Luego de dos años de negociaciones, el Senado de la República aprobó la reforma política del Distrito Federal, pese a que legisladores de todos los grupos parlamentarios afirmaron que los cambios a la Constitución fueron hechos de políticos para políticos y no representan más que modificaciones cosméticas.

Pese a las descalificaciones que se escucharon por parte de senadores del PRI, PAN, PRD, PVEM y PT, la reforma obtuvo el aval de unos, porque consideraron que es una reforma histórica, y de otros, porque quisieron honrar un acuerdo político aunque no estuvieran de acuerdo con el Frankenstein.

Con 88 votos a favor, 27 en contra y una abstención, se votó en lo general la reforma que le otorga a la ciudad de México autonomía constitucional en materia de régimen interior, organización política y administrativa; además, le abre la puerta a una constitución. La capital seguirá como sede de los poderes de la Unión y sus demarcaciones serán alcaldías presididas por un alcalde e integradas por un consejo. Dejará de ser Distrito Federal, se llamará ciudad de México, pero no será el estado 32 y continuará con un régimen fiscal especial.

Además, habrá una asamblea constituyente integrada por 100 personas que no cobrarán por su trabajo. La asamblea se encargará de aprobar la constitución de la ciudad de México; la elección para su conformación será el primer domingo de junio del 2016 y se instalará el 15 de septiembre de ese año. El jefe de Gobierno del DF será el único que tendrá la facultad de remitir un proyecto de Constitución.

La carta magna deberá estar lista en enero del 2017.

La asamblea constituyente estará conformada por 60 integrantes designados por el método de representación proporcional de una lista cerrada de partidos políticos y electos en una sola circunscripción de la ciudad de México. También la integrarán 14 senadores, 14 diputados, seis propuestas del presidente de la República y seis propuestas del jefe de Gobierno del Distrito Federal. Los candidatos independientes también podrán buscar un lugar en el constituyente.

El priísta Omar Fayad calificó a la reforma como un Frankenstein, un pegotero de ideas y un bodrio de asamblea constituyente y exclamó: “Creo que estamos haciendo una reforma que simplemente pretende maquillar lo que es inmaquillable, es una simulación, (...) es un absurdo, una vacilada”.

La panista Mariana Gómez del Campo afirmó que “esta reforma no cumple con el propósito de cambiar radicalmente la situación del Distrito Federal, como lo hubiéramos deseado, pero es un paso más hacia su democratización. Los avances y los acuerdos alcanzados son mejores que no haber hecho nada o que nos hubiésemos quedado con los brazos cruzados” y reprochó que la constitución, una vez aprobada, no sea sometida a referéndum para que los capitalinos sean quienes la validen.

Mario Delgado, del grupo parlamentario del PRD, afirmó que los 60 diputados plurinominales de la asamblea constituyente fueron “una trampa del PRI y del presidente Enrique Peña Nieto”, pues con la distribución planteada, el tricolor se quedará con la mayoría de lugares pese a no tener la mayoría de simpatizantes en la capital, gobernada ahora por el PRD.

Afirmó que con esa distribución, el PRI-PVEM-gobierno federal tendrá a 32 de 100 diputados constituyentes; el PRD a 2; Morena a 19; el PAN a 16, y siete lugares de otros partidos y candidatos independientes.

Entre los temas que faltaron, de acuerdo con algunos senadores fueron una modificación al régimen fiscal, mayor participación ciudadana, un pacto federalista, incorporar derechos de los capitalinos, temas de movilidad y justicia, además de fortalecer a las alcaldías.

Luego de siete horas, el Senado aprobó la reforma política del Distrito Federal sin aceptar reservas. Los cambios a 50 artículos constitucionales fueron enviados a la Cámara de Diputados para su votación. El periodo ordinario de sesiones culmina este jueves por lo que los diputados tendrían que avalar en fast track la reforma si es que acuerdan mandarla de inmediato a los congresos locales para su aprobación.