México D.F. México, preso de una escalada de violencia sin precedentes, está obligado a rectificar su estrategia de guerra contra el narcotráfico para poder enfrentar las nuevas tácticas de ataque y garantizar las elecciones estatales de 2011 y las presidenciales de 2012.

Hace cuatro años, durante la campaña para las presidenciales de 2006, cuando el ahora mandatario Felipe Calderón compitió por el derechista Partido Acción Nacional (PAN), el narcotráfico ni siquiera fue tema de debate.

Desde entonces, los crímenes vinculados al narcotráfico, que se disputa las lucrativas rutas de ingreso de estupefacientes a Estados Unidos -el mayor mercado mundial-, ha crecido en varios miles año a año. El punto de inflexión fue cuando asumió Calderón y sacó a militares a pelear una guerra frontal contra los cárteles de la droga.

Actualmente, los ataques a las fuerzas de seguridad y el hallazgo de cuerpos decapitados y mutilados son moneda corriente sobre todo en amplias zonas del norte del país, donde, en el más reciente episodio de la historia, murieron 17 personas acribilladas en una fiesta el domingo.

En la fronteriza Ciudad Juárez, donde han sido asesinadas casi 6.000 personas desde enero de 2008 -más que los militares estadounidenses muertos en Irak y Afganistán desde 2003-, cárteles atacaron la semana pasada a policías federales con un coche bomba, en una clara escalada de la violencia.

"En términos de violencia muy probablemente no haya cambios significativos" antes de los comicios, dijo Jorge Chabat, analista sobre seguridad del centro de investigación CIDE.

"Todo indica que (los cárteles) van a seguir teniendo una capacidad de respuesta todavía importante", agregó.

En 2009 se registraron más de 9.000 asesinatos en su mayoría de narcotraficantes y van más de 7.000 sólo en lo que va de 2010, según cifras oficiales. Y han muerto inocentes por fuegos cruzados, incluso niños.

En este clima y, tras el asesinato del candidato favorito a gobernador por el norteño estado de Tamaulipas días antes de los comicios estatales del 4 de julio, los partidos comienzan a prepararse para las elecciones del próximo año.

En 2011 serán renovados gobernadores de seis estados, algunos de ellos golpeados por la violencia como el norteño Coahuila, y Michoacán y Guerrero, en la costa del Pacífico.

Otro es el clave estado de México, un bastión del antes hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI) -actualmente el principal de oposición-, cuyas elecciones son consideradas un laboratorio de las presidenciales por ser el más poblado del país.

Sin vida no hay voto. En un país donde de por sí el abstencionismo electoral es cercano a 40%, no está claro si la población saldrá a votar en caso de que la violencia no ceda. En los comicios estatales de Tamaulipas y Chihuahua, más de 60% de los ciudadanos se quedó en su casa por miedo a los ataques.

"Las personas no tienen asegurado siquiera su derecho a la vida y, si no se tienen asegurados los derechos más básicos, los derechos políticos no se pueden ejercer libremente", advirtió a Reuters Gero Fong, activista del Frente Plural Ciudadano, una organización civil en Ciudad Juárez.

Durante pasadas campañas candidatos de varios estados, sobre todo los fronterizos con Estados Unidos, modificaron sus estrategias y hasta cancelaron actos por temor a las amenazas.

El analista político Leo Zuckermann instó esta semana a aceptar una propuesta de diálogo de Calderón con distintas fuerzas políticas y sociales para hablar sobre qué rumbo tomar para frenar la ola de violencia, algo que algunos observadores ven como un acto desesperado del presidente.

"¿Qué tiene que pasar en este país para que las fuerzas políticas se sienten a dialogar y corrijan la estrategia de la lucha en contra del crimen organizado?", preguntó el analista en una columna del periódico Excelsior.

Para Javier Oliva, experto en seguridad de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Calderón debe insistir en una mayor coordinación entre los gobiernos federales y locales y concluir reformas en marcha para mejorar la operación de las policías y combatir más la corrupción.

Sin embargo, ve difícil que haya cambios en momentos en que los partidos comienzan a prepararse para los comicios de los próximos dos años.

"Ya es muy tarde, lleva cuatro años con la misma estrategia (...) El presidente está más preocupado en que el PRI no gane la presidencia que en gobernar el país", opinó.

El PRI, que apoyó muchas de las reformas de Calderón, ahora tiene la mira puesta en recuperar la presidencia que perdió en 2000, mientras que el PAN piensa repetir el año próximo alianzas con la izquierda mediante las que logró arrebatarle el gobierno de varios estados el 4 de julio.