-Al instalar el debate sobre lo indeseable del piropo, ¿cómo fue la recepción de la opinión pública?

-Fue bien polémica y controversial. Piensa tú que como mujer creces con la idea de que los piropos están bien y tú te tienes que acostumbrar y casi que tu autoestima se construye en base a lo que opina el otro. Por eso, muchas mujeres defendían los piropos y comentarios callejeros, y muchas comentaban que esos dichos las hacían sentir bonitas. La opinión de las mismas mujeres estuvo muy dividida en un principio.

-¿Qué cambió?

-Yo creo que el mundo ha cambiado. Además, no se contaba con el boom del feminismo, el #MeToo o el #TimesUp, que existen hoy. Ahora tenemos una toma de conciencia y visibilización de esta situación como un tema de violencia, y eso ha sido fundamental.

-Hay algunas organizaciones feministas que plantean que el acoso callejero no es la problemática central, sino que hay otros temas más graves.

-Sí, estoy de acuerdo. Si comparamos una violación o un femicidio versus que te digan frases groseras en la calle, obviamente es mucho más urgente atender el tema de la violencia física, pero el acoso sexual callejero lo que hace es configurar un espacio de tránsito público donde tú también recibes violencia.

-Una violencia pública.

-Claro, porque el análisis sería de que la violencia física como femicidios o violencia intrafamiliar contra la mujer se da mayoritariamente en un espacio privado, como en el interior de una casa o el hogar. En resumen, son situaciones que no se evidencian de inmediato. Mientras el acoso sexual callejero ocurre a vista y paciencia de todo el resto de la sociedad.

 

MACHO LATINO

-El crecimiento de este movimiento ha tenido una gran expansión en Latinoamérica. Actualmente existen OCAC en Bolivia, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Nicaragua, Argentina y Uruguay.

-Así es, mediante la viralización de contenidos y las redes sociales, hace un par de años comenzó la organización de corporaciones locales en diferentes países, donde existe esta problemática. Mujeres que habían identificado esta violencia, por ejemplo, pero no sabían a quién acudir en países históricamente machistas. Por ejemplo, Colombia, donde el nivel de acoso callejero es brutal, o el nivel de femicidios en Guatemala o Nicaragua son pan de cada día. Cada organización tiene objetivos diferentes, porque nuestros países son diferentes.

-Frente a esa diferencia de culturas locales en la región, ¿cuál es el denominador común que encontraron para unificar esta organización?

-El centro es que en todos los países se da que el acoso sexual callejero, una forma de violencia de género, y por ello, cada organización local realiza acciones que van hacia su erradicación.

-Dentro de los países de América Latina, ¿qué realidades llaman la atención?

-Por ejemplo, la de Nicaragua. Ahí se va a comenzar a usar una app que servirá para trazar un mapa que identifique lugares donde ocurre el acoso sexual callejero en Managua.

-Frente a esas problemáticas más grandes como el femicidio, la violencia o los derechos reproductivos, ¿el tema del acoso callejero qué rol cumple en esa cadena de prioridades?

-Claro, si lo vemos frente a eso el acoso se ve como algo menor. Pero si vemos países como Guatemala, Nicaragua, Colombia o Costa Rica, por ejemplo, lo principal va por visibilizar estos micro machismos que se dan a diario, para luego abarcar temas más de base. Una vez que la sociedad haya asimilado estos conceptos de violencia contra la mujer, la tarea de erradicar comportamientos cotidianos de violencia de género será más fácil.

BACHELET EN DEUDA

-Michelle Bachelet, tras dos periodos de gobierno está a días de abandonar el poder. ¿Se va con la tarea realizada o en deuda con las mujeres en materia de reivindicación de derechos?

-La tarea quedó al debe en materia de reivindicación de derechos hacia la mujer. Se va sin una ley de respeto de acoso callejero. Claramente, durante 2016-2017 hubo un boom con este tema y se debió haber aprovechado ese instante y darle urgencia a dicho proyecto y eso no ocurrió. Nosotros no esperamos que con la aprobación de una ley cambien de forma inmediata las cosas, pero sí con la aprobación de leyes se comienza a realizar una restitución de derechos que es necesaria.

-Entonces, la tarea de Sebastián Piñera, ¿cuál sería?

-Él debe avanzar en la aprobación de esta ley, sobre todo considerándolas como medidas de seguridad ciudadana. Porque esto no tiene que ver con un pensamiento puramente feminista, sino que te habla de una planificación en la ciudades que deben ser segura para las personas que las habitan.

-¿Existe confianza en el futuro gobierno?

-Yo creo que ese es el mayor problema. No existe confianza en la clase parlamentaria ni la figura que asume la nueva administración. El nuevo mandatario muestra confusiones en torno a este mismo tema; es cosa de ver y escuchar las declaraciones en torno a materias de género o derechos de las mujeres, o a los temas de la diversidad sexual. Por ahora el panorama se ve desalentador, pero esperamos que el nuevo gobierno pueda ir encaminándose en una posición de ir aprendiendo más de estas temáticas.

-El reciente Oscar para la película "Una mujer fantástica", provocó la nueva discusión de otro proyecto dormido como la ley de género y de paso, al parecer, hizo cambiar al nuevo presidente su opinión. ¿Lo ven así?

-Es confusa su posición, pues cambió de opinión en un periodo de tres meses, es decir, de enero a marzo. Entonces, pensamos que deberíamos aprovechar esa confusión e insistir en todos los temas pendientes que hay hoy en Chile con las mujeres.

BUSINESSMAN ACOSADOR

-El acoso sexual callejero esta caricaturizado a las clases vulnerables de América Latina, algo que, al parecer, no ocurriría en el mundo corporativo o de las grandes empresas. ¿Es así?

-Claro, existe ese retrato imaginario que el acosador es el obrero de una construcción, que casi lo hacen porque no se pueden aguantar. Un ejemplo claro es que en Chile antes de pedir una ley de acoso callejero se tuvo que idear una ley de acoso laboral. Un abuso a puertas cerradas que ocurría al interior de las empresas. Acá no tiene que ver con un tema de grados de educación o títulos universitarios; tiene que ver con el cómo te educan para ser hombre o para ser mujer.

-Según sus mediciones ese acoso sexual corporativo, ¿en que país se evidencia más?

-Por ejemplo, nosotras trabajamos con el OCAC en Argentina. Ahí los testimonios son muchos, destacando que no son los obreros los que realizan este acoso, ya que en la mayoría de ellos son inmigrantes tratando de cuidar su lugar de trabajo. El acoso callejero real en Buenos Aires viene desde los ejecutivos de empresas, los trabajadores bancarios. El testimonio de muchas denuncias en la capital trasandina va en contra de ejecutivos que insultan en grupo mientras fuman o se toman un café en la calle. Es muy distinto que te digan oye, te encuentro interesante y quiero salir contigo, y otra que te griten te voy a romper el orto. El acoso callejero sexual no es ajeno al mundo corporativo en Latinoamérica.