México D.F. El Congreso de México concluyó este miércoles un período de sesiones sin haber aprobado reformas legales con las que el presidente Felipe Calderón buscaba reanimar la débil economía y apuntalar su ofensiva militar contra los violentos cárteles de las drogas.

Los legisladores volverán a sesionar a partir de febrero, pero las reformas seguirían estancadas porque los partidos -que parecen elegir la opción de no asumir costos políticos- estarán para entonces más involucrados en elecciones estatales y en preparativos para las presidenciales del 2012.

Las reformas pendientes abarcan desde el ámbito fiscal, petrolero, laboral hasta el apoyo a la ofensiva antinarco que ha costado más de 33.000 vidas en los últimos cuatro años.

La segunda mayor economía de Latinoamérica renovará en 2011 seis gobernadores, entre ellos el del emblemático Estado de México, donde siempre ha gobernado la mayor fuerza opositora del país, el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Los comicios en el estado, el más poblado del país, son vistos como laboratorio para que partidos midan fuerzas hacia las presidenciales, además de ser escenario en el que podría salir mal o bien librado el actual gobernador, Enrique Peña Nieto, el probable próximo candidato presidencial priísta.

"Seguimos secuestrados por la mafia política y por el crimen organizado. En el 2011 los partidos estarán más interesados en no arriesgar su capital político", dijo el analista Ernesto O'Farril, de Bursamétrica Management.

Probablemente el próximo año sean aprobadas reformas en materia laboral o de seguridad, pero muy disminuidas en relación a las propuestas del Gobierno, agregó.

Se complican planes de Calderón. La parálisis legislativa ha complicado los planes de Calderón, que se presentó como "el presidente del empleo" en la campaña electoral que lo llevó al poder en diciembre del 2006.

Según el gobierno, si el Congreso hubiera aprobado reformas estructurales pendientes, entre ellas una fiscal más profunda para aumentar la débil recaudación tributaria y una energética más a fondo que ayude al país a elevar la alicaída producción petrolera, la economía estaría creciendo más de 6%.

Para reforzar su ofensiva contra los cárteles, en la que participan miles de militares y policías, Calderón propuso en octubre una reforma para establecer un mando único policial a cargo de los gobernadores y poner orden en la policía municipal, a menudo corrompida por narcotraficantes.

Calderón presentó también semanas atrás un plan para modificar varias leyes, dirigido a frenar el lavado de dinero y golpear así la estructura financiera de los cárteles.

Pero ninguna de las dos iniciativas fue avalada, lo que representa un golpe para los esfuerzos del Gobierno de contener la creciente violencia.

En la recta final del periodo de sesiones se agudizó la enemistad del PRI -clave para que avancen los proyectos- con Calderón y su derechista Partido Acción Nacional (PAN) luego de que el mandatario advirtió sobre "la tragedia" que significaría para México "regresar a lo antiguo, a lo autoritario".

El PRI, que gobernó México por 71 años seguidos hasta el 2000 bajo frecuentes acusaciones de corrupción, aseguró que fue el blanco de esas declaraciones.

"El presidente que necesitamos los mexicanos se redujo a un jefe de pandilla, a un presidente de partido en el mejor de los casos", dijo recientemente el diputado del PRI David Penchyna.

La única reforma, de las llamadas estructurales que el Congreso estuvo a punto de aprobar al final del periodo de sesiones, fue una para elevar las sanciones contra prácticas monopólicas, pero diferencias entre el partido gobernante y el PRI frenaron el aval.