-En su calidad de exiliada por la dictadura de Pinochet, ¿cómo fue su experiencia como migrante?

-Así es, estuve en calidad de exiliada desde el año 1975 a 1989, y claro, fui una emigrante de Chile y una inmigrante en Francia. Creo que las condiciones y apelativos que hay sobre refugiados, inmigrantes o exiliados, etc., en ciertas condiciones, no tienen ninguna importancia. Ahora yo tuve algunos "capitales" -como los llama Pierre Bourdieu- que me permitieron vivir en Francia por el apellido o por mi historia familiar que llegó a Chile en el siglo XIX, siendo muy pobre, lo que facilitó la vida durante el exilio. Pero por cierto, mi condición de extranjera, se notaba más. Por ejemplo, al hacer grandes filas en las oficinas de Extranjería, donde existía el tuteo inmediato, el desprecio... Pero es un fenómeno mundial, ocurre en todas partes del mundo.

-¿Un país tan rico en capital intelectual como Francia también es proclive a la discriminación?

-Existe, pero claro, también hay más legislaciones o condenas a discursos que promuevan el odio, aunque eso no significa que no existan. Quizás no lo viví a modo personal, pero sí me tocó verlo, especialmente contra las personas que venían desde África del norte o sur, y que eran efectivamente mucho más maltratados.

-¿Chile también podría ser catalogado como un país básicamente compuesto por emigrantes e inmigrantes?

-Por cierto, es la emigración que ha caracterizado a Chile desde los años 50, cuando por la crisis económica cruzaron a Argentina. Después hubo una emigración más masiva, desde 1973, por razones políticas, económicas o de persecución con más de un millón de chilenos que salieron del país. Por ello, las migraciones que hoy llegan al país es importante pensarlas desde nuestras propias migraciones, para un ejercicio más comprensivo.

BLANQUEAMIENTO

-Debido a las numerosas migraciones que llegan hoy a Chile, el tema de la "raza" ha estado en el debate público. ¿Qué opina de ese concepto?

-Primero, ha sido la Unesco la que ha dicho que dicho concepto no tiene ninguna validez. Esta discusión sobre la raza no es nueva, y tiene su origen en el hecho de que hemos sido colonizados, por una parte, y también en la llegada de personas venidas desde África y que en Chile vivieron y fueron teniendo descendencia. El otro factor importante es que en la formación de la Constitución del Estado, la discusión de la raza vuelve a tener una importancia central, porque se invita en el siglo XIX a personas de Europa, principalmente a alemanes, austro-húngaros o suizos, a venir a Chile con dos propósitos: poblar los territorios del sur y mejorar la raza (también se dijo blanquear la raza).

-Entonces, cuando se quiso "blanquear" la raza la migración no fue un problema en Chile.

-Exacto. Cuando se quiso blanquear o mejorar la raza, por parte del Estado chileno, la migración no fue un problema. Ahora este propósito de mejorar la raza en Chile tenía que ver con un pueblo específico, que es el pueblo mapuche.

-¿De dónde viene esta obsesión por ser blanco en chile?

-La cuestión de ser blanco tiene que ver con el desarrollo a la europea, y por lo tanto,  con el desarrollo blanco. Entonces, esta idea, este imaginario de que los chilenos y chilenas somos blancas, tiene que ver con algo que viene de antes, con una historia que sería necesario enfrentar, examinar y tratar.

-Hoy, producto de pasados conflictos bélicos y problemas de índole limítrofe, los chilenos hemos generado un sentimiento de resentimiento y superioridad de raza frente a peruanos y bolivianos, por ejemplo. ¿Cuál es su análisis?

-Eso tiene su origen debido a la chilenización en la zona norte del país. Eso que implicó "el borrar todo rastro peruano", o sea, se manifestó en matanzas, ligas patrióticas, marcas con alquitrán en las casas de peruanos que después persiguieron y asesinaron, durante el siglo pasado. Si se junta todo esto, dicha idea de superioridad frente a los vecinos del norte se instala en el sentido común –esa idea-, una historia que se va contando a otros, deformándola. Si lo llevamos a los años 90, donde comienza a llegar una nueva gran migración peruana al país, ellos también fueron muy maltratados.

-¿El maltrato se acentúa contra las mujeres migrantes?

-Se agrava más. Por ejemplo, las mujeres colombianas y dominicanas lo viven del peor modo, porque esa racialización esta sexualizada. Entonces, el trato y maltrato cotidiano se va naturalizando, es decir, la sociedad chilena lo va naturalizando. Hoy aparece como algo normal, incluso legítimo, maltratar a las personas por su color de piel en Chile.

VISA CONSULAR

-La semana pasada se anunciaron medidas desde el gobierno para regular la migración a Chile. Estas medidas, ¿van al centro del problema?

-Primero, en Chile no existe una ley de inmigración hoy. Lo más cercano es un decreto del año 1975 -firmado por los cuatro miembros de la junta militar de la época-, que es una ley basada en la ley de seguridad del Estado, que estaba pensada para que la gente que había salido del país no volviera, pensaba en el "perfil" del subversivo, en el terrorista. Luego, han existido ciertas reformas importantes, pero hasta el día de hoy no tenemos ley.

-De aprobarse una ley de inmigración moderna, ¿qué efectos nuevos provocaría en la situación actual del país?

-Como hecho fundamental se prohibiría la apología a la violencia contra los migrantes; ya no se les insultaría de forma tan libre. Se pondría límites a los excesos que cometen las policías en las fronteras. Otra arista importante es la capacidad de educar, formar a personas del servicio público, a profesionales, a educadores sobre estar informados sobre el país de origen de las personas que hoy están llegando a Chile.

-¿Qué le parece la anunciada visa consular?

-Estoy preocupado por la famosa "visa consular" que se quiere instalar, porque creo que va a provocar muchos problemas. Las migraciones ya llegaron para quedarse, porque Chile les parece -a los migrantes- un país atractivo por su condición económica, política, etc. Entonces, en un momento en que los desplazamientos se producen en todo el mundo, no solamente hacia acá -pese a los cierres de fronteras en España, Italia, Grecia; un muro posible en México-, las personas viajan porque básicamente buscan trabajar. Por ello, que se establezca una visa consular no implicará que la gente no vaya a venir a Chile, salvo que se les ocurra poner una puerta en el desierto.

Ahora, el desafío es para todos, no solamente para el gobierno. Porque una ley de migración no va a resolver el problema del racismo en Chile, ya que es algo que está mucho más integrado a nuestra socialización, al modo en que pensamos y que somos los chilenos y chilenas. Yo pienso que la gente racista, que muchas veces no sabe que lo es, necesita mucho encuentro, mucha conversación y en la medida de lo posible que les cuenten de nuestra propia historia. Esa será la única forma de construir la integración.