Managua.- Nicaragua celebra este jueves el 39 aniversario de la victoria de la Revolución sandinista pero, luego de tres meses de represión a las protestas contra el presidente Daniel Ortega que han dejado casi 300 muertos, cada vez más nicaragüenses comparan al exguerrillero con el brutal dictador al que derrocó en 1979.

En medio de reclamos de la comunidad internacional por supuestas violaciones a los derechos humanos por parte de la fuerza pública y paramilitares, Ortega, un exguerrillero izquierdista de 72 años, enfrenta su peor crisis política desde que asumió su tercer mandato consecutivo en el 2017.

"El pueblo ya no está con Ortega", dijo Arlene Correa, una de las cinco hijas de Francisco Correa, quien fue apresado en la semana acusado de apoyar las protestas contra el mandatario.

"Con las violaciones a los derechos humanos, los asesinatos, (Ortega) se parece cada vez más a Somoza. La gente está abriendo los ojos", agregó en la entrada de la cárcel de El Chipote, uno de los principales centros de tortura de la dictadura de Anastasio Somoza, derrocado en 1979 por los sandinistas.

Las manifestaciones contra el Gobierno comenzaron a mediados de abril como reacción a una reforma al sistema de seguridad social, pero se ampliaron tras la violenta represión.

Un sondeo de la firma CID Gallup cifró la desaprobación de Ortega en un 63% en mayo luego de haber obtenido la reelección a finales de 2016 con el 72% de apoyo.

Suficiente violencia. Desde temprano, miles se agolpaban para llegar a la avenida Bolívar y ubicarse para oír el discurso de Ortega, programado al finalizar la tarde en un estrado ubicado entre el lago Xolotlán y una enorme silueta del revolucionario nicaragüense Augusto Sandino, el líder de la resistencia local contra la invasión estadounidense en la primera mitad del siglo XX.

Con el pendón blanquiazul y banderas rojas y negras del Frente Sandinista de Liberación Nacional -el partido de gobierno- los aliados de Ortega llegaban desde todas partes del pequeño país de 6,2 millones de habitantes.

"Ya estuvo bueno de violencia. Hemos sufrido años de guerras como para querer volver a lo mismo", dijo Alexander Mendoza, un estudiante de derecho, en referencia a los conflictos que libró el país en el siglo XX como la ocupación estadounidense entre 1927 y 1933, el derrocamiento de Somoza en 1979 y la guerra de los Contras, financiada por Estados Unidos entre 1981 y 1989.

Desde el fin de semana y hasta el martes, fuerzas especiales de la policía apoyadas por paramilitares simpatizantes de Ortega retomaron el control de los últimos bastiones de los manifestantes opositores en Managua y Masaya, dejando más de una decena de muertos en fuertes enfrentamientos.

A pesar del golpe, los opositores sostienen que seguirán protestando hasta que Ortega dimita.

Las manifestaciones contra el Gobierno comenzaron a mediados de abril como reacción a una reforma al sistema de seguridad social, pero se ampliaron tras la violenta represión.

Entre las demandas, los opositores reclaman por el control estatal de los medios de comunicación, las sospechas de fraude electoral, la manipulación de la justicia, la corrupción y la intención de Ortega de querer instaurar una "dictadura familiar" de la mano de su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo.