Morelia. Pese a la eliminación de capos, decomisos millonarios de armas y el despliegue de miles de militares en cuatro años de operativos, el narcotráfico en México siembra cada vez más terror en amplias zonas arrojando dudas sobre hasta dónde llegará la violencia.

Pocos días después de asumir, en diciembre del 2006, el presidente Felipe Calderón hizo el primer gran despliegue de militares y policías en operativos frontales contra los cárteles en una sierra de su natal estado de Michoacán.

Luego le siguieron otros en ciudades fronterizas con Estados Unidos como Tijuana y Ciudad Juárez -pasos claves para introducir drogas al país vecino- y en el estado de Sinaloa, donde opera el capo más buscado, Joaquín "el Chapo" Guzmán.

Pero los cárteles muestran a diario su poderío en localidades de la mayoría de los estados matando a políticos, extorsionando comercios, o en balaceras a plena luz del día, mientras se acercan las elecciones para renovar varios gobernadores el próximo año y las presidenciales en el 2012.

En lo que fue uno de los mayores crímenes contra un político en la gestión de Calderón, este año fue asesinado el candidato a gobernador del opositor partido PRI en el estado de Tamaulipas, unos de los más golpeados por la violencia del narcotráfico, además de varios alcaldes y diputados locales.

En Michoacán, en la costa del Pacífico, donde hace dos meses fue asesinado un alcalde a pedradas y en junio murieron 10 policías federales en una emboscada, miembros del violento cártel local "La Familia" bloquearon hace poco con vehículos incendiándose las entradas a la colonial ciudad de Morelia.

Los bloqueos fueron para evitar que policías los capturaran en una persecución que inició en Pátzcuaro, un pueblo turístico donde dueños de restaurantes y artesanos han visto desplomarse sus ventas por una baja de turistas que huyen de la violencia.

"Ha empeorado la inseguridad, antes la vida aquí era muy tranquila, ahora hay incertidumbre de lo que pueda pasar", dijo Miriam Ortiz, de 32 años, empleada de una zapatería y maestra en Morelia, la capital del estado.

La mujer estaba sentada a la sombra de una majestuosa catedral de piedra rosa, a metros donde ocurrió el peor ataque contra civiles en la guerra del narcotráfico el 15 de septiembre del 2008 y donde ahora hay una placa en memoria de las víctimas.

Esa noche, supuestos sicarios del violento grupo de "los Zetas", rivales de "la Familia", arrojaron granadas a la multitud durante los festejos del Día de la Independencia, matando a 8 personas e hiriendo a más de cien.

El año pasado murieron por homicidios 2,265 personas en Michoacán, de acuerdo con Eduardo Guerrero-Gutiérrez, analista independiente sobre seguridad. En el 2006, medios locales contabilizaron más de 500 ejecuciones.

Salvajismo y muertes inocentes. En medio de disputas sin cuartel, los cárteles actúan con un salvajismo creciente y en estos años comenzaron a ser cosa de todos los días las decapitaciones o la aparición de cadáveres colgados de puentes en un intento de las bandas de desafiar al Gobierno y amedrentar a sus rivales.

"No se ve en el corto plazo cómo pueda resolverse esto. Da la impresión que ha sido rebasado el Estado mexicano", dijo Fabiola Alanís, dirigente local del izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD), que gobierna el estado.

A Calderón le gusta decir la frase de "si ven polvo, es porque limpiamos la casa", en alusión a que la violencia es creciente porque los cárteles están siendo atacados por las fuerzas de seguridad.

El mandatario dice que gobiernos anteriores dejaron crecer a las bandas criminales y era necesario ponerles freno.

Sin embargo, a pesar del despliegue de hasta 45,000 soldados y fuertes golpes como la muerte en diciembre de Arturo "el Barbas" Beltrán Leyva, uno de los capos más poderosos, no está claro que el poder de los cárteles esté mermando.

Además es creciente el número de civiles, incluso niños, que han muerto en fuego cruzado en enfrentamientos entre sicarios o por disparos de militares, lo que ha despertado críticas a la estrategia del Gobierno.

"Los traficantes continúan operando y encuentran los caminos para esquivar a las autoridades. Evolucionan y desarrollan nuevas alianzas, y sobreviven para seguir traficando", dijo Eric Olson, analista sobre crimen organizado del Woodrow Wilson Center, en Washington.

La semana pasada, un sondeo de Consulta Mitofsky mostró que un 49 por ciento considera que los operativos han sido un fracaso, frente a un 33 por ciento que los ve como un éxito.

Calderón dijo hace unos días que en su Gobierno se ha decomisado droga con un valor de 10,000 millones de dólares, además de 90,000 armas, suficientes para armar a un Ejército en la mayoría de los países de América Latina y Africa.

"La acción que tomó el presidente es totalmente acertada (...) esto no se puede dejar que siga creciendo y que nadie haga nada", dijo a Reuters Manuel García, un general retirado que dirigió el inicio de los operativos en Michoacán.

García, de 68 años, asumió en agosto el cargo de secretario de Seguridad Pública del estado, luego de que su antecesora renunciara tras salir milagrosamente con vida del ataque de un comando armado que hizo 1,700 disparos contra su vehículo blindado, en un abierto desafío a las autoridades.

Golpe a la economía. En Michoacán, un estado turístico que recibe cada año a millones de mariposas Monarca que vuelan miles de kilómetros desde Canadá y Estados Unidos, es uno de los estados con más decomisos de armas, según Guerrero-Gutiérrez.

Ello muestra el grado de violencia del cártel de La Familia, un grupo criminal que domina el mercado de las drogas en el estado y cuyos líderes forman sicarios leyéndoles pasajes bíblicos mezclados con frases de autoayuda.

En una de sus primeras apariciones públicas, sicarios del cártel arrojaron las cabezas de cinco hombres, en septiembre del 2006 en la pista de baile de un bar de la ciudad de Uruapan, a unos 120 kilómetros de Morelia.

Antes de los ataques con granadas, en Morelia la ocupación hotelera alcanzaba un 80 por ciento los fines de semana. Actualmente fluctúa entre 40 y 60 por ciento.

En un barrio pobre, cerca del Lago de Pátzcuaro, militares decomisaron la semana pasada al menos dos improvisados laboratorios de drogas sintéticas dentro de casas de adobe. Antes, el estado era más conocido como productor de marihuana, pero la droga que más se decomisa ahora son las metanfetaminas, cuyo consumo crece en Estados Unidos.

"Son cada vez más frecuentes este tipo de decomisos", dijo un mando militar, mientras soldados llevaban a un camión de carga toneles llenos de los precursores químicos. Desde el lugar podía verse la isla turística de Janitzio.