Washington. El presidente Barack Obama viajará a América Latina esta semana para intentar recuperar el liderazgo económico en una región en la que ahora enfrenta un renovado protagonismo de China.

En su primer viaje al sur del continente en casi dos años, Obama visitará países donde muchos cuestionan que un mandatario preocupado por las revueltas en Oriente Medio, la crisis nuclear en Japón y los problemas internos en su país tenga algo que ofrecer a un continente que se siente cada vez más independiente.

La gira, que se llevará a cabo entre el 19 y el 23 de marzo, incluirá paradas en Brasil, la potencia sudamericana, Chile, un exitoso ejemplo de economía de libre mercado, y el pequeño estado centroamericano de El Salvador.

Desafío para Obama. El desafió de Obama será convencer a los latinoamericanos, que siempre han resentido la noción de que sus países son "patios traseros" de Estados Unidos, sobre su compromiso en priorizar el comercio y la inversión, frente a una enérgica iniciativa de China por pisar fuerte en la región.

La Casa Blanca defiende a América Latina como un mercado fértil para aumentar las exportaciones, que Obama considera como el camino indicador para crear empleo, un aspecto crucial para sus chances de disputar la reelección en el 2012.

La gira también tiene importantes implicancias políticas para su país. La Casa Blanca defiende a América Latina como un mercado fértil para aumentar las exportaciones, que Obama considera como el camino indicador para crear empleo, un aspecto crucial para sus chances de disputar la reelección en el 2012.

Pero América Latina, apuntalada por un crecimiento que supera al de Estados Unidos, no sólo se está diversificando económicamente, sino que está demostrando que ya no está dispuesta a seguir las directivas de Washington.

"No podemos ignorar al Hemisferio Occidental ni darlo por sentado, debido a que otras personas se están moviendo rápida y efectivamente", dijo Eric Farnsworth, vicepresidente del Consejo de las Américas.

Expectativas no cumplidas. Obama creó expectativas en la Cumbre de las Américas en Trinidad en el 2009 cuando prometió una "sociedad equitativa" con América Latina, basada en el respeto mutuo y los valores compartidos.

Su mensaje fue considerado como un cambio de tono en una relación que a menudo estuvo caracterizada por el abuso del poderío militar y económico estadounidense durante gran parte del siglo XX y evolucionó en una política de olvido cuando muchos países atravesaron transiciones democráticas luego de gobiernos militares.

Aunque la imagen de Washington ha mejorado en comparación con la era del presidente George W. Bush y Obama sigue siendo personalmente popular, los avances diplomáticos no se han materializado, al igual que las esperanzas de un significativo alivio del embargo estadounidense sobre Cuba o de una reforma de las leyes inmigratorias.

También ha habido frustración por el fracaso de Obama a la hora de convencer al Congreso de que apruebe los estancados pactos comerciales con Colombia y Panamá y por lo que se ha percibido como una confusa respuesta al golpe de Estado en Honduras en el 2009.

Preocupado por las crisis en el extranjero, las batallas por el presupuesto en el Congreso y su propio deseo de obtener la reelección, América Latina parece haber perdido importancia en la agenda de Obama.

Sin embargo, la Casa Blanca insiste en que ha estado "profundamente comprometido", organizando regularmente reuniones con los líderes de la región en cumbres mundiales.

"Los otros países quieren ver a Estados Unidos involucrado en asuntos económicos internacionales y demostrando liderazgo", dijo el vice asesor de seguridad nacional de Obama, Mike Froman, a periodistas antes del viaje. "Creo que el presidente ha hecho eso", agregó.

Los funcionarios estadounidenses esperan que la gira de Obama -la más extensa por la región desde que asumió- transmita tranquilidad a sus vecinos y consolide las relaciones.

Nueva realidad. Si bien la visita estará edulcorada con acuerdos comerciales y pactos complementarios, el resultado será más simbólico que sustancial.

También pondrá de relieve que la era en que Estados Unidos tenía una opinión irrefutable en materia económica está terminada.

China e India están incursionando en la región. La demanda de materias primas en sus países está ayudando a impulsar el crecimiento latinoamericano, que en el pasado estaba muy rezagado al de Estados Unidos.

El reconocimiento de esta tendencia se refleja en la elección de Brasil, la principal economía de la región y una emergente potencia mundial, como la primera parada de Obama.

Según funcionarios estadounidenses, el mandatario quiere aprovechar el viaje para reparar las relaciones desde que la presidenta Dilma Rousseff asumió en enero, dejando atrás las tensiones surgidas durante los mandatos del ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva, entre otras cosas, por su apertura hacia Irán.

Rousseff, una política de izquierda pragmática, se ha mostrado más inclinada hacia Washington que hacia líderes anti-estadounidenses como el venezolano Hugo Chávez, pero de todas maneras se prevé que demandará resultados a Obama.

Luego de que China superó a Estados Unidos como principal socio comercial de Brasil, el Gobierno de Obama está decidido a usar su visita para apuntalar los intereses del país norteamericano.

"Este viaje se trata fundamentalmente de la recuperación y las exportaciones de Estados Unidos y de la crítica relación que tiene América Latina en nuestro futuro económico y en (la creación de) empleo", dijo Froman.

Pero dejó en claro que China será un tema de discusión entre Obama y Rousseff, sobre todo por las preocupaciones de ambos gobiernos ante lo que consideran como la subvaloración del yuan.

La visita a Chile exaltará el modelo de reforma de mercado y estabilidad apoyado por Estados Unidos desde que el país sudamericano emergió de la dictadura militar que vivió en la década de 1980. Obama usará Santiago como el escenario de un discurso sobre política para América Latina.

Como contrapunto político de Chile, donde gobierna la centroderecha, Obama viajará a El Salvador. Su Gobierno recientemente electo, liderado por un ex movimiento rebelde de izquierda al que Washington se opuso durante la guerra civil salvadoreña, busca mejorar sus relaciones con Estados Unidos.

El itinerario de Obama transmite el mensaje de que quiere evitar ver a la región a través del prisma ideológico que prevaleció durante el Gobierno de su antecesor Bush.

Pero aunque la visita a El Salvador se centrará también en los problemas generados por la pobreza y la propagación de la guerra de México contra el narcotráfico, hay pocas expectativas de un nuevo compromiso de asistencia debido a las dificultades económicas de Estados Unidos.

En algunos países excluidos de la gira podrían surgir rencores. Por ejemplo, algunos medios argentinos describieron la elección de Obama de visitar a dos vecinos pro-mercado como un desaire a la presidenta Cristina Fernández y sus políticas económicas intervencionistas.