Bogotá. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, se dirigió este jueves en la noche a miles de sus partidarios en la Plaza de la Independencia de Quito tras ser liberado del hospital donde estaba recluido mediante una operación llevada a cabo por militares en un enfrentamiento con policías sublevados.

Correa saludó a sus simpatizantes que lo esperaban en la plaza de la independencia, frente a la sede del ejecutivo, y aseguró que se trató de un día “de profunda tristeza”.

“Es un día de profunda tristeza que jamás creí que iba a llegar en mi gobierno que solo busca el buen vivir”, señaló. Agradeció a los ciudadanos que fueron a “rescatarle” al hospital y que, según dijo, fueron recibidos con “gas pimienta, gas lacrimógeno, con pedradas”, supuestamente por policías sublevados.

Correa comentó que entre los sublevados había policías uniformados de tropa, pero también vestidos de civil y agregó que también debieron haber estado opositores de partidos políticos. Correa fue enfático en señalar que el culpable de lo acontecido fue el ex mandatario Lucio Gutiérrez, quien desmintió desde Brasil tales aseveraciones.

“Muchas gracias a esos héroes que me acompañaron en esta jornada”, dijo al mencionar entre ellos a sus guardias personales, ministros y asambleístas que lo acompañaron en el cuarto del hospital “dispuestos a dar la vida” por su presidente.

El gobernante aclaró que “jamás cedieron” ni aceptaron “negociar nada bajo presión” y señaló que no habrá impunidad. También expresó su agradecimiento a los presidentes que lo llamaron a solidarizarse.

Indicó que en el Regimiento Quito, a donde acudió para dirigirse a los policías sublevados, sintió “como una puñalada en la espalda” al ver la situación pues, a su criterio, ningún gobierno ha atendido tanto a la institución policial.

"Han caído hermanos ecuatorianos", aseguró, al referirse a los cruentos enfrentamientos entre sus propias fuerzas del orden y que habría dejado una persona muerta, aunque las fuerzas del orden hablan de sólo heridos.