Luciendo su inamovible peinado, vestido con un traje gris oscuro, camisa blanca y corbata roja, Enrique Peña Nieto obsequió su mejor sonrisa a sus incondicionales y a millones de mexicanos que lo veían por televisión. El virtual presidente de México aseguró pertenecer a una nueva generación, entender a los estudiantes, a los jóvenes y sus justos reclamos. “No hay regreso al pasado”, aseguró con gestos estudiados. “Voy a ejercer una presidencia democrática que entienda los cambios que ha experimentado el país en las última décadas y actuaré conforme a la nueva realidad, dispuesto a escuchar y a tomar en cuenta a todos”.

Sin embargo, algunos no se dejaron convencer. La analista política Denisse Dresser comentó en la emisora MVS: “[Peña Nieto] ha prometido algo que el PRI nunca ha sido, un gobierno eficaz, democrático y transparente, y tendrá que demostrarlo en los hechos, porque no es lo que hizo en el estado de México [donde fue gobernador]”.

Era el cierre de una jornada electoral menos problemática de lo que muchos temieron, pero con un resultado que dejaba en muchos un sabor amargo. Poco después se destapó un escándalo de compra de votos mediante “monederos electrónicos” regalados por el PRI en distintas entidades. Miles de personas saturaron las tiendas (supuestamente) temiendo que el partido les cancelara el saldo de las tarjetas. El escándalo tendrá escasas o nulas repercusiones legales, pero le costó a Soriana, que expidió las tarjetas, una caída en la bolsa de US$ 414 millones.

“La transición en México de una política de masas corporativizadas a una política de ciudadanos no pasó por el establecimiento de leyes y normas que puedan cumplirse, ni por un pacto que obligue a los actores económicos y políticos a cumplir y hacer cumplir las leyes”, explica el doctor en economía Pablo Ruiz Nápoles en un extenso ensayo publicado en la revista Este País. “Pasó sólo por la venta mediática del carisma de actores políticos”.  

La pregunta obligada ahora es respecto de los retos que presenta esta nueva alternancia política, la segunda en 12 años.

Luz y sombra. Peña Nieto verá difícil hacer grandes reformas con un Congreso dividido en tres tercios y sin mayoría clara. “El país tiene grandes problemas estructurales, una democracia que no funciona y una violencia criminal que tiene raíces muy profundas, por tanto será un presidente acotado”, explica el analista político Sergio Aguayo.

Peña Nieto debe abordar la inversión privada en Pemex, la reforma laboral y la reducción de los subsidios.

A principios de año, el Secretario General de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el también mexicano José Ángel Gurría, afirmó que el país debe impulsar reformas sociales en salud y educación, impulsar la innovación y crear mayor infraestructura. “Esta crisis global, como en el resto del mundo, ha aumentado el número de pobres y de personas vulnerables en el país”, señala.

Otro problema es la enorme dependencia de Estados Unidos. A pesar de los 43 tratados de libre comercio, el 80% del intercambio entre México y el exterior está concentrado en el vecino del norte. Si éste se agripa, México se deprime. Prueba de ello son las cifras de crecimiento del PIB durante el sexenio de Calderón: 3,3% en 2007, 1,5% en 2008 y luego el desplome: -6,1% en 2009. Según cifras disponibles, la balanza comercial ha sido deficitaria entre 2006 y 2010.

Según una investigación del Centro de Estudios para el Desarrollo, el empleo cayó durante el gobierno saliente hasta 57,8% de la población económicamente activa, mientras que la tasa de desempleo se incrementó de 3,7% en 2007 a 5,4% en 2010. “En términos absolutos, la caída de ambas tasas representaría aproximadamente 2,7 millones de personas desempleadas en términos reales”, explica el maestro Rogelio Rodríguez, autor del estudio.

Lo que sí ha logrado consolidar México durante la última década son los equilibrios macroeconómicos: inflación de un dígito, finanzas públicas en orden y una política que privilegia la deuda interna. Un contraste con las devaluaciones con que concluían los sexenios priistas de antaño. Todo ello configura además un escenario de bajo riesgo para inversionistas con o sin pasaporte mexicano. “El fortalecimiento de las instituciones políticas durante la década pasada debería permitir una transición de poder fluida, mientras que una continuidad general en las políticas económicas debería anclar la estabilidad macroeconómica”, señala un informe de Fitch.

Visto de esta manera, los retos de Peña Nieto al frente de la administración pública podrían reducirse a lograr acuerdos con el resto de las fuerzas políticas. Y ahí su opción más lógica es un acercamiento con el PAN. La izquierda, en cambio, ha dado señales de constituirse en oposición dura. Ya anunció que impugnará la elección presidencial, antes que el Tribunal Electoral la declare válida en el mes de octubre.

Guerra no, reformas sí. Otro tema que preocupa a los analistas políticos en México es la presentación por parte de Peña Nieto del general colombiano Óscar Naranjo como asesor de seguridad. “Si bien en Colombia se le considera un policía exitoso y algunos lo ven como un héroe, son preocupantes los escándalos que han surgido a su alrededor”, asegura Gabriel Regino, especialista en temas de seguridad y ex subsecretario de seguridad pública de la Ciudad de México.

En una entrevista concedida al diario The Washington Post, Peña Nieto aseguró que no medirá el éxito del combate al crimen organizado por el número de capos capturados o eliminados, o los kilos de cocaína decomisados, “indicadores populares entre la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) y el Congreso de EE.UU.”, sino por el número de homicidios. Se trata de una demanda popular, pero que de igual manera refleja un ánimo populista. Peña Nieto aseguró que insistirá en que las autoridades estadounidenses ejerzan un mayor control sobre el tráfico de armas, que limitará la presencia de militares de aquel país a labores de entrenamiento y que los vuelos no tripulados de drones serán operados por mexicanos.

Hay retos sobre los que Peña Nieto todavía no se ha pronunciado. La confrontación directa con los grupos criminales ha sido un fracaso: de cuatro o cinco carteles hace una década se ha pasado a cerca de 12 grupos, trenzados en una carrera armamentista y vinculados a grupos internacionales como la temible Ndrangheta italiana, como es el caso de los Zetas.

El resultado electoral, con manchas puntuales, es lo suficientemente amplio como para darle a Peña Nieto un mandato fuerte en materias económicas y de seguridad. Sin embargo, se jugará parte importante de sus chances durante los cinco meses de interregno antes que Felipe Calderón le entregue el poder, según establece la Constitución. Ésta es la visión del analista y ex canciller Jorge Castañeda, quien mencionó a la cadena Telemundo “la inversión privada en Pemex, la reforma laboral, la reducción de subsidios posiblemente a las gasolinas” como posibles reformas que el presidente entrante y el saliente podrían empujar en este periodo. Sería un comienzo saludable, y un quiebre de tendencia en la historia de México.