Brasilia. La candidata oficialista para la presidencia de Brasil, Dilma Rousseff, parece encaminada a ganar las elecciones de este domingo y está previsto que mantenga la mayor parte de políticas económicas, pero podría fortalecer el rol del Estado en sectores específicos.

El fuerte gasto gubernamental, políticas petroleras y el nuevo equilibrio del poder en el Congreso tras los comicios son algunos de los riesgos a vigilar en Brasil el próximo año.

Elección presidencial. Sondeos de opinión muestran que Rousseff, del oficialista Partido de los Trabajadores (PT), podría ganar en primera ronda este domingo o en un balotaje el 31 de octubre. Su principal oponente es José Serra, ex gobernador del estado de Sao Paulo, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

Rousseff es la ex jefa de Gabinete del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y su imagen se ha visto respaldada por una pujante economía y la enorme popularidad del mandatario.

A diferencia de elecciones anteriores, no hay un claro favorito de los mercados porque ninguno de los principales candidatos apuntó a querer desviarse de las políticas económicas aplicadas durante la última década.

Tanto Rousseff como Serra favorecen un gobierno fuerte y más intervención estatal en varias partes de la economía.

Analistas creen que Serra podría adoptar una línea más dura en disputas comerciales con Argentina y el bloque sudamericano Mercosur.

La candidata oficialista ha hecho énfasis en políticas macroeconómicas de mercado para ganar a votantes de centro y evitar preocupar a los inversores.

Sin embargo, podría aumentar el rol de empresas estatales en industrias estratégicas como la petrolera, la de telecomunicaciones y la energética, además de alejarse de las profundas reformas a las leyes laborales o la política fiscal que algunos inversionistas dicen mejorarían el clima empresarial del país.

Serra, por su parte, ha sugerido un mayor rol del gobierno en políticas monetarias y cambiarias, generando algunas preocupaciones en los mercados financieros.

Como resultado, inversores en industrias estratégicas enfrentarían más riesgos con Rousseff, mientras que los jugadores del mercado cambiario los tendrían más con Serra.

La incertidumbre sobre el rol estatal bajo Rousseff podría minar el apetito de los inversores para planeadas emisiones de acciones.

Serra ha llamado a bajar la tasa de interés y ha dicho que la moneda, el real, está sobrevaluado y que el Banco Central necesita seguir la política económica del Gobierno.

Rousseff, una ex activista de izquierda, ha elogiado al Banco Central y ha prometido continuidad. Ha afirmado que la autoridad debe seguir concentrándose en controlar la inflación en los próximos años antes de considerar el crecimiento económico y empleo para establecer su política monetaria.

También existen dudas respecto a qué tan firmemente los candidatos presionarían por reformas estructurales de segunda generación para asegurar la competitividad internacional.

Ambos concuerdan en la necesidad de reformar el complicado sistema tributario de Brasil para estimular las inversiones, pero no han entregado muchos detalles al respecto.

Serra quiere reformar el sistema previsional mediante el recorte de beneficios para algunos servidores públicos, mientras que Rousseff ha desestimado la necesidad de amplias reformas en el futuro cercano.

Ninguno de los dos propone la nacionalización de empresas, pero la propuesta de Rousseff para fortalecer firmas estatales podría debilitar la participación privada en los sectores financiero, petrolero y de servicios básicos.

Rousseff sostuvo que el crecimiento de bancos estatales no entorpecería el funcionamiento de los privados, que considera necesarios para impulsar la expansión económica y estimular la competitividad.

Los planes gubernamentales de utilizar a la empresa telefónica estatal Telebras para expandir el acceso a internet de banda ancha también movió acciones y podría afectar el desempeño de firmas privadas de telecomunicaciones, dependiendo de su participación en acuerdos.

Rousseff adoptó la propuesta de Lula para fortalecer a la compañía eléctrica estatal Eletrobras, aunque el intento podría ser principalmente expandirla en el exterior.

Serra es visto en forma generalizada como el más duro entre los dos en lo que respecta a disciplina fiscal.

Rousseff ha prometido una ambiciosa meta de superávit fiscal primario de 3,3% del Producto Interno Bruto (PIB), pero ante el temor de perder su gran ventaja en sondeos, no se ha comprometido con recortes presupuestarios impopulares.

¿Qué vigilar?:

- Detalles de las propuestas de Rousseff para corporaciones estatales.

- Señales de que Rousseff esté preparando medidas de austeridad para cumplir con su meta presupuestaria desde inicios de su mandato.

Gasto gubernamental. El gobierno mantiene un alto nivel de gasto antes de las elecciones, con lo que podría alimentar la inflación y forzaría al próximo presidente a adoptar medidas de austeridad.

El gasto público subió con fuerza en 2009, disminuyendo el superávit presupuestario primario a un mínimo histórico de ocho años de 2% del Producto Interno Bruto (PIB).

