Brasilia. A partir de este martes, día en que comienza la campaña electoral para las elecciones presidenciales del próximo 3 de octubre, Brasil tendrá presidente 12 horas. Así lo anunció Luiz Inácio Lula da Silva, quien pese a haber sido multado en seis ocasiones por la justicia electoral, decidió que la mejor manera de asegurar el triunfo de su candidata, Dilma Rousseff, es participar abiertamente en su campaña.

Por eso, Lula trabajará de ocho a seis. Después de ese horario, se desmarcará de sus funciones presidenciales y se dedicará a acompañar a Rousseff en las giras y mítines políticos. Vale decir que los fines de semana, da Silva también dejará de ser mandatario para viajar con ella, si los sondeos así lo indican.

La campaña arranca con un escenario absolutamente polarizado y con la oficialista Dilma Rousseff y el opositor José Serra empatados en las intenciones de voto.

Estas elecciones, según analistas, serán muy trascendentales en la historia brasileña, pues no sólo se elige al sucesor del mandatario más popular de todos los tiempos, sino que son las primeras, desde 1989, en las que el ex sindicalista no postulará a la Presidencia.

“El problema es que no siempre la popularidad es heredable, y Rousseff está compitiendo con un hombre muy trajinado en la política. Vamos a ver cuánto influye la mano de Lula en este proceso”, explicó Mariella Gomes, analista brasileña.

El mandatario no ha disimulado su deseo de que la ganadora de la contienda electoral sea Rousseff. En múltiples ocasiones ha aprovechado sus discursos presidenciales para pedirles a los brasileños que la elijan; la invita a todos los eventos en los que pueda tener figuración para que el pueblo se acostumbre a verla. Incluso estudió con sus asesores la posibilidad de dejar el cargo durante tres meses para poder dedicarse a apoyar su campaña. Pero le dijeron que todo esto era una locura. “El presidente más querido del país no puede enviar ese mensaje al pueblo, mucho menos luego de decir que él no se quiere reelegir y que no va a influir en las leyes electorales”, agregó Gomes.

Dilma Rousseff, heredera del legado político de Lula, es una economista de 62 años con pasado guerrillero, que ocupó los cargos de ministra de Minas y Energía y de la Presidencia. La “Dama de Hierro” del Gobierno de Lula, como es conocida por su rudo carácter, no se ha postulado nunca a ningún cargo de elección popular. Cuenta con el respaldo de la mayoría de las formaciones de la actual coalición de gobierno, en la que destaca el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB, centro derecha), que tendrá al diputado Michel Temer como candidato a vicepresidente en la fórmula oficialista.

La oposición optó por José Serra, ex gobernador y alcalde de Sao Paulo, ex ministro de Planificación y de Salud en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1995-2003), y quien ya fue derrotado por Lula en las presidenciales de 2002. Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), ha recibido apoyo de otras formaciones minoritarias, como los partidos Demócrata (DEM), Popular Socialista (PPS) y Laborista Brasileño (PTB, sigla en portugués).

Con el inicio de la campaña, también comienza un fuerte debate sobre el horario de un presidente. La oposición brasileña se pregunta si un mandatario tiene horario de oficina y después de eso puede apartarse de su cargo para hacer cualquier otro tipo de actividad política.