Washington. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, acusó el sábado a los republicanos de propagar información errónea sobre una ley demócrata que busca aumentar la regulación a las prácticas de firmas de Wall Street.

Tras lograr la aprobación de su reforma de salud en el Congreso, Obama está presionando ahora por una victoria legislativa para su ley de regulación financiera, un tema popular entre los votantes de cara a las elecciones de noviembre.

Se espera que dentro de unas semanas el Senado someta a votación la ley, que según dijo Obama en su discurso semanal por radio e internet "responsabilizaría a Wall Street" e instalaría reglas para asegurarse de que los contribuyentes no deban rescatar de nuevo compañías en problemas financieros.

"Nunca más los contribuyentes se verán en apuros porque una compañía financiera está en problemas", dijo Obama.

Bajo el controvertido Programa de Alivio para Activos en Problemas (TARP, por sus siglas en inglés) lanzado durante el gobierno de ex mandatario George W. Bush, se estableció un fondo de US$700.000 millones para ayudar a bancos y firmas del sector automotriz.

Sin embargo, los republicanos insisten en que el proyecto de ley llevará a más rescates públicos y señalan que establece nuevas autoridades regulatorias que afectarán a las pequeñas empresas y bancos comunitarios.

Obama dijo que esperaba obtener el apoyo republicano para el proyecto, pero criticó al líder republicano del Senado, Mitch McConnell, acusándolo de hacer una "afirmación cínica y engañosa de que la reforma de alguna manera permitiría nuevos salvatajes, cuando él sabe que haría justo lo contrario".

El presidente también acusó a los republicanos de propagar información errónea durante su agitada campaña de un año a favor de su reforma al sistema de salud.

Los 41 republicanos en el Senado expresaron el viernes en una carta su oposición a la reforma financiera impulsada por el gobierno, pero señalaron que aún están dispuestos a trabajar con los demócratas sobre el tema.

Sondeos de opinión muestran que los banqueros son profundamente impopulares entre los votantes estadounidenses, después de que la crisis financiera arrojara a la economía a una severa recesión, dejando a cientos de miles sin empleo.