Fort Bragg, EE.UU. El presidente Barack Obama dio la bienvenida este miércoles a algunos de los últimos militares que regresan de Irak, en un final simbólico a casi nueve años de guerra que ha tensado la capacidad de las fuerzas armadas estadounidenses y dañado posición internacional.

En un discurso ante los soldados en la base de Fort Bragg, Carolina del Norte, Obama dijo que quería conmemorar "un momento histórico en la vida de nuestro país y de nuestros militares".

"Es más difícil terminar una guerra que comenzarla", señaló.

"En nombre de una nación agradecida, estoy orgulloso de decir finalmente estas tres palabras: bienvenidos a casa, bienvenidos a casa, bienvenidos a casa", agregó en el hangar donde se congregaron unos 3.000 soldados que estallaron inmediatamente en vítores.

La guerra ha costado la vida de 4.500 soldados estadounidenses y al menos 60.000 iraquíes. Obama dijo el martes que el costo económico ha sido superior a un billón de dólares.

En la actualidad quedan unos 5.500 soldados estadounidenses en Irak, frente a los más de 170.000 del momento de máxima presencia.

Las primeras reacciones en Irak fueron de júbilo. En Faluya, una de las ciudades más afectadas por la guerra, unas 3.000 personas salieron a celebrar, quemando banderas estadounidenses, mostrando pancartas como "Faluya: ciudad de la resistencia" y fotografías de vecinos muertos durante la ocupación.

"La celebración supone un día histórico para la ciudad de Faluya y deberíamos recordar a los mártires que sacrificaron su sangre por el bien de la ciudad," dijo a la multitud Dabi al Arsan, vicegobernador de la provincia de Anbar.

Críticas. Mitt Romney, uno de los principales aspirantes a lograr la candidatura republicana para los comicios 2012, dijo en una carta abierta a Obama publicada este miércoles, que las "palabras de bienvenida a nuestros soldados que regresan no son suficientes".

El precandidato calificó de "afrenta" que el desempleo entre los veteranos de la guerra de Irak esté por encima del 11%, varios puntos superior a la media nacional.

Terminar con la presencia de los soldados estadounidenses en Irak fue una de las promesas que ayudaron a Obama a ganar las elecciones de 2008 y va a permitir a la Casa Blanca centrarse más en la situación en Afganistán y los problemas económicos internos, como el desempleo.

Pero se ha encendido el debate sobre la estrategia de salida. Los detractores acusan a Obama de acabar la guerra demasiado apresuradamente para beneficiar su campaña por la reelección, y advierten de que la retirada podría envalentonar a una insurgencia aún activa, así como al vecino Irán.

Obama debe su presidencia en parte a su oposición a la guerra de Irak, que fue tremendamente impopular durante los dos mandatos del presidente George W. Bush, cuyas afirmaciones de que el líder iraquí Sasdam Hussein ocultaba armas de destrucción masiva y apoyaba a Al Qaeda resultaron ser falsas.

Ya en el poder, Obama actuó rápidamente para disminuir la presencia militar en lo que sus asesores llamaron "la guerra de Bush" y centrarse más en Afganistán y su vecino Pakistán, que ha calificado del terreno de batalla olvidado en la guerra contra Al Qaeda.

Los comentaristas han calificado este conflicto a su vez de "la guerra de Obama" y creen que su presidencia será juzgada más por lo que ocurra en este país que por lo sucedido en Irak.