La Corte Suprema de Justicia de EEUU, que avaló el jueves la reforma sanitaria impulsada por Barack Obama apenas llegó a la Casa Blanca, despertó una furiosa carrera entre demócratas y republicanos para saber qué candidato puede sacarle rédito a sólo cuatro meses de las elecciones presidenciales.

Porque lo que en una primera lectura se entiende como un triunfo para el actual mandatario, ya que fue -sin dudas- su "medida estrella" en la que jugó buena parte de su capital político, puede transformarse en una victoria pírrica si su contrincante Mitt Romney logra capitalizar lo que indican las encuestas.

Un sondeo del diario The New York Times y la cadena CBS reveló que el 44% de los demócratas rechaza la reforma en cuestión, cifra que se eleva al 52% entre el segmento de los votantes que se dicen independientes y al 80% entre los republicanos.

Otra encuesta, en este caso de Gallup, revela opiniones más parejas, aunque no menos preocupantes para Obama: un 46% está de acuerdo y otro 46% en desacuerdo, con un 79% de apoyo entre los demócratas y un 83% de rechazo entre los republicanos. De los independientes, el 45% la apoya y un 42% no.

Sociedad particular la estadounidense: existen 32 millones de personas sin cobertura médica, esta Ley de Salud Asequible (ACA) obligará a todos a adquirir un seguro sanitario para 2014 y, sin embargo, casi la mitad de la población la rechaza.

Un rechazo impensado, por ejemplo, en la Argentina -donde el sistema de obras sociales y hospitales públicos gratuitos cumplen una función de atención solidaria- que sin embargo es justificado por los estadounidenses bajo una premisa básica de mercado: es una ley "intrusiva" y un "impuesto encubierto".

Para el diario The Washington Post, se trata de "la legislación social más importante del último medio siglo" que "asegurará a Obama un legado político".

Y no es para menos: la última reforma al inequitativo sistema de salud había tenido lugar en 1965, bajo la presidencia de Lyndon Johnson.

Con esta reforma, a la que Obama calificó como una "victoria para el pueblo estadounidense", el 95% de la población tendrá cobertura sanitaria. En la actualidad, casi el 16% está al descubierto y el tener que vender hasta sus casas para afrontar un trastorno de salud, se volvió noticia tristemente repetida.

Más aún, hasta el momento los trabajadores reciben una cobertura por parte de sus empleadores, beneficio que pierden al quedar desocupados.

Con la reforma se crea un fondo del que el Estado ayudará al desempleado para comprar un seguro de salud. El dato no es menor con casi 50.000 muertos al año por carencia del mismo.

Sin embargo, estos datos, que deberían leerse como una bandera para que Obama enarbole alto en el tramo final de su campaña, puede transformarse en un búmeran si el discurso de los ultras del Tea Party y los conservadores republicanos cala tan hondo como aparenta hoy.

Romney no perdió tiempo, y una vez conocido el fallo del máximo tribunal, afirmó que en los comicios habrá que "reemplazar al presidente Obama" "si queremos librarnos del `Obamacare`", la forma despectiva en se refieren a la reforma, combinando el apellido del mandatario y el de la ley sanitaria (healthcare law).

Y prometió enfáticamente que si llega a la Casa Blanca derogará la normativa. "Mi misión es asegurarme de que haremos exactamente eso", afirmó.

El alerta en el bunker demócrata debe haber escalado al máximo nivel al conocerse que pocas horas después de sus declaraciones, Romney recibió un aporte para su campaña de más de US$2 millones de parte de unas 20.000 personas, según informó el Diario Político.

Paralelamente, un frente de gobernadores republicanos encabezados por Chris Christie (Nueva Jersey), Haley Nikki (Carolina del Sur), Bobby Jindal (Louisiana), Bob McDonnell (Virginia) y Rick Perry (Texas), advirtieron que resistirán la aplicación de la reforma en sus estados.

Increíble también desde otro aspecto que seguramente Obama buscará utilizar en su favor: cuando Romney fue gobernador de Massachusetts, aprobó una legislación de Salud similar a la que ahora rechaza.

Como sea, el tema de la reforma sanitaria -como así también la decisión de la Corte en favor de Obama sobre un aspecto de la controvertida ley migratoria "SB1070" de Arizona, muy sensible para el voto hispano- jugarán fuerte en la carrera hacia la Casa Blanca.

Y si bien la economía, crisis financiera y desempleo mediante, estarán en el centro del debate, estos fallos del máximo tribunal también ocuparán un lugar más importante del que se esperaba en las campañas de Obama y Romney.

No vaya a ser que el "regalo jurídico", que tanto festejó el presidente, se transforme en un caballo de Troya que en lugar de soldados griegos esté lleno de boletas que vuelquen la elección hacia el campo republicano.