Bogotá. La muerte del comandante militar de la guerrilla colombiana de las FARC fue un golpe al corazón del grupo rebelde que podría acelerar su debilitamiento y forzar a sus jefes a negociar la paz con el gobierno.

Jorge Suárez Briceño, mejor conocido como "El Mono Jojoy", cayó luchando contra soldados después de un bombardeo a su campamento que se inició en la madrugada del miércoles en una zona selvática cercana al municipio de La Macarena, al sureste de Colombia.

"No tienen (las FARC) ninguna posibilidad de recuperar su fuerza militar, es un proceso de debilitamiento absolutamente irreversible tanto en el terreno político como militar". Alfredo Rangel, analista.

Mientras ocurrían estos combates, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) anunciaban el miércoles en un comunicado su disposición a negociar la paz con el presidente Juan Manuel Santos, pero sin someterse a condiciones.

Pero el mandatario, un ex ministro de Defensa del gobierno anterior que mantuvo mano dura contra la guerrilla con el apoyo de Estados Unidos, exige que suspendan las hostilidades para sentarse a la mesa.

Ahora la muerte del veterano Suárez Briceño, un guerrillero de 59 años, podría presionar más al grupo rebelde, que vive la peor crisis de su historia, de acuerdo con especialistas.

Baja estratégica. "Para esa organización el Mono Jojoy era como el equivalente al comandante del Ejército", dijo el ex comisionado para la paz Víctor G. Ricardo. "Es un golpe a su estrategia militar, es un golpe a la moral de la organización", agregó.

Ricardo fue uno de las personas que participaron hace una década en las negociaciones lanzadas en 1999 por el ex presidente Andrés Pastrana cuando el grupo rebelde era mucho más poderoso. Las conversaciones naufragaron en el 2002.

Con la reciente muerte del jefe guerrillero, considerado un hombre de línea dura al interior de las FARC, comienza a verse una luz al final del túnel.

"Disminuida esa fortaleza militar, el diálogo tiene que estar cerca", dijo el ex ministro de Defensa y hoy gobernador del departamento del Cauca, Guillermo González.

Un solo camino. Santos condicionó las negociaciones de paz con los rebeldes a que liberen a los secuestrados, suspendan ataques y anuncien su disposición de deponer las armas.

"Inaceptable, arrogante y triunfalista", consideró el grupo rebelde la exigencia de Santos.

Mientras tanto, el presidente prometió mantener la ofensiva contra las FARC iniciada por su antecesor Alvaro Uribe.

Para el ex mandatario Pastrana, el mensaje que el gobierno ha dado al comandante en jefe de las FARC, Alfonso Cano, es que puede correr la misma suerte que el "Mono Jojoy" y que los rebeldes deben entender que el único camino es el de la paz.

"No tienen (las FARC) ninguna posibilidad de recuperar su fuerza militar, es un proceso de debilitamiento absolutamente irreversible tanto en el terreno político como militar", dijo por su parte el analista Alfredo Rangel.

"Es de esperar que el impacto sicológico y la desmoralización que cause este golpe lleve a decenas o centenares de miembros de la guerrilla a desertar", explicó.

A pesar de todo, la guerrilla todavía tiene la capacidad de generar dolores de cabeza a Santos con ataques de gran impacto en regiones selváticas y hasta en centros urbanos.

De hecho, en las últimas semanas las FARC lanzaron ataques en los que murieron más de 30 soldados y policías, llevando a las Fuerzas Armadas a redoblar su ofensiva.

"Las muertes de policías y militares, la de guerrilleros y guerrilleras, los dramas que viven las y los pobladores del campo en medio de las operaciones armadas, nos deben llevar a construir el espacio del diálogo", dijo la senadora Piedad Córdoba del Partido Liberal.

Miles de combatientes han abandonado las filas de las FARC desde que Uribe comenzó con las operaciones militares, lo que redujo las fuerzas rebeldes a 8.000 hombres desde los 17.000 que tenía, según cálculos de fuentes de seguridad.