el fin de los partidos tradicionales", dijo a Reuters el presidente del directorio de la encuestadora local Datum Internacional, Manuel Torrado.

Gana conservadora y partidos tradicionales. Es el escenario más difícil, aunque no imposible porque la mayoría del electorado peruano decide su voto a última hora.

Pero el resultado no debería provocar una sobre reacción del mercado financiero local. Esta semana, la moneda peruana estuvo estable y la bolsa limeña subió a un nuevo máximo de 28 meses por compras de acciones locales.

El presidente García dijo la semana pasada que los próximos comicios no deben afectar la percepción de los inversionistas, debido al sólido sistema financiero local y alto de nivel de reservas que pueden afrontar cualquier crisis local o externa.

García prometió el año pasado a empresarios que trabajaría para evitar que un izquierdista anti inversión privada gane las presidenciales de 2011, aunque luego se retractó y afirmó que garantizará el desarrollo para que los peruanos voten por un continuismo económico.

Perú tiene la calificación de las tres principales firmas del mundo de "grado de inversión", nota que le permite obtener dinero a bajo costo para financiar proyectos, aunque la fragilidad de sus instituciones es un punto débil.