Río de Janeiro. El presidente Barack Obama presionó en favor del avión de combate F-18 de Boeing en una reunión con su par brasileña, Dilma Rousseff, pero ella no dio indicios de que su gobierno hubiera decidido comprar la nave estadounidense, dijo el domingo la Casa Blanca.

"El tema del F-18 surgió. La presidenta Rousseff lo mencionó", dijo el asesor de la Casa Blanca Dan Restrepo a periodistas en Río de Janeiro, en referencia a la reunión bilateral de los líderes en Brasilia el sábado, cuando Obama inició su gira de cinco días por América Latina.

Brasil está considerando una multimillonaria apuesta para modernizar su fuerza aérea y Obama ha convertido la promoción de las exportaciones para aumentar los empleos estadounidenses en una parte central de su visita a Brasil, Chile y El Salvador.

"El presidente Obama destacó que el F-18 es el mejor avión en oferta (...) en el que el paquete de transferencia de tecnología (...) es equivalente a los planes ofrecidos a socios y aliados en todo el mundo", indicó Restrepo, el mayor asesor de Obama en asuntos de América Latina.

Un factor en la decisión de Brasil será la disposición de Washington a autorizar transferencias de propiedad de tecnología, lo que podría ayudar al gigante sudamericano a desarrollar su propia industria de defensa.

Se considera que la principal competencia del F-18 proviene de las naves de combate Rafale de Dassault Aviation, que habían sido favorecidas por el predecesor de Rousseff, Luiz Inácio Lula Da Silva.

Saad también entró en la competencia y dijo el mes pasado que espera que Brasil tome una decisión durante el 2011.

El contrato brasileño posiblemente tendrá un valor mucho más alto que las ofertas iniciales, que han sido reportadas por la prensa local en un rango de entre US$4.000 y US$6.000 millones. Los contratos de mantenimiento serán lucrativos y eventualmente Brasil podría comprar más de 100 naves.

La sorpresiva decisión de Rousseff en enero de restaurar el proceso de propuestas para la licitación fue una de las primeras señales de un cambio a favor de Estados Unidos en su administración.

Durante su visita, Obama espera capitalizar la mejora en los lazos entre Brasil y Estados Unidos luego de unas relaciones a veces tensas durante el gobierno de Lula.