Bogotá. La negociación de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC es la apuesta más riesgosa del presidente Juan Manuel Santos para su eventual reelección en el 2014, pero toda sus aspiraciones podrían quedar en ruinas si el diálogo, que se dará sin un cese al fuego, dispara la violencia y hace colapsar el proceso.

Las partes se verán cara a cara el 8 de octubre en Oslo y dicen llegar optimistas ante la oportunidad para poner fin al conflicto interno de casi cinco décadas, el más prolongado y cruento del hemisferio, que ha cobrado miles de vidas.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) anunciaron el jueves en Cuba que el cese bilateral del fuego será uno de los primeros temas que llevarán a la mesa de diálogo.

Pero horas después Santos descartó aceptar esa demanda y en cambio ordenó a los militares intensificar la ofensiva contra el grupo rebelde, lo que hizo fruncir el ceño de analistas y observadores.

El mandatario también pidió a los colombianos paciencia y fortaleza ante un eventual aumento de la violencia de la guerrilla, una declaración que desentonaba en medio de un nuevo intento por pacificar el país.

Y en una demostración de que pese a las gestiones de paz la ofensiva militar que ha debilitado a las FARC no se detendrá, un bombardeo en una zona selvática del noreste del país acabó con la vida de alias "Danilo García", considerado la mano derecha del máximo jefe del grupo rebelde Rodrigo Londoño, "Timochenko".

La búsqueda de paz con las FARC, consideradas como una organización terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea, fue un tema decisivo para la victoria electoral en 1998 de Andrés Pastrana, quien se comprometió a negociarla.

Analistas advirtieron que la posición de Santos lo expone a perder todo lo que ha ganado hasta ahora, como el apoyo recibido de la mayoría de la opinión pública y desde el exterior.

"El hecho de negociar en medio del conflicto le va a traer muchos inconvenientes a las negociaciones en el futuro próximo porque la guerrilla va, muy seguramente como en anteriores ocasiones, a escalar el número de atentados terroristas para presionar al gobierno", alertó el analista Alfredo Rangel.

Santos, un economista de 61 años educado en Estados Unidos e Inglaterra, siempre había exigido a la guerrilla suspender los ataques, liberar a los secuestrados, abandonar el narcotráfico y parar el reclutamiento de menores, pero a última hora sorprendió y aceptó negociar sin un cese del fuego de las FARC.

Una sorpresa mayor fue cuando Mauricio Jaramillo, uno de los miembros del secretariado de las FARC, anunció el jueves en La Habana, en la primera conferencia de prensa del grupo en una década, que pondrían el cese al fuego como uno de los primeros puntos sobre la mesa e incluso enfatizó que van a "pelearlo".

Negociación en medio de la guerra. Las nuevas gestiones de paz se producen en medio de un aumento de los ataques de la guerrilla contra las Fuerzas Militares, la población civil y la infraestructura petrolera, minera y energética del país de 46 millones de habitantes.

El analista político y profesor de la Universidad del Rosario Vicente Torrijos cuestionó a Santos por iniciar el diálogo sin que las FARC dejen de cometer atentados, pese a que había dicho que buscaría no repetir los errores del pasado.

"Van a incrementar las acciones terroristas con el fin de ser cada vez más fuertes en la mesa de negociación y así doblegar la voluntad negociadora del Estado", afirmó Torrijos.

Reiteró además que con este diálogo el grupo rebelde ganará legitimidad política que le permitirá limpiar su imagen vinculada con el crimen y el narcotráfico.

Santos sufrió a finales de junio una fuerte caída de 16 puntos porcentuales en su popularidad hasta un 48 por ciento, el nivel más bajo desde que asumió en agosto del 2010, entre otros factores por al aumento de la percepción de inseguridad por los ataques de la guerrilla.

Sin embargo, en la más reciente medición de Invamer Gallup, a finales de agosto, la imagen positiva del presidente subió tres puntos porcentuales a 51 por ciento gracias el anuncio de que iniciará una negociación de paz con las FARC.

"Esta jugada que momentáneamente le podría traer beneficio en las encuestas, en el mediano y el largo plazo se le puede devolver en su contra y precipitar una caída aún mayor (...) y obviamente en contra de sus intereses de reelección", afirmó Rangel.

En cambio, el analista León Valencia, director de la Corporación Nuevo Arco Iris, opinó que pese al riesgo de un aumento de la violencia, la decisión de negociar sin cese al fuego es positiva porque obliga a un rápido acuerdo.

"Si negocian en medio de la guerra el proceso tiene que ser muy corto, no puede ir más allá de un año, el acuerdo final hay que firmarlo antes de un año", explicó Valencia.

Sostuvo que Santos no podía aceptar un cese bilateral del fuego porque era darle "munición" a los críticos de la negociación de paz como el ex presidente Alvaro Uribe.

Diferencias sobre tiempo. Rangel advirtió que el Gobierno de Santos se ha impuesto "un plazo fatal" al pretender lograr un acuerdo en pocos meses y alertó que las FARC utilizarán el proceso para fortalecerse política y militarmente.

"Quien maneja el tiempo en una negociación tiene el sartén por el mango y en este caso el factor tiempo está a favor de la guerrilla y en contra del Gobierno", afirmó.

De hecho, el dirigente de las FARC Ricardo Téllez advirtió que el conflicto no se puede arreglar en dos, tres u ocho meses, a lo que Santos respondió que el proceso no puede ser indefinido y que puede concluir en un plazo de "seis, ocho o nueve meses".

"No puede haber un tiempo fatal", dijo Téllez quien admitió que están dispuestos a agilizar el diálogo si el Gobierno accede a los pedidos de las FARC.

Para la experta en resolución de conflictos Sylvie Mahieu, el cese al fuego debe darse en la parte final del diálogo, cuando ya casi esté acordada una desmovilización.

Declararlo al comienzo de una negociación conlleva el riesgo de una violación por una de las partes, explicó.

Objetivo entre ceja y ceja. Pese a los riesgos que enfrenta el proceso con una pesada agenda que incluye el desarrollo rural, garantías para el ejercicio de la oposición política, el cese del conflicto, el narcotráfico y los derechos de las víctimas- un éxito de la negociación impulsaría a Santos.

De lograr la paz, ocuparía un lugar destacado en la historia de la nación productora de petrolero, minerales y café. Eso lo aprovecharía para ganar la reelección, coinciden los analistas y expertos.

Aunque Santos ha guardado silencio sobre sus aspiraciones para extender su mandato, muchos ya lo dan como un hecho.

La búsqueda de paz con las FARC, consideradas como una organización terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea, fue un tema decisivo para la victoria electoral en 1998 de Andrés Pastrana, quien se comprometió a negociarla.

Luego del fracaso de ese proceso en el 2002, la situación con la guerrilla incidió también en la elección de Uribe, quien lanzó la más fuerte ofensiva militar contra los rebeldes y se convirtió recientemente en el más fuerte crítico de Santos.

Cuando los hombres de las FARC fueron consultados sobre las eventuales aspiraciones de Santos, esquivaron el tema y aseguraron que no son "politiqueros de turno".