El presidente de Brasil, Michel Temer, dijo hoy que su gobierno está llevando a cabo un "programa de modernización en el país" y que "nada nos destruirá, ni a mí ni a nuestros ministros".

Las declaraciones del mandatario fueron realizadas durante una ceremonia oficial en el Palacio de Planalto, sede del gobierno, previo a que el procurador general de la República, Rodrigo Janot, presente una denuncia formal en contra el mandatario por corrupción pasiva.

 Janot tiene de plazo hasta mañana martes para presentar la denuncia, a partir de los elementos recogidos en la delación premiada de los ejecutivos del grupo empresario JBS.

"Brasil está en buen camino, el camino de la responsabilidad y en la ruta de la superación. Por lo tanto, mis amigos, que nadie dude. Nuestro programa de modernización de Brasil es el más ambicioso en mucho tiempo. Se ha implementado con disciplina, con un sentido de misión", dijo el presidente.

"No hay un plan B, es necesario seguir adelante. Y nada nos destruirá, ni a mí, ni a nuestros ministros", enfatizó.

En la tarde del pasado domingo, Temer reunió en el Palacio de Jaburu, la residencia oficial, a sus colaboradores más cercanos, incluyendo al presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, para elaborar una estrategia ante la denuncia esperada.

Janot debe formalizar la denuncia ante el Supremo Tribunal Federal (STF), quien a su vez debe enviarla a la Cámara de Diputados, que determinará si autoriza la consecución de las investigaciones.

Para que la denuncia sea aprobada son necesarios los votos de dos tercios de la Cámara, es decir, 342 votos.

Según los fiscales, el asesor especial de Temer, el ex diputado Rodrigo Rocha Loures, recibió sobornos de JBS a cambio de que el gobierno actuara a favor de la empresa en el Consejo Administrativo de Defensa Económica (Cade), el organismo federal que arbitra disputas entre empresas competidoras.

Rocha Loures fue filmado en marzo con una maleta que contenía 500.000 reales (unos USD160.000) que corresponderían al pago prometido por JBS.

Contra el presidente brasileño, quien fue grabado en una conversación con Joesley Batista, dueño de JBS, también pesan otras sospechas, como la de haber dado, supuestamente, su aval para comprar el silencio del ex presidente de la Cámara, Eduardo Cunha.