Con un respetable currículo que incluye el Premio Ortega y Gasset, uno de los galardones más importantes del periodismo en español, y ser miembro del Carnegie Endowment for International Peace, el economista venezolano Moisés Naím es una voz respetada en los estudios internacionales. 

A cargo de la reconocida revista Foreign Policy durante 14 años, publicó recientemente el libro "Repensar el mundo" (Taurus, 2016), en el que se reúnen varias de sus columnas que se publican en distintos diarios del mundo y que se encuentran ordenadas por temas, lo que permite establecer un claro juicio de materias vitales para los latidos globales.

Naím repasa en poco más de 400 páginas los cambios más importantes que experimenta el mundo en los últimos años, tanto en Europa, Estados Unidos, Asia, Medio Oriente y América Latina.

Por cierto, un espacio importante de la publicación se dedica a Venezuela. Y sobre la mirada a lo que está pasando en su país se centra esta conversación con AméricaEconomía.com:

-Venezuela vive un momento muy lamentable y que usted aborda en una parte importante del libro "Repensar el mundo". Ante todo lo que ha pasado en su país, ¿cree usted que cabría hacerse la pregunta si es que el destino de Venezuela sería otro si la oposición a Chávez no habría equivocado el camino como cuando, por ejemplo, decidió no participar de procesos eleccionarios? ¿Venezuela estaría como está ahora de no haber existido esos errores de estrategia?

-Mire, yo creo que sí, Venezuela estaría igual que ahora. Creo que la oposición ha ido cambiando, se ha ido acomodando y la de hoy no es la misma que tenía Chávez. Incluso en el tiempo se ha transformado en una amalgama de distintos puntos de vista que incluye a gente de derecha y de izquierda, socialistas e incluso ex chavistas.

Creo que en esto hay que saber mirar muy bien el pasado. En ese sentido, Chávez fue muy hábil en disfrazar las características autocráticas de su administración. Chávez siempre pensó que la oposición no tenía derecho a existir; nunca la vio como un rival político, un grupo de compatriotas que piensan distinto. Siempre los vio como enemigos a los que se debía eliminar. Por eso creo que criticar a la oposición es lo más fácil hoy, es como quitarle un caramelo a un niño.

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Pensemos en cuál fue la oposición que tuvo el PRI durante 60 años en México; cuál es la oposición que tiene en Cuba el gobierno de los Castro. ¿Se podría decir algo así de la oposición a Pinochet en Chile o de las oposiciones que tuvieron los gobiernos militares en América Latina? 

La oposición a un gobierno fuerte siempre es fragmentada, débil, incompetente, muy poco eficaz. La oposición venezolana ha sido la habitual a un gobierno autoritario…

-¿Se corresponde la comparación entre el gobierno de Chávez –junto a la actual administración de Maduro- con las dictaduras militares que ha tenido la región?

-No, por supuesto que no. Pero en todos mis escritos estoy tratando sí de dejar algo muy claro: que Chávez tuvo un gran talento para entender cuáles eran los requisitos para desarrollar dictaduras militares en el siglo XXI. Por supuesto que la nueva versión de las dictaduras no puede tener a un general de lentes oscuros, sentado y mirando con cara amenazante como fue esa imagen que hubo por años de Pinochet. 

Por supuesto que no se iba a censurar medios que lo criticaban, pero Chávez los compraba a través de testaferros y los ponía al servicio del gobierno. Por supuesto que no iba a haber la misma represión brutal que generaba desaparecidos en las dictaduras del continente, pero en Venezuela cada año aumentaron los asesinatos, secuestros y desapariciones, ubicándose en cifras muy altas. 

Si eres un disidente al chavismo, probablemente no te atrapen y torturen, como pasaba en las dictaduras, pero por razones de estadística sí puedes pasar varias incomodidades igual.

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-¿Cómo se explican, entonces, los varios triunfos en las urnas que logra el chavismo antes de esta situación tan compleja por la que cruza hoy?

-Es que no hay que minimizar lo que pasó en Venezuela. Chávez fue uno de los mejores políticos de América Latina en los últimos tiempos. Con un carisma muy a flor de piel, con una cualidad de generar una particular cercanía con la población. Súmele a eso una chequera infinita y sin controles, aspecto que le sirvió mucho para conquistar a las personas y con lo cual financió altos niveles de consumo. 

Así, cuando se tiene a un personaje tan simpático como él, que controla todos los medios de comunicación social, que tenía un programa que era casi como "el Don Francisco de la política" y en el que todos los fines de semana con su "Aló presidente" decía lo que quería, se genera una empatía en la gente, sin dudas.

Además de los votos de la gente, Chávez también tenía un Consejo Nacional Electoral controlado por él, un uso abusivo de recursos públicos, listas adulteradas de los votantes y un chorro de dinero que le tiraba a la gente. Si se junta todo eso tienes la democracia dictatorial del siglo XXI, que es una autocracia enmascarada de democracia. Por eso al mundo le ha costado tanto entender lo que pasa en Venezuela y surgen preguntas como las que usted me formula. Se debe al enorme talento de Chávez para disfrazar un gobierno autocrático militar, haciéndolo ver como un régimen humanista que se inspira en ayudar a los pobres y que lucha contra la exclusión.

-Entonces, ¿lo peor que le pudo haber pasado al chavismo es que no existiera otro Chávez?

-La verdad es que lamento profundamente que Chávez haya fallecido, porque me hubiera encantado que él estuviera al mando del país en las circunstancias actuales. O sea, la idea que tienen algunos en torno a que con Chávez esto no pasaría, no es cierta. La situación sería muy parecida. Él sembró los vientos que estamos cosechando.