Río de Janeiro. A semanas del final de su mandato, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, vaticinó que el "momento mágico" de prosperidad del país se mantendrá durante el gobierno de su sucesora, Dilma Rousseff, aunque parecía menos esperanzado sobre futuras reformas en la economía.

Lula, que por momentos se mostró filosófico, a la defensiva y que hasta hizo bromas, dijo que las grandes inversiones en infraestructura, como vías férreas y equipamiento para la producción de petróleo, eran la mejor garantía de que el crecimiento se mantendrá después de que Rousseff lo reemplace el 1 de enero.

"Este momento mágico que está viviendo Brasil no es sólo algo pasajero", dijo Lula, de 65 años, ante un grupo de corresponsales extranjeros en Río de Janeiro.

"No resolvimos todos los problemas de Brasil, pero dimos pasos extraordinarios", agregó.

El ex líder del sindicato de los trabajadores metalúrgicos ha conseguido el estatus de héroe tanto en casa como en Wall Street por una administración económica estable y programas sociales que han sacado a 20 millones de brasileños, o más de un 10 por ciento de la población, de la pobreza extrema desde que asumió el primero de sus dos mandatos en el 2003.

Brasil, que anteriormente era conocido por convivir con crisis e hiperinflación, es ahora uno de los pocos puntos económicos brillantes en el mundo junto a otros mercados emergentes como China y la India, y se prevé que su economía crecerá más de un 7 por ciento este año.

Sin embargo, Lula habló con cautela sobre un tema que muchos inversores consideran una precondición para el crecimiento continuo y robusto: si Rousseff será o no capaz de aprobar reformas impositivas, laborales y fiscales para reducir los aún altos costos de negocios de Brasil.

"A mucha gente le gusta hablar sobre reformas (...) es chic", afirmó. "Pero en la práctica, es difícil", añadió.

Infraestructura. El mandatario reconoció su propio fracaso a la hora de impulsar tales reformas en el Congreso, pese a índices de aprobación de casi un 80 por ciento y lo que fue, al menos en el papel, una clara mayoría legislativa.

"Con seguridad esto es algo que (Rousseff) tratará de arreglar al comienzo de su Gobierno", manifestó Lula, quien también desestimó crecientes preocupaciones de que los estadios de Brasil y la infraestructura para el Mundial de fútbol 2014 pueda salirse de presupuesto o no estar lista a tiempo.

El presidente predijo que el certamen otorgaría un impulso duradero a la economía de Brasil, "a menos que perdamos en el (estadio) Maracaná, como lo hicimos en 1950", en referencia a la derrota de Brasil ante Uruguay en la Copa del Mundo de ese año. "Ahí, será un desastre económico", señaló entre risas.

Lula, quien por ley no puede buscar un tercer mandato consecutivo, no comentó sobre especulaciones de que podría volver como presidente en el 2014.

En vez de eso, dijo que "no tenía planes" después de enero y parecía no tener claridad respecto a cómo seguir participando en la política nacional.

Hacia el final del evento, agradeció a la audiencia y dijo: "Los veré (...)", y entonces hizo una pausa, frunciendo el ceño. "Los veré cuando Dios lo quiera, supongo", concluyó antes de retirarse.