Greymouth. Las banderas ondeaban a media asta y las campanas de las iglesias repicaron en toda Nueva Zelanda este jueves en señal de duelo por el peor desastre minero en el país en casi 70 años.

El gobierno prometió una investigación independiente sobre la tragedia en la que 29 mineros murieron tras una explosión que los dejó atrapados bajo tierra hace casi una semana en la mina de carbón Pike River, en la montañosa costa occidental de la Isla Sur.

"El país está unido en su profunda pena y esperanzado en que dará algo de consuelo a las familias de aquellos que han muerto", dijo a Radio New Zealand el primer ministro, John Key, y agregó que una investigación independiente se efectuará junto a las de la policía, el departamento de Trabajo y Pike River Coal.

"Necesitamos respuestas sobre lo que sucedió en Pike River. Se lo debemos a esas familias", declaró Key.

El equipo de rugby de Nueva Zelanda, los All Blacks, dijo que usará una cinta blanca en el brazo como señal de respeto cuando juegue contra Gales en un test match en Cardiff este sábado.

Los 29 mineros quedaron atrapados en el túnel principal de la mina, de 2,3 kilómetros, este viernes pasado a la noche, cuando el gas metano produjo una gran explosión en la montaña. Dos mineros que trabajaban alejados del lugar de la explosión pudieron escapar de la mina.

Este miércoles, los rescatistas estaban preparándose para entrar a la mina y revisaban los niveles mortales de gas que les habían impedido ingresar antes, cuando una segunda explosión ocurrió.

El primer ministro dijo que una reunión este jueves con los familiares de los muertos tuvo "muchísimo dolor pero nada de enojo", y señaló que la principal prioridad era recuperar los cuerpos de los hombres.

Ejecutivos de la mina dijeron que los gases tóxicos que impidieron que los equipos de rescate ingresaran a la mina podrían demorar la recuperación de los cuerpos posiblemente semanas o meses.

"Nos hemos comprometido con las familias a que traeremos a sus muchachos", dijo este jueves el jefe de la mina, Peter Whittall, en una conferencia de prensa.

Whittall dijo que las familias no quieren sellar la mina, convirtiéndola en una tumba para sus esposos e hijos.

Los dueños de la mina declararon que aún no han tomado una decisión acerca de si la mina volverá a operar, y en caso afirmativo cuándo ocurrirá.

El padre de uno de los mineros muertos, que expresó sus críticas acerca de cómo se llevó a cabo el proceso de rescate, dijo que no descansará hasta tener respuestas.

"Me aseguraré de eso (...) no importa cuánto tiempo lleve. Llegaré a la verdad", dijo Laurie Drew, padre del minero Zen, de 21 años.

Algunos familiares creen que los rescatistas podrían haber ingresado a la mina tras la explosión inicial, pues los gases tóxicos habrían sido consumidos por la misma.