Brasilia. El ministro de Transporte de Brasil renunció este miércoles en medio de acusaciones de corrupción, en la más reciente baja en los seis meses de Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff.

Alfredo Nascimento dejó voluntariamente su cargo después de que la influyente revista de noticias "Veja" publicó el fin de semana que sus principales asesores estaban cobrando a compañías una tarifa del 5% por contratos de infraestructura y otros que les fueran otorgados.

El Gobierno de Rousseff, de tendencia izquierdista, ha estado paralizado desde el mes pasado, cuando su jefe de Gabinete, Antonio Palocci, renunció por cuestionamientos a su repentino enriquecimiento.

Los escándalos han exacerbado las tensiones entre Rousseff y su coalición de 10 partidos y han distraído al Gobierno del debate de importantes reformas económicas, como cambios al código tributario, que buscan asegurar un crecimiento continuo en la economía brasileña.

El Partido de la República (PR) de Nascimento es un miembro menor de la coalición, de modo que su partida probablemente no empeorará sustancialmente la división con los socios de Rousseff.

Sin embargo, legisladores opositores aún podrían optar por lanzar una investigación sobre una supuesta corrupción en el Ministerio de Transporte.

Una investigación podría mermar la popularidad de Rousseff en momentos en que los brasileños están inquietándose cada vez más por un aumento de la inflación y rumores constantes de escándalos.

La renuncia relativamente rápida de Nascimento podría ser interpretada como una señal de que Rousseff está menos tolerante respecto a la corrupción que su predecesor y mentor político, Luiz Inácio Lula da Silva, quien a menudo permitió que los funcionarios se mantuvieran en sus puestos por mucho más tiempo tras acusaciones de ese tipo.

Medios locales informaron que Rousseff estaba especialmente enfadada respecto a una posible corrupción dentro del Ministerio de Transporte porque maneja proyectos relacionados a su programa favorito de infraestructura, el Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC).

El PAC, con un presupuesto de un billón de dólares, busca expandir la infraestructura de Brasil antes del Mundial de fútbol del 2014 y de los Juegos Olímpicos del 2016 y ayudar a resolver los cuellos de botella en sobrecargadas autopistas y puertos.