Ciudad de México. Jóvenes, nacionalistas y antisistema. Su logo es la rana Pepe. Su viva voz: el candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump. Ellos son Alt-Right, la nueva derecha alternativa de Estados Unidos, heredera del supremacismo blanco, pero que reniega cualquier influencia de grupos como el Ku Klux Klan o los neonazis.

El Partido Republicano no es santo de su devoción y a los más conservadores los tildan de cuckservatives, una mezcla de las palabras cornudo y conservador. Trump se libra porque es como ellos: antisistema, racista, y, además, con una alergia compartida a la hipocresía de lo políticamente correcto.

"El movimiento de la derecha alternativa busca desmantelar a las instituciones conservadoras para dar una voz política a una serie de exiliados de la extrema derecha”, indicó a Excélsior Brian Levin, director del Hate Monitor Center de la Universidad Estatal de California.

Los abanderados de ese grupo (activistas e ideólogos) sienten que “la identidad blanca europeo-estadunidense está siendo atacada por la creciente multiculturalidad, la globalización y la corrupción de los principales partidos políticos”, señaló, y añadió que el grupo tiene “tintes hitlerianos” con un odio a los judíos, además de a los musulmanes y a todos los que lucen un color distinto de piel.

La subida al poder de Barack Obama en 2008 desarrolló los tentáculos de esta facción ultranacionalista, con influencias del populista Tea Party (partido promotor del motín contra la Ley del Té, que inició la guerra de independencia estadunidense).

Un negro al mando de la potencia norteamericana rompió los esquemas de estos radicales, quienes, de la mano de Trump, crearon el mito de que Obama no es estadunidense y que, además, comulga con la religión musulmana.

Las redes sociales, Twitter sobre todo, son la escopeta para disparar sus balas. Bromean, provocan, ofenden e incluso acosan a quienes no comulgan con sus ideales extremistas. Según la revista Time, “el acoso se ha convertido en la principal herramienta de Alt-Right”.

Los memes son su perdición, y el color verde de la rana Pepe, declarada símbolo de odio en Estados Unidos por la Anti-Defamation League, resalta entre ellos. El mismo Trump retuiteó uno de sus mensajes para atacar a su rival acérrima, la candidata demócrata, Hillary Clinton. Ésta aparecía junto a una estrella de seis puntas bajo el mensaje de: “¡La candidata más corrupta!”.

El escándalo de los correos electrónicos que acusa a Clinton de haber usado un servidor privado mientras era secretaria de Estado les vino como anillo al dedo a sus detractores. De hecho, la candidata demócrata acusó al empresario de “apoyar a un sector radical a asumir el control del Partido Republicano”.

Todas estas acusaciones se retroalimentan en Breitbart news, su principal plataforma mediática y una de las mil webs más populares de internet (según el medidor de audiencias Alexa), amén de que este movimiento radical cuenta con más seguidores de lo esperado.

"Diría que hay miles de estadunidenses que simpatizan con él, está claro que cada vez son más, pero no se puede determinar cuántos son porque la gran mayoría no lo admiten públicamente”, declaró a ABC News Jared Taylor, editor de la revista online American Renaissance, defensora acérrima de la supremacía blanca.

Hasta hace unos meses el director de Breibart era Steve Bannon, actual jefe de campaña de Trump, quien se encargó de que la imagen publicitaria del empresario saltara al entrar en la web. Como editor jefe quedó el “supervillano más famoso de internet”, el periodista Milo Yiannopoulos, suspendido de Twitter por haber acosado a una de las actrices de la saga Cazafantasmas. Además de Breibart, 4chan y 8chan son otros foros en los que estos radicales se desahogan.

Ahora, a escasos días de las presidenciales del 8 de noviembre, Trump y Clinton se pisan los talones en la maratoniana carrera para sentarse en el Despacho Oval. Claro no hay nada, excepto que Alt-Right llegó para quedarse y un fracaso de Trump no va a extinguir este movimiento. “Lamentablemente, los prejuicios, acompañados de mensajes nacionalistas, aislacionistas y racistas tienen cabida dentro de una minoría representativa de blancos americanos que se sienten parte de un amplio movimiento socio-político”, sentenció Levin.