Ciudad de México/Washington. El presidente mexicano, Felipe Calderón, presionará a su par estadounidense, Barack Obama, para que refuerce la lucha contra el consumo de drogas en su país y el tráfico ilegal de armas a México cuando ambos líderes se reúnan este jueves en Washington.

La cita tiene como objeto superar las dificultades en la alianza de ambos países en el combate al narcotráfico.

Calderón acusó la semana del 24 de febrero a Estados Unidos de dañar los esfuerzos para enfrentar a los carteles de las drogas, sólo días después de que uno de los peores ataques contra funcionarios estadounidenses en México dejó a un agente de la DEA muerto y a otro herido.

"Ignorante". En lugar de tranquilizar a Washington, Calderón criticó al embajador estadounidense en México, calificándolo como "ignorante", y criticó al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por su sigla en inglés), la CIA, y la DEA por su rol en la guerra contra las drogas.

"La CIA y la DEA o el ICE en verdad no se coordinan, incluso rivalizan entre sí", dijo a un diario de su país.

La disputa ha elevado la temperatura para la primera visita de Calderón a Washington desde mayo, aunque ambos líderes nuevamente se comprometerán a luchar contra las pandillas que afectan el comercio, la inversión y el turismo, especialmente en las áreas fronterizas cada vez más difíciles de fiscalizar.

Visita en momento poco auspicioso. El gobierno de Obama ha puesto una gran atención en México y reconoce su parte de responsabilidad por el caos en la frontera. Pero la visita de Calderón se produce en un momento poco auspicioso, con una Casa Blanca enfocada en los cambios políticos que se extienden por Oriente Medio.

Calderón dijo que Washington debe hacer más para reducir la demanda estadounidense de drogas y detener la venta ilegal de armas a México. Un funcionario estadounidense de alto rango dijo que ya se aumentaron los esfuerzos para concretar esos objetivos.

Desde que Calderón lanzó una lucha abierta contra los cárteles a fines del 2006, más de 36.000 personas han muerto, lo que aumenta la presión sobre México y Estados Unidos para que incrementen su respuesta.

La distribución de datos de inteligencia se ha reforzado, pero la desconfianza entre las fuerzas de seguridad ha entorpecido los avances. Los recursos de México son limitados y Estados Unidos tiene pocas opciones, consciente de tratar con cuidado a un vecino que resguarda celosamente su soberanía.

Calderón ha puesto en juego su nombre en su intento de ganar la guerra contra las drogas, pero la violencia ha dominado su presidencia, entorpeciendo los esfuerzos para liberalizar la economía e instar a la inversión extranjera.