México D.F. El antiguo PRI, que gobernó México por siete décadas consecutivas y que tiene el mote de "dinosaurio", busca regresar a la presidencia en el 2012 con una generación de políticos jóvenes de cabello engomado, pero para lograrlo debe limpiar primero su pasado de corrupción.

Si el opositor Partido Revolucionario Institucional (PRI) quiere regresar al poder, necesita convencer a los electores de que no es la misma fuerza política acusada de autoritarismo que cansó a los mexicanos y que perdió la presidencia a manos de la derecha en el 2000, opinaron analistas.

Desde hace tiempo han ido apareciendo nuevos rostros entre candidatos y gobernadores del partido, que el año pasado se presentó como "el nuevo PRI" para comicios legislativos en los que arrasó al oficialismo y la izquierda. El 4 de julio ganó la mayoría de elecciones estatales.

El partido probablemente apostará, para llegar a la presidencia, al gobernador del industrial estado de México, Enrique Peña Nieto, quien pese a su juventud es vinculado por especialistas a lo más rancio del PRI.

Peña Nieto, un abogado de 43 años, peinado siempre impecablemente con gel y novio de una estrella de telenovelas, aparece permanentemente en la televisión y se ha dedicado a viajar por todo el país respaldando a una generación de políticos jóvenes del partido en las elecciones estatales.

Algunos incluso parece que imitan sus gestos y su imagen, como el alcalde de la occidental ciudad de Guadalajara, Aristóteles Sandoval.

"No queremos improvisados en el Gobierno, queremos gente que sea representante de una nueva generación entusiasta y comprometida con México", dijo Peña Nieto en un mitin de apoyo al candidato para gobernador en el central estado de Hidalgo.

Dinosaurios jóvenes. El próximo gobernador del estado de Quintana Roo, donde está ubicado el balneario Cancún y uno de los nueve gobiernos estatales que ganó el PRI de los 12 en disputa, tiene 30 años, mientras que el de Zacatecas tiene 38, y el postulante priísta que va a la delantera en Veracruz tiene 36 años.

El actual gobernador del estado de Nuevo León tiene menos de 40 años, lo que contrasta con otros priístas de mucha mayor edad en el poder lustros atrás.

No obstante su imagen de juventud, detrás de Peña Nieto, cuyo gobierno no castigó a su predecesor a pesar de acusaciones de enriquecimiento ilícito, está la vieja guardia del partido, un ala vista como autoritaria y de las más recalcitrantes.

"Gobernadores salientes han elegido 'niños de oro' que son fotogénicos, hábiles defensores, imanes de dinero, preparados para ser escudos de sus predecesores contra cargos de corrupción", dijo el experto sobre México, George Grayson, en un artículo para un centro de estudios políticos en Washington.

"Todavía es un parque Jurásico", agregó Grayson a Reuters en una entrevista telefónica. "Hay muchos dinosaurios dando vueltas y Peña Nieto es sólo una versión joven", sostuvo.

El PRI ha sabido capitalizar en las urnas el descontento de muchos con el Gobierno del conservador Felipe Calderón, quien batalla en su cuarto año de gestión con una economía que muy lentamente está saliendo de la recesión y una descontrolada violencia del narcotráfico.

Viejas trampas. Pero el PRI sigue recurriendo a viejas prácticas para ganar, como hizo en los comicios estatales.

Héctor Murguía, candidato priísta ganador en la alcaldía de Ciudad Juárez, la urbe más violenta del país localizada en el estado de Chihuahua, dio durante su campaña generosos regalos en mítines como material de construcción y licuadoras, según relataron votantes.

"Mi voto fue para él porque ayuda a la gente. Estuvo dando material de construcción para las casas de la gente en sus mítines", afirmó una mujer que dijo llamarse Marta.

Varios votantes en la ciudad de Reynosa, en el estado de Tamaulipas, dijeron a Reuters que habían votado por el PRI luego de que el partido les pagó 350 pesos (unos US$27).

Tanto en Chihuahua como en Tamaulipas, los candidatos priístas a gobernador ganaron ampliamente.

Pero el PRI -que gobierna en la mayoría de los estados y es la primera fuerza en la Cámara de Diputados- tuvo una sorpresiva derrota en tres de sus históricos bastiones durante elecciones estatales, y en otros dos estados, Veracruz y Durango, llevaba una mínima ventaja.

Durante la campaña electoral, en grabaciones telefónicas clandestinas difundidas por varios medios de comunicación, se escuchaba al actual gobernador de Veracruz, Fidel Herrera, admitir que iba a distribuir despensas, supuestamente para captar votos.

Pero a pesar de la aceitada maquinaria electoral y de los candidatos nuevos, el PRI perdió los gobiernos en los estados de Oaxaca y Puebla, tras acusaciones contra los actuales mandatarios priístas de autoritarismo y corrupción y después de una alianza entre el partido de Calderón y la izquierda. También perdió en el norteño Sinaloa.

"Muchos pensaban que ellos podrían ganar (todas las elecciones estatales), pero por más que tenga una maquinaria electoral muy eficaz, ésta no es suficiente", dijo el analista Leo Zuckermann, del centro de investigación CIDE.