Excelsior.com.mx. Enrique Peña Nieto estaba bien erguido como soldado en el escenario del teatro Mariano Abasolo de Dolores Hidalgo, donde en 1810 el cura Miguel Hidalgo convocó a una movilización para derrocar al régimen virreinal. El priista estiró la mano derecha ante 786 consejeros nacionales del partido y medios de comunicación e impostando la voz leyó en un teleprompter que tenía enfrente: “Sí, protesto, por la grandeza de México”.

Ya era el candidato oficial del PRI.

Tuvo presente al padre de la patria. “No es casual que estemos hoy aquí, en la cuna de nuestra Independencia nacional. Dolores Hidalgo simboliza la valentía, el coraje, el espíritu indomable de los mexicanos frente a la adversidad”.

En una camioneta de su comitiva había una corona de flores que Peña Nieto contemplaba ir a depositar al pie de la estatua de Hidalgo y Costilla, cuyo grito de “¡Viva México!” desató la gesta independentista.

“En Dolores Hidalgo se dio un grito de basta al mal gobierno y hoy evocamos ese momento de nuestra historia. Hoy hay un México que no se resigna a seguir como está, que exige un cambio responsable”, dijo el ex gobernador del Estado de México vestido en un traje oscuro y el nudo bien apretado de una corbata roja, pese al calor de casi 30 grados.

Pedro Joaquín había bajado del escenario del teatro después de tomarle protesta.

Las luces del escenario y sus telones rojos de fondo que hacían ver a Peña Nieto como la principal figura de la tarde del lunes 12 de marzo. Los medios de comunicación que transmitían en vivo proyectaban a un hombre risueño que llevaba los brazos cruzados al pecho y mandaba besos a todos lados.

Angélica Rivera, su esposa y actriz de televisión, sentada en primera fila junto con los hijos de ambos, no se cansó de aplaudir desde que Peña Nieto antepuso a su familia. “Agradezco la presencia de mi esposa, de mis hijos y de nuestra familia por hacerme favor de acompañarme en este tan significativo evento”.

Faltaban las palabras más fuertes contra el gobierno de Calderón.

¿Qué obra estarán pasando? En las calles adyacentes del teatro los vecinos asomados en las puertas de sus casas vieron desfilar camionetas blindadas que trasladaron a la llamada Cuna de la Independencia al candidato y a priistas connotados como Cristina Díaz, Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa, Luis Videgaray y Enrique Jackson.

La mayoría de los pobladores no sabía lo que estaba sucediendo dentro del teatro. “Quién sabe qué obra estén pasando”, dijo Maricela Ortega, ama de casa.

Pero el candidato estaba contento dando su discurso: “Hoy regresamos a Dolores Hidalgo, cuna de nuestra independencia, porque nuevamente México dice: “!Basta ya del mal gobierno!”

Pedro Joaquín ya había presentado al ex gobernador del Estado de México como el único hombre con la experiencia para cambiar al país. Y Peña Nieto no lo dijo pero infirió que la continuidad panista puede sepultarse el día de las elecciones.

“Quiero ser Presidente de la República, porque México merece estar mejor, porque estoy preparado para conducir las transformaciones que exige esta gran nación”. Siguiendo un escrito que descansaba sobre el atrio del escenario aseguró: “Juntos lograremos que México deje atrás el miedo y renueve su esperanza. Se trata de escribir una nueva historia para México”.

La orquesta sinfónica de Querétaro enviada hasta acá por José Calzada, gobernador de la entidad, estaba preparada para entonar el Himno Nacional. Y la porra de Neza, Estado de México, uniformada con playeras blancas, lista para la batucada y sus covers de Caifanes, La Sonora Santanera, Margarita la Diosa de la Cumbia y Tatiana.

“Vamos a recuperar el sentido de la familia. Vamos por un México dinámico, vigoroso y competitivo. Mi compromiso es México, hacerlo un país exitoso”, siguió con un discurso acompañado de movimientos del brazo derecho como director de orquesta.

Y prometió poner el corazón de por medio.

Tres mujeres, un hombre y una niña que al inicio del acto de 40 minutos se pararon uno por uno en el escenario para reclamar al actual gobierno empleo, servicios de salud, seguridad pública, educación y hasta baños limpios en las escuelas, estaban cerca de Peña Nieto gritando: “¡Duro! ¡Duro! ¡Duro!”

El candidato priista con su pelo perfectamente engominado terminó su discurso como el cura Hidalgo hace poco más de 200 años: “¡Qué viva México! ¡Viva! ¡Qué viva México! ¡Viva!”

Y una lluvia de papelitos verdes, rojos y blancos inundaron el teatro.