El ministro de Hacienda, Guido Mantega, ha prometido buscar un superávit de 3,3% del PIB en 2010, pero en los últimos 12 meses hasta julio la cifra llegaba a sólo 2,03% del PIB.

¿Qué vigilar?:

- Cifras mensuales débiles de superávit primario indicarían una disciplina fiscal en deterioro y podrían presionar hacia arriba los futuros de la tasa de interés.

- Señales de que Lula pueda disminuir el gasto tras las elecciones para evitar que Rousseff tenga que incurrir en impopulares medidas de austeridad.

Petróleo y gas. El gobierno brasileño aumentó su participación en la petrolera estatal Petrobras mediante una enorme capitalización que atrajo un apetito inversionista mayor del esperado. Sin embargo existen riesgos asociados al acuerdo.

Petrobras podría utilizar parte de los US$70.000 millones que recaudó para invertir en proyectos como refinerías que tienen un mayor desarrollo económico pero menores remesas, dañando los intereses de accionistas minoritarios.

Además, el gobierno aumentó su participación en la compañía a 48% del total de las acciones en circulación, desde su 40% anterior.

El marco legislativo del gobierno para aumentar el control y explotación estatal de nuevas reservas de petróleo ha sido paralizado en el Senado y no será votado hasta después de las elecciones.

La propuesta también apunta a que las ganancias sean encaminadas al Estado para ayudar a financiar inversiones en áreas como infraestructura, educación y programas de reducción de la pobreza.

Si son aprobadas, las medidas probablemente van a reducir la competencia en el sector e impulsarán el rol de Petrobras, ofreciendo menos pero aún atractivas oportunidades para inversores extranjeros.

Críticos afirman que las nuevas leyes amenazarían la eficiencia del exitoso sector petrolero de Brasil al estancar las inversiones y aumentarían los peligros de corrupción e interferencia política.

¿Qué vigilar?:

- Señales de que el Congreso pueda acordar cómo distribuir los ingresos petroleros entre el gobierno federal y los estados, allanando el camino para la aprobación de leyes petroleras tras las elecciones.

Minería. El gobierno planea enviar al Congreso este año el marco de una legislación diseñada para estimular la exploración y producción. Esto mejoraría la supervisión regulatoria y reduciría la vida útil de las concesiones mineras en un intento por desalentar la especulación en las propiedades de minerales

Líderes del sector han advertido que restricciones excesivas podrían actuar como un desincentivo a nuevas inversiones.

Autoridades mineras dicen que una vez que la nueva legislación entre en vigencia, el gobierno podría discutir un posible aumento en regalías para el sector minero, incluido el mineral de hierro.

Esto podría golpear el principal negocio de Vale, el mayor exportador mundial de mineral de hierro, así como productoras de otros minerales y acerías. El comando de campaña de Rousseff ha negado que ella tenga planes para subir las regalías.

¿Qué vigilar?

- Presentación de la nueva ley minera al Congreso con posibles cambios.

- Filtraciones de discusiones sobre regalías.

Apoyo del Congreso. La coalición de Rousseff está previsto que gane una clara mayoría en el Congreso y avance su agenda legislativa. Pero el progreso dependerá de qué tan bien la inexperta candidata pueda lidiar con aliados a menudo indisciplinados.

Si Serra ganara, el gobierno de Lula perdería su mayoría en el Congreso en la medida en que algunos legisladores se mudan a la coalición del presidente electo.

Esto podría crear un Parlamento estancado, con pocas posibilidades de aprobar importantes proyectos de ley antes de que Lula abandone la presidencia el 1 de enero de 2011.

Corrupción. Como estaba previsto, surgieron ataques de imagen y escándalos de corrupción durante la campaña electoral. No sólo influyentes en el resultado de las elecciones, sino que además tienen el potencial de paralizar el Congreso y ampliarse a disturbios políticos que afecten a partidos y coaliciones.

El mismo Lula casi enfrentó un proceso de impugnación en 2005, cuando su partido se vio involucrado en un escándalo de financiamiento ilegal de campaña.

Política exterior

Si es elegido, Serra podría enfriar vínculos con algunos aliados de izquierda de Lula en Latinoamérica. Eso podría afectar inversiones energéticas en Bolivia y Venezuela, donde Lula impulsó a Petrobras a invertir para aumentar la integración regional.

Serra acusó a Bolivia de hacer la vista gorda al narcotráfico en la frontera y también ha criticado a Venezuela por albergar a rebeldes colombianos en su territorio.

Analistas creen que Serra podría adoptar una línea más dura en disputas comerciales con Argentina y el bloque sudamericano Mercosur.

Rousseff prometió continuar con la política exterior actual y podría mantener al actual ministro de Relaciones Exteriores, Celso Amorim, o nombrar a su subsecretario, Antonio Patriota, como titular de la cartera.

Pero debido a su prioridad en asuntos internos y su relativo bajo perfil internacional, es improbable que sea tan influyente en diplomacia como Lula.