Ciudad de Guatemala. El presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, renunció a su cargo y declaraba este jueves ante la justicia por acusaciones de corrupción que hundieron al país en una severa crisis política en la antesala de las elecciones generales.

El Congreso aceptó este jueves su dimisión. Cientos de guatemaltecos festejaban en las calles mientras el militar retirado estaba en una audiencia preliminar ante un juez.

De traje gris y claramente inquieto, el ex mandatario tomaba nota de las escuchas telefónicas que la Fiscalía esgrime como pruebas de su presunto vínculo con La Línea, una mafia que cobraba sobornos por importar mercancías defraudando al fisco.

Ahora la justicia debe decidir si lo imputa por los cargos de asociación ilícita, cohecho pasivo y defraudación aduanera y, en su caso, si esperará el juicio en prisión como su ex vicepresidenta Roxana Baldetti, procesada en el mismo caso.

"Este es el momento más difícil y más duro que me ha tocador vivir en 64 años", dijo a una radio local. "Pude salir del país, pude pedir asilo político, pero escogí el camino que debe escoger cualquier hombre que quiere construir un país y que quiere responder a la justicia".

El militar retirado firmó su carta de renuncia hacia las 19.00 hora local miércoles (0100 GMT del jueves) y la envió al cuerpo legislativo a medianoche tras semanas de tensión.

Aunque el ex mandatario ha negado todos los cargos y se resistía a dimitir a la luz de la investigación liderada por los fiscales y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), respaldada por la ONU y Estados Unidos, las presiones para que renunciara recrudecieron en la sociedad.

"Les pido paciencia. Por eso me he sometido a los procesos, para que Guatemala pueda seguir adelante y para que no haya violencia, ni derramamiento de sangre", agregó, antes de llegar a tribunales bajo una fuerte escolta policial y sin esposas.

Cientos de guatemaltecos se lanzaron a las calles para celebrar cantando y agitando banderas la partida de Pérez Molina, que sacudió la escena política poco antes de las elecciones presidenciales del domingo.

"Se logró un objetivo que se había planteado que por fin hay justicia para el pueblo y que van a ser juzgados los corruptos", dijo Jorge Delgado, un estudiante de 18 años que manifestaba cerca de Casa Presidencial. "Es una alegría difícil de describir. El fin de todo esto es el bien del pueblo".

Ahora las riendas del país pasaron a manos del vicepresidente, Alejandro Maldonado, que fue juramentado para completar el periodo de cuatro años que termina en enero.

El gobierno de Estados Unidos dijo que respeta la decisión de Pérez Molina, elogió el funcionamiento institucional del país y se mostró dispuesto a trabajar con Maldonado.

Conciencia tranquila. Pérez Molina, que había llegado al poder prometiendo "mano dura" contra el crimen, quedó totalmente aislado en las últimas semanas tras la renuncia de gran parte de su Gobierno y en medio de manifestaciones multitudinarias exigiendo su salida.

El militar retirado firmó su carta de renuncia hacia las 19.00 hora local miércoles (0100 GMT del jueves) y la envió al cuerpo legislativo a medianoche tras semanas de tensión.

"Teniendo en cuenta por sobre todo el interés del Estado, me corresponde continuar con el debido proceso y por lo tanto presentarme ante la justicia y dirimir mi situación personal, con la convicción de hacer lo correcto, me dirijo a usted y al honorable Congreso de la República para presentar mi renuncia", dice la misiva dirigida al presidente del Congreso.

"Con los principios y valores en los cuáles me he formado enfrentaré con la conciencia tranquila, los procesos que corresponda", agrega la misiva del ex presidente, que tuvo altos cargos militares durante la guerra civil (1960-1996) y se lo ha vinculado a masacres cometidas por el Ejército contra indígenas.

La Fiscalía, que ya había logrado el arresto de importantes funcionarios como el jefe del Banco Central, acusó formalmente a Pérez Molina tras analizar más de 89.000 escuchas telefónicas, miles de correos y documentación obtenida en 17 allanamientos.

La crisis política en el país centroamericano desató la furia de la sociedad, desde ciudadanos hasta empresarios y eclesiásticos.

Esta turbulencia dejó en segundo plano la campaña para las reñidas elecciones del domingo. El empresario opositor Manuel Baldizón y el presentador de televisión Jimmy Morales llegan como favoritos para los comicios pero sin los votos suficientes para eludir una segunda vuelta el 25 de octubre, según sondeos.