Río de Janeiro. Medios brasileños reportaron este sábado más acusaciones de corrupción contra el asediado ministro de Deportes del país, aumentando la presión para que renuncie, un día después de que recibiera apoyo de la presidenta Dilma Rousseff.

Las acusaciones de que Silva recibió hasta 40 millones de reales (US$23 millones) en sobornos para beneficio propio y de su partido, el Partido Comunista, han avergonzado al gobierno y podrían dificultar los ya complicados preparativos del país para el Mundial de fútbol del 2014 y los Juegos Olímpicos, en el 2016.

El diario Estado de Sao Paulo dijo este sábado que había tenido acceso a unos documentos que mostraban que la esposa de Silva recibió dinero público de una organización no gubernamental controlada por miembros del Partido Comunista.

La publicación afirma que los documentos mostraban que la ONG había contratado a una firma propiedad de la esposa de Silva y que había pagado 43.500 reales por trabajos de investigación.

Otro diario, Folha de Sao Paulo, reportó que un pastor evangélico dijo que había sido presionado por funcionarios del ministro de Deportes para pagar un soborno de 10% al Partido Comunista en un proyecto público para fomentar el deporte entre niños pobres.

El pastor, David Castro, dijo que el proyecto había sido paralizado porque él se negó a pagar el soborno.

Acusaciones previas contra Silva han provenido principalmente de un contratista descontento, que fue arrestado el año pasado en una investigación sobre una recaudación de fondos presuntamente ilegal hecha por el Partido Comunista.

Silva, que ha sido ministro de Deportes desde el 2006 y que es el hombre designado por el gobierno para coordinar las inversiones y las mejoras en infraestructura para los grandes eventos deportivos, ha declarado enérgicamente su inocencia.

Silva se reunió este viernes con Rousseff por más de una hora para defenderse de las acusaciones. Rousseff dijo en un comunicado que su gobierno no condenaría a nadie sin pruebas.

Si la presidenta le quita su apoyo, Silva se convertiría en el quinto ministro en dimitir este año.

Cuatro de esos ministros dejaron sus cargos por acusaciones de actuar impropiamente, mientras la nueva presidencia asume una postura firme contra la corrupción y la escasez de fondos provoca rivalidades dentro de su inmanejable coalición.

La salida de Silva podría complicar aun más los preparativos del país como anfitrión de los principales eventos deportivos del mundo en un momento en el que la construcción de estadios y de infraestructura de transporte, para la Copa Mundial en particular, sufre críticas por su lento avance y por sus inflados costos.

No obstante, las renuncias no parecen haber afectado a Rousseff, quien repuntó a una aprobación de 71% en un sondeo de opinión en septiembre, aparentemente ganando apoyo de los votantes de clase media por su postura, que se percibe más firme, contra la endémica corrupción de la clase política en Brasil.