México DF. Los mexicanos podrían devolver la presidencia el domingo al PRI, un partido que gobernó por siete décadas con mano dura y que pese a su mala imagen muchos creen es la mejor opción para lidiar con la violencia del narcotráfico, generar crecimiento económico y empleo.

El candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Peña Nieto, lideró las encuestas durante toda la campaña electoral con una amplia ventaja sobre sus rivales más cercanos, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador y la oficialista Josefina Vázquez Mota.

Montado sobre una ola de popularidad, el abogado de 45 años pudo remontar revelaciones de su vida privada como infidelidades o hijos fuera del matrimonio, así como casos de supuesta corrupción cometidos por ex gobernadores de su partido.

Viudo y casado en segundas nupcias con una famosa actriz, se volvió popular firmando sus compromisos con notarios cuando era gobernador del Estado de México en 2005-2011, pero muchos observadores creen que su imagen tomó vuelo por el apoyo decidido de la gigante mexicana de medios Televisa.

Según analistas, el PRI retornaría a la presidencia aún sin haberse sacudido las mañas del viejo partido que controló la vida política de México por 71 años seguidos, a menudo con prácticas corruptas y persecución de opositores.

El PRI regresaría a la presidencia de México pero en realidad nunca se fue porque gobierna en 20 de los 31 estados y es una enorme maquinaria política que volvería a controlar la vida pública del país aún cuando Peña tenga intenciones de gobernar democráticamente, dijo el analista Alberto Aziz.

Pero su atildado candidato ha intentado despejar los temores de quienes temen el regreso de su fuerza, que aún controla los principales sindicatos y organizaciones campesinas y ha sido acusada de abuso de poder en varios estados que gobierna.

"Si México ya no es como antes, ¿por qué tendríamos que gobernarlo como antes?", dijo Peña en uno de sus últimos mensajes de campaña intentando disipar los miedos sobre el PRI.

Para las elecciones más grandes en la historia de México, cerca de 80 millones de mexicanos están habilitados para votar el domingo cuando estarán en disputa 2.127 cargos, entre ellos el de presidente y los senadores y diputados del Congreso bicameral y seis gobernadores de estado.

Desesperanza y violencia. Peña también ha intentado alejarse de una larga lista de personajes oscuros del partido, como el ex gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, sobre quien pesan acusaciones de violaciones a los derechos humanos, o el ex gobernador de Veracruz, Fidel Herrera, señalado por complicidad con el narcotráfico.

Evitó fotografiarse con Ruiz y con otros que pudieran perjudicar su imagen como el ex alcalde de Tijuana Jorge Hank, considerado una especie de gángster de esa ciudad fronteriza donde tiene un imperio de casas de apuestas y está acusado de haber mandado matar a un periodista.

Pero pese a la desconfianza que despierta el partido en parte de la población, la desilusión con los gobiernos del conservador Partido Acción Nacional (PAN), que desplazó en el 2000 al PRI en un hecho histórico para la democracia mexicana, hizo que muchos volvieran la mirada al PRI y a su abanderado.

"Le dimos la oportunidad al PAN e hicieron un desastre (...) Yo no quiero un país que siga así", dijo el domingo Raúl Aguilera, un estudiante universitario de 22 años, en un multitudinario mitin de Peña Nieto en el estadio Azteca de la Ciudad de México.

La candidata del PAN pagó los platos rotos de la desesperanza y quedó tercera en la mayoría de las encuestas, a lo que se sumaron divisiones internas en el partido.

En medio de varias crisis económicas en Estados Unidos, del cual México es altamente dependiente, las administraciones panistas lograron una aplaudida estabilidad económica pero no los empleos necesarios para la segunda economía latinoamericana, donde alrededor del 46 por ciento de sus 112 millones de habitantes viven en la pobreza.

Peña ha prometido que de llegar al poder los mexicanos vivirán mejor y sus sueldos rendirán más porque la economía marchará mejor y bajarán los precios de servicios y alimentos.

Pero no es su único reto.

El ha prometido pacificar un país que ha vivido una escalada de violencia desde que el presidente Felipe Calderón lanzó una ofensiva frontal contra los cárteles del narcotráfico en 2006 que ha dejado más de 55,000 muertos y miles de desaparecidos y desplazados de sus hogares.

Los cárteles no sólo luchan entre sí por las rutas de las drogas hacia Estados Unidos sino que secuestran y extorsionan manteniendo aterrorizados a pueblos enteros, muchas veces con la policía como cómplice.

La sombra de fraude. Por su parte, el izquierdista López Obrador, que en el 2006 perdió por un puñado de votos la presidencia frente a Calderón, llega a la elección con unos 15 puntos detrás de Peña sin haber logrado recuperar la popularidad de hace seis años, cuando encarnaba las esperanzas de cambio sobre todo entre los pobres.

"El triunfo de Peña Nieto es moralmente imposible (...) Votar por el PRI, votar por Peña Nieto es votar por la corrupción", dijo López Obrador en uno de sus últimos actos de campaña el lunes en el occidental estado de Colima.

El político, que en el 2006 impugnó la elección exigiendo recuento de votos y desató protestas en la capital que dejaron al país en una crisis política, ha hecho llamados en los últimos días a cuidar los votos y desconocido las encuestas, agitando así los fantasmas de la inestabilidad.

Es probable que su partido, que gobierna en la capital desde 1997, le complique la vida a Peña en el Congreso, donde quedará como segunda fuerza política en la Cámara de Diputados e intentará evitar que pasen reformas como una mayor apertura a privados en la petrolera estatal Pemex.

Esto obligará al PRI, que necesitará mayorías especiales para reformas como la petrolera, a negociar con el PAN, más proclive a las reformas.

El PRI regresaría a la presidencia de México pero en realidad nunca se fue porque gobierna en 20 de los 31 estados y es una enorme maquinaria política que volvería a controlar la vida pública del país aún cuando Peña tenga intenciones de gobernar democráticamente, dijo el analista Alberto Aziz.

"Estos liderazgos corporativos son sus aliados, veo muy difícil que se pueda salir de ahí. Va a llegar con las manos muy amarradas en términos de las alianzas que ha hecho con sindicatos y grupos empresariales", vaticinó.