La región centroamericana enfrenta un severo desafío en materia económica y social derivado de una cada vez más débil institucionalidad. De no atender esa situación existe el riesgo de que los estados se degraden y caigan irremediablemente en la categoría de “estados fallidos”.

Así lo advirtió la institución costarricense, Programa Estado de la Nación (PEN), que este martes presentó en San Salvador el IV Informe Estado de la Región en Desarrollo Humano Sostenible.

Según el PEN, la violencia y las tasas de homicidio en algunas ciudades del istmo, así como la actividad de grupos criminales se suma a la, por lo general, baja presencia de los gobiernos, que con pocos recursos o exceso de burocracia, tienen problemas para atender las necesidades básicas de comunidades o regiones completas.

“Si las cosas siguen así tendremos en Centroamérica ‘estados degradados’ que no pueden cumplir con los servicios a la población. Es un paso previo a los ‘estados fallidos’ como algunos casos africanos”, describe Miguel Gutiérrez Saxe, director del organismo.

“La amenaza de ‘estado fallido’ no es ficticia”, dice Evelyn Villarreal, coordinadora del informe, quien recuerda que el índice de “estados fallidos” de Foreign Policy –recogido también por el referido estudio– genera alertas para Guatemala, Honduras y Nicaragua, donde la percepción es de 80.1, 78.3 y 81.2, respectivamente.

El impacto de la violencia. Como lo han expresado otros informes como el del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Índice de Competitividad elaborado por el Foro Económico Mundial, la inseguridad es un tema que genera cada vez mayor zozobra en la región.

Aunque con matices entre países, la tasa promedio de homicidios del istmo alcanza ya el 43.4 por cada 100.000 habitantes.

“Lo que se puede analizar es un incremento país por país”, dice Gutiérrez Saxe, que aún así ve problemas en algunas de las cifras brindadas por las autoridades.

“Hay una crítica porque puede haber casos no reportados”, dice el analista que advierte grandes riesgos en algunos países donde ya se están alcanzando tasas cercanas a los 80 asesinatos por cada 100.000 habitantes.

Para poner en perspectiva, “en términos de epidemia, es la más grave. Para la Organización Panamericana de la Salud (OPS), un nivel de muertes por encima de 12 por cada 100.000 personas es un problema de salud pública”, dicen los analistas.

Alberto Mora, coordinador del estudio, dice que si bien hay una alerta general, el problema se agudiza en el Triángulo Norte de Centroamérica. En esta subregión, si se analizan y subdividen los homicidios por sexo y por rango de edad, las cifras arrojan un resultado preocupante para los hombres en edad productiva, para quienes hay una alta incidencia de la mortalidad por causas violentas.

A pesar de esos problemas tan apremiantes, Gutiérrez Saxe reconoce que en el campo económico, el istmo ha logrado estabilizarse en una época de grandes desafíos en los que, por ejemplo, la última crisis global no arrastró por completo a las economías como ocurrió en las décadas de los ochenta y de los noventa.

“Todavía tenemos incertidumbre, pero hubo capacidad de Estado y de los hogares para enfrentarla”, dice el analista que destaca de sobremanera que hubo algunos logros económicos “en una época cargada de vulnerabilidades”.

Sin embargo, el director de la institución es consciente que este buen manejo de la crisis ha sacado a flote otro problema: la debilidad fiscal. Un fenómeno no menos grave puesto que en algunos casos, los bajos ingresos se traducen en deficiencias en las coberturas de temas cruciales como la seguridad y los programas sanitarios o sociales.

El Informe Estado de la Región en Desarrollo Humano Sostenible será presentado esta semana en otras capitales del istmo. El informe incluye análisis de varios renglones importantes, entre los que destacan, educación, acceso a servicios, gasto social, crecimiento de la población, exclusión y fortaleza de las instituciones de integración.

“Para países tan pequeños como los nuestros, entender la realidad del vecindario en que se encuentran y el contexto más allá de la región es importante”, destaca Mora.

El informe, es el cuarto elaborado por el PEN y según los investigadores busca dar herramientas para economías pequeñas y abiertas y para enfrentar los retos de un mundo globalizado. “Necesitamos reconocer en ese entorno lo que nos impulsa o limita. Estos países están cada vez más expuestos a fenómenos transnacionales como la violencia, el narco, el cambio climático y la gestión del medio ambiente”, puntualiza el coordinador del estudio.