Santiago de Chile, EFE. Miles de fallecidos seguirán inscritos en Chile para votar en las elecciones presidenciales y parlamentarias de noviembre, dado que el proceso para suprimir los nombres de 560.000 personas muertas se realizará de forma individual.

"Los 560.000 casos (no van a estar solucionados), pero sí estamos trabajando intensamente para poder ir solucionándolo lo antes posible", indicó este viernes a Efe Víctor Rebolledo, jefe de Archivo General del Registro Civil, organismo que proporciona los datos al Servicio Electoral (Servel).

Este jueves se supo que el padrón del Servel incluye a más de medio millón de personas que se estima que están fallecidas, puesto que algunas fechas de nacimiento se remontan incluso hasta hace 139 años.

Esto no afecta los resultados sobre los votos emitidos, aunque sí puede alterar los datos sobre abstención, especialmente después de que en las municipales de octubre se estrenara el sistema de inscripción automática y voto voluntario, con una abstención del 60 por ciento.

Esa ley, que entró en vigor en enero de 2012, permitió incorporar a 4,5 millones de chilenos al padrón electoral, que en octubre tenía 13,4 millones de electores inscritos.

El año pasado ya se conoció que, a raíz de la implementación de esa normativa, un millar de chilenos detenidos desaparecidos durante la dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990) se encontraban inscritos en los registros electorales porque legalmente no están muertos.

Entre ellos estaba el presidente Salvador Allende, muerto en La Moneda durante el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, y cuyo nombre apareció en el registro de votantes habilitados para sufragar en un colegio de Santiago en los pasados comicios municipales.

El Servel ha explicado en esta ocasión que no tiene facultades para depurar el padrón porque la norma que lo permitía, y que estaba incluida en la nueva ley que regula las elecciones primarias, fue declarada inconstitucional por el Tribunal Constitucional.

Esa norma facultaba al Servel a excluir a todas aquellas personas que, con 80 años o más, no hubieran renovado su cédula de identidad o pasaporte en los últimos quince años.

Según explicó Víctor Rebolledo, los registros de certificados de nacimiento y defunción se empezaron a incluir en una base de datos electrónica a partir de 1982, y en 1996 se digitalizaron las defunciones registradas entre 1960 y 1982.

En ese proceso, muchos certificados de defunción no se pudieron asociar con un número de la cédula de identidad porque había algún tipo de discrepancia entre la partida de nacimiento y la de fallecimiento.

"Eso explica que tengamos 560.000 defunciones" que no están asociadas a una cédula de identidad, señaló el experto del Registro Electoral.

"Tratar de asociar mediante el computador estas defunciones puede generar un peligro, porque si nosotros nos equivocamos y le damos una defunción a una persona que está viva se puede generar que esta persona, al momento de votar, no pueda hacerlo", indicó.

Por eso, explicó, el proceso se debe realizar de forma individual y la idea es concentrarse en los mayores de 80 años para poder avanzar más rápido.