Los Angeles. El presidente estadounidense, Barack Obama, reforzó sus arcas electorales en una gira de eventos para recaudar fondos en la Costa Oeste que concluyó este lunes y demostró que su debilidad en las encuestas no ha mellado su capacidad para conseguir donaciones.

Pese al complejo momento económico, sus partidarios pagaron por asistir a eventos desde Seattle a San Diego que habrían reunido unos US$5 millones en dos días, desembolsando hasta el máximo legal de US$35.800 para escuchar hablar a Obama.

"De lo que se trata esta elección es que todos tienen una cuota equitativa", dijo el presidente a una multitud de más de 800 personas en la House of Blues de Los Angeles luego de una presentación del rapero B.o.B.

Las cifras de aprobación de Obama declinaron durante el verano boreal al aumentar la preocupación de que Estados Unidos se encaminaba a una segunda recesión, pero eso no impidió que el mandatario viera fuertes contribuciones para su campaña.

Su equipo de campaña también dijo que se acerca a contar con un millón de donantes, recordando la considerable campaña de ciudadanos comunes que lo ayudó a llegar a la Casa Blanca en el 2008.

Los eventos de la gira han estado repletos de invitados que aplaudieron con entusiasmo ante sus críticas a los republicanos y frente a su llamado para que el Congreso apruebe una iniciativa de creación de empleos de US$447.000 millones.

En una escala en Silicon Valley, Obama se refirió directamente al gobernador de Texas, Rick Perry, apuntando por primera vez contra uno de los favoritos para obtener la nominación del Partido Republicano para enfrentarlo el próximo año.

En Seattle, criticó a sus oponentes políticos por amenazar con una paralización del Gobierno respecto a un fondo de asistencia para miles de estadounidenses víctimas de recientes desastres.

El lunes en la noche, Obama habló ante un grupo de celebridades de Hollywood, incluyendo el actor Danny DeVito -quien sacó fotografías del presidente desde su asiento-, el productor y director Judd Apatow y la actriz Eva Longoria.

El tono más duro en la retórica del mandatario demócrata refleja un esfuerzo deliberado por rechazar las críticas desde su propia base de que ha sido demasiado conciliador y que no se ha opuesto con la suficiente fuerza a sus oponentes republicanos para proteger los valores de su partido